Pluma invitada

Teoría de la estupidez y la política

Los líderes actuales parecen atrapados en una lógica que los empuja a repetir errores históricos.

El 8 de mayo de 2015 renuncia la vicepresidenta Roxana Baldetti, tras un escándalo de corrupción llamado “caso La Línea”. Un binomio presidencial que llegó al poder prometiendo mano dura contra la corrupción y delincuencia. La siguiente campaña llevó a un comediante —no político— al poder con el eslogan “Ni corrupto, ni ladrón”. Una y otra vez, tanto con los gobiernos anteriores como con los que siguieron, se repite el mismo patrón, pensamos que cambiando a los presidentes lograremos cambiar nuestra situación. Hemos probado todo tipo de personas. ¿Por qué seguimos pensando en que al cambiar personas en instituciones como el TSE, CC, CGC, MP, Usac y Banguat algo va a cambiar en el fondo? ¿No es ello un pensamiento necio e irracional o estúpido?

“Todo pueblo tiene el gobierno que merece”. Eclesiástico 10,2

Carlo M. Cipolla, en su célebre ensayo Las leyes fundamentales de la estupidez humana, recalca que mientras el malvado busca un beneficio propio, el estúpido actúa causando daño a otros sin obtener nada a cambio. Cipolla advertía de ue los estúpidos no reconocen su condición y, peor aún, se multiplican en los espacios de poder. Su descripción de estúpido es: “Aquel que perjudica a otros y, al final, también a sí mismo”. Dietrich Bonhoeffer, otro estudioso de la estupidez humana, añadía que la estupidez no es un defecto intelectual, sino un problema moral y social: se alimenta de la presión de grupo, la propaganda y la falta de pensamiento crítico.

Bonhoeffer advertía de que la estupidez es más peligrosa que la maldad porque no se puede combatir con argumentos. El estúpido se aferra a consignas, a frases hechas, a prejuicios, y se vuelve impermeable a la razón. En este sentido, los líderes actuales parecen atrapados en una lógica que los empuja a repetir errores históricos, ignorando las lecciones del pasado.

En 2015 la masa salió a las calles, no a exigir un gobierno limitado a seguridad, justicia y obras de infraestructura para mejorar su vida; salió a exigir el cambio de personas. Resultado: Nada cambió.

Cuando nos dejamos guiar por la opinión de la mayoría o permitimos que otros decidan por nosotros, dejamos el pensamiento crítico de lado y no buscamos las causas reales de nuestros males, estamos siendo estúpidos. Peor aún, cuando alguien que ha estudiado Historia, Política, Economía, Filosofía y Derecho nos dice cuál es el problema, decidimos hacer oídos sordos y evitamos que cambie el sistema, estamos siendo estúpidos. Cipolla y Bonhoeffer nos invitan a reconocer que la estupidez no es un problema menor, sino el verdadero motor de las tragedias humanas.

La “teoría de la estupidez” aplicada a la política contemporánea nos obliga a reflexionar: ¿Cuál es la raíz del problema? ¿Serán los resultados de las elecciones de segundo grado? ¿Servirá cambiar la cúpula del TSE, MP, CC, CGC, Usac y Banguat?

La mayoría de leyes que nos gobiernan son injustas, antieconómicas, generan privilegios, distorsionan la justicia y le dan al gobierno funciones, poderes y recursos ilimitados. Nuestro sistema de leyes ha sido construido en nuestra contra, por eso es el que nos tiene en situación tan lamentable, y ya hemos visto que solo cambiando a los gobernantes el sistema no cambia.

Eclesiástico 10:2 y Joseph de Maistre (filósofo y político teórico antiteófobo que aconsejó al Zar Alejandro I de Rusia) coinciden en que “todo pueblo tiene el gobierno que merece”. Ahora que sabes esto: ¿vas a luchar por un cambio de sistema o solamente por un cambio de personas?

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