Pluma invitada

Me voy medio chapín, algo chilero. Quizá chispudo y un poco pilas

A punto de cumplir cinco años de estancia en este hermoso y querido país, termino mi misión como Embajador de España, ¡muchas gracias y hasta siempre, querida Guatemala! Ha sido para mí un gran honor y un privilegio representar a España en un período en el cual las relaciones bilaterales han mejorado notablemente gracias al trabajo y dedicación de muchos españoles y guatemaltecos. Debo destacar de modo muy especial las visitas a Guatemala de S.M. el Rey y del Presidente del Gobierno de España en 2018, así como muchas de ministros e importantes personalidades de todos los sectores políticos, económicos y culturales de mi país.

El Presidente electo de Guatemala, Dr. Alejandro Giammattei, visitó España en diciembre de 2019, ocasión en la que se constató la excelente relación bilateral por medio de gratos y afectuosos encuentros y por las ideas y proyectos de interés común que se presentaron para estudio y consideración. Espero que en próximos meses y en 2021, con motivo del II Centenario de la Independencia de Guatemala, se puedan llevar a cabo nuevas muestras de la extraordinaria cooperación y magnífico entendimiento que felizmente existen entre nuestros dos países. Es obligado agradecer muy cordialmente a todos los guatemaltecos el aprecio y amistad que han mostrado a la Embajada, a mi familia y a mí. En la actividad oficial he encontrado siempre apoyo y comprensión en todas las instituciones con las que he tenido el honor de tratar. Merece un lugar destacado el Ministerio de Relaciones Exteriores y todo su personal.

Debo agradecer muy efusivamente a todos los guatemaltecos que en estos años he conocido y que han sido nobles, cariñosos, afables y positivos conmigo, con mi esposa y con la Embajada. He disfrutado de la amistad de ciudadanos de toda condición que siempre me brindaron su simpatía y generosidad. Reconozco a muchas personas que practican a diario la noble tarea de profesar un gran cariño y respeto a España y a Guatemala. También agradezco a los españoles que con su trabajo y amor a Guatemala contribuyen enormemente a que la relación entre nuestros dos países sea siempre fértil y cargada de proyectos interesantes. A ellos, a sus instituciones y empresas les doy las gracias.
Igualmente a todos los miembros de la Embajada, que dan cada día lo mejor de su capacidad para que la extraordinaria relación entre España y Guatemala se traduzca constantemente en hechos palpables y positivos, así como a mis amigos y compañeros de todas las embajadas, organizaciones y misiones acreditadas en Guatemala, que en estos casi cinco años me ayudaron con sus consejos, opiniones o recomendaciones.

Mi esposa y yo hemos recorrido todo el país, no solo los grandes monumentos como Tikal, Quiriguá o la ciudad de Antigua, sino también pueblos, aldeas y ciudades, lagos, ríos y montañas. Desde el Petén hasta Monterrico, desde Lívingston hasta Champerico, de mar a mar, de frontera a frontera.

Guardaré un recuerdo imborrable. Nunca olvidaré las magníficas jornadas de ascensión a algunos de los muchos volcanes. Me hubiera gustado despedirme con una nueva ascensión al coloso Tajumulco, la cumbre más alta de Centroamérica, pero la pandemia no lo ha permitido. Desde aquella cumbre impresionante hubiera dado un gran abrazo simbólico a toda Guatemala. Recuerdo con emoción la exigente ascensión a la cima con amigos guatemaltecos y españoles, tras la cual obtuvimos una recompensa sin par: la belleza de Guatemala en todo su esplendor. Tampoco he conseguido ver un quetzal, pero sé que existe porque esa ave indiana protege a este país y es un paladión, como dice el hermoso himno nacional de Guatemala.

Me voy medio chapín, algo chilero, quizá chispudo y un poco pilas. Cualquier día cuando recuerde a Guatemala un quetzal se posará en mi hombro y me dirá que sigue siendo un país feliz.