Pluma invitada

Lo que el Triángulo Norte necesita ahora

Pablo Rodas Martini  @pablorodas

Yo soy liberal, no conservador en el contexto norteamericano; hice campaña intensa por Biden y Harris en Twitter; detesté a Trump desde que se lanzó a la presidencia; por el único republicano que habría votado sería por Abraham Lincoln, pero eso no quiere decir que acepte a pies juntillas lo que emana de la nueva Casa Blanca. Y lo que veo es una administración Biden con la misma cantaleta de décadas, ahora refrita en las nuevas palabras de Juan S. González (la élite depredadora), y negando que el cambio de administración republicana a demócrata influya en el aumento de migrantes hacia EE. UU.

Tenía muchos meses de no ver los mensajes de Twitter de influencers de la izquierda y la derecha en Guatemala, y lo que veo es el mismísimo discurso que había cinco años atrás, diez años atrás, quince, bueno, sopotocientos años atrás, todo alrededor de aumentar o no aumentar los impuestos. Para unos eso nos sacaría del retroceso de siglos, mientras que para otros eso nos haría colapsar económicamente y toda la culpa la tiene la corrupción, que se le atribuye a los candidatos de izquierda como Sandra Torres, pero que la implementan también los de derecha cuando llegan al poder; el caso más sonoro, el de Pérez Molina.

Comencemos por lo más obvio: la migración hacia EE. UU. continuará masivamente con o sin aumentos impositivos, con o sin la mejor reforma social que se pudiera implementar. La migración actual es un fenómeno del ahora, de hoy, de gente que aspira a una mejora económica pronta, de gente reacia a esperar por mejoras que toman décadas y que son milimétricas. No se necesita ser un genio para saber que confrontado Biden contra una marea de migrantes en la frontera de EE. UU. con México será mucho más benevolente que Trump, y que las colas de migrantes irán pasando la frontera, lo que hará que nuevas caravanas arranquen desde Honduras, El Salvador y Guatemala.

Con el impacto brutal que la pandemia ha tenido en el mundo, aumentar impuestos sería un error. Según el Banguat, la economía de Guatemala cayó del 3.8% del PIB en 2019 a -1.5% en 2020. La economía nacional tiene que recuperarse en 2021, pues si eso no ocurre, cualquier reforma tributaria va a recaudar en términos absolutos menos que antes. Y encima hay una gran interrogante: sin avances significativos en vacunación eso no va a ocurrir (algo en lo que EE. UU. podría ayudar sería comprar Covax u otras vacunas para el Triángulo Norte). Paralelo a esto sí procedería un esfuerzo masivo para reducir la corrupción y mejorar la efectividad del gasto público (otro aspecto en el que EE. UU., con el acompañamiento del FMI, Banco Mundial y BID, también podría ayudar).

En 2021 y 2022, por ende, hay que recuperar la economía y aumentar el monto y la calidad del gasto público (lo primero con la reducción de la corrupción). Y desde ya también, pero indicando con claridad que la fecha de aprobación sería en 2023 y con entrada en vigencia en 2024, se procede a elaborar una reforma tributaria que tenga el menor efecto posible en el crecimiento pero que también apunte hacia el 5% más pudiente de la población (los marroquinianos dirán que eso no es posible, pero sí es).

En conclusión, a) EE. UU., prepárese, porque se le ve mucho más aguado en materia migratoria, así que le van a llegar caravanas, y de las largas, b) énfasis al crecimiento económico (la carreta se atascó y hay que empujarla fuerte) y ataque frontal a la corrupción en 2021 y 2022, y c) reforma tributaria anunciada para aprobarse en 2023 y entrar en vigencia en 2024. Eso es lo que el país necesita: una hoja de ruta con reglas del juego clarísimas para, al menos, los próximos cuatro años.