Plumas invitadas
Sugerencias para los candidatos a la Presidencia en 2027
Cuando un gobierno concentra sus fuerzas en pocas metas puede asignar recursos suficientes.
A medida que se acerca el proceso electoral del 2027, los ciudadanos comenzaremos a escuchar una interminable lista de promesas, ofertas y compromisos de campaña. Como ha ocurrido en elecciones anteriores, que en la mayoría de los casos terminan olvidados una vez concluidas las elecciones. Muchos candidatos presentarán voluminosos planes de gobierno llenos de buenas intenciones, pero imposibles de ejecutar durante un período presidencial de apenas cuatro años.
Menos promesas significan más posibilidad de cumplimiento.
Quizás ha llegado el momento de cambiar ese enfoque. Los candidatos deberían presentar un plan de gobierno simple, concreto, realista y fácil de recordar. No más de tres o cinco grandes objetivos nacionales. Menos promesas significan más posibilidad de cumplimiento. Los ciudadanos necesitamos resultados no discursos.
La historia nos ofrece una valiosa lección. El Coronel Jacobo Arbenz Guzmán llegó al poder con un plan basado en cinco grandes proyectos nacionales, en resumen: Carretera al Atlántico, un puerto en el Atlántico (Santo Tomás de Castilla), la electrificación del país (Jurún Marinalá), Educación pública y la reforma agraria (Decreto 900).
Las cuatro primeras estaban orientadas a la modernización de la economía nacional y crear condiciones para el desarrollo del país. La reforma agraria, en cambio, provocó una confrontación política e ideológica que terminó, con intervención extranjera y costándole la presidencia. Hay que cuidarse de los asesores.
Más allá de las interpretaciones históricas, hay algo que resulta evidente: cualquier ciudadano podía recordar los cinco puntos de su plan de gobierno.
Hoy Guatemala necesita recuperar esa claridad. Ojalá los candidatos lo comprendan. Ojalá no se crean todólogos y sepan escuchar.
Si queremos que Guatemala crezca aceleradamente durante las próximas décadas, especialmente para generar oportunidades para los jóvenes, el próximo Presidente debería concentrarse en cuatro prioridades fundamentales.
La primera (y principal según yo) es la infraestructura. Sin carreteras modernas, puertos eficientes, aeropuertos competitivos y sistemas de transporte adecuado, ninguna economía puede desarrollarse planamente. La infraestructura genera empleo y crea las condiciones para atraer inversión y aumenta la productividad. Siempre con alianzas público privadas.
La segunda es la Seguridad. Ningún país prospera cuando la delincuencia, las extorsiones y la violencia limitan la actividad económica y afectan la vida cotidiana de las familias. La Seguridad es una condición indispensable para el desarrollo de cualquier país. Basta ver a nuestro vecino El Salvador.
La tercera es la Educación. El mundo actual exige conocimiento, tecnología, innovación e idiomas. En el mundo actual, nos guste o no, la lengua franca es el Inglés. Los jóvenes necesitan una educación que los prepare para competir globalmente y aprovechar las oportunidades de la economía digital. Con énfasis en Inteligencia Artificial (IA).
La cuarta es la Salud Pública. Una población sana estudia mejor y vive mejor. Fortalecer los hospitales, centros de salud y programas preventivos debe de ser una prioridad nacional permanente.
Lo importante es que estos objetivos sean comprendidos por todos y recordados fácilmente. Los jóvenes, que constituyen una parte decisiva del electorado, no buscan documentos de cientos de páginas ni lenguaje alambicado, técnico y pasado de moda. Quieren saber hacia dónde va el país y cuáles son las metas concretas que se pretende alcanzar.
La campaña más efectiva no será la que ofrezca más promesas. Será la que presente cuatro (o cinco) objetivos claros: Infraestructura, Seguridad, Educación y Salud.
Cuatro palabras.
Cuatro Prioridades.
Cuatro Promesas.
Y sobre todo cuatro metas que los ciudadanos puedan exigir permanentemente y evaluar al final de período presidencial.
Porque cuando un gobierno concentra sus fuerzas en pocas metas puede asignar recursos suficientes. Ya que la verdadera grandeza de un gobierno no se mide por lo que promete, sino por lo que cumple. Amén.