CATALEJO

Precariedad de los poderes estatales

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A CONSECUENCIA DE LA vorágine iniciada desde el 20 de enero en Washington, cuyas consecuencias alcanzarán a todo el mundo, la atención de los guatemaltecos se ha centrado en cómo afectarán a este país los “tuiterazos” y declaraciones presidenciales trumpistas. Sin embargo, es necesario además echar un vistazo hacia adentro en un tema cuyas características son comunes en los dos casos, guardando las distancias, naturalmente. Me refiero a la imagen de seriedad de los tres poderes del Estado en toda sociedad democrática tanto consolidada como en camino de lograrlo, al menos en teoría. Precario es definido por el Diccionario de la Lengua Española como todo aquello de poca estabilidad o duración, o carente de medios o recursos suficientes.

EL ORGANISMO EJECUTIVO guatemalteco se encuentra, estoy seguro, en su momento de mayor debilidad de la historia del país. El presidente, merecido o no, es visto por demasiadas personas como alguien con una cuota de poder muy limitada, Irrespetado por sus compañeros políticos y sufriendo los efectos de bisoños a la cabeza del sistema de información, así como de sus acciones y comentarios, ha quedado casi en el olvido su decisión de no intervenir en el caso legal de su hijo y de su hermano. Es inexplicable por qué decidió guardar silencio ante el caso de uno de los numerosos diputados tránsfugas ahora acusado de tener relación con el asesinato de dos reporteros. Es un náufrago político a la merced de los tiburones politiqueros.

EL ORGANISMO LEGISLATIVO no está indemne. El nuevo presidente, con independencia de sus buenas intenciones, quedó muy mal parado cuando no pudo detener el absurdo, no solo de crear más comisiones de trabajo, cuyo verdadero nombre debería ser comisiones de granjerías y dineros, sino de hacerlas encabezar por tránsfugas químicamente puros. Tales decisiones de los diputados solo ayudan a mantener el desprestigio del Congreso, con la consecuencia de convertirse en una entidad indefendible aun en aquellos casos en los cuales merece apoyo puramente institucional. Este problema no es propio de la actual legislatura, sino en general de las anteriores. Pero, como sea, la precariedad de su posición es innegable y muy real.

EL ORGANISMO JUDICIAL ANDA en situación similar. La anómala elección de Silvia Valdés como presidenta de la Corte Suprema de Justicia, puede ser interpretada como prueba del poco conocimiento jurídico de algunos magistrados. Ahora, la Corte de Constitucionalidad enmendó la plana y al hacerlo puso en jaque a quienes tienen la delicada tarea de encabezar el sistema de justicia del país. Debe señalarse, eso sí, otro hecho conocido: no es la primera vez. Todo ello contribuye a afianzar el debilitamiento de la imagen nacional, ahora afectada, entre otras razones, por una larga inestabilidad jurídica causada por cambios en las leyes provenientes del Congreso y por demasiados fallos inexplicables y sobre todo muy preocupantes.

LAS FIGURAS PRESIDENCIALES se pueden ver muy afectadas por exceso o por defecto del uso de su poder. Las bravuconadas son características de los gobernantes con inconscientes tendencias totalitarias y de pensamiento proclive al simplismo. Los silencios indefendibles demuestran incapacidad de conocer cómo funciona la figura presidencial. En ambos casos, son efecto de desconocimiento de cómo funciona realmente la democracia, sus contrapesos, etcétera. El peor efecto de tales situaciones consiste en la reducción de cómo se percibe en la población y en los países extranjeros la figura de quienes encabezan los tres poderes del Estado. Toda institución de alguna manera se ve reflejada en la personalidad de quien la encabeza.

ESCRITO POR:

Mario Antonio Sandoval

Periodista desde 1966. Presidente de Guatevisión. Catedrático de Ética y de Redacción Periodística en las universidades Landívar, San Carlos de Guatemala y Francisco Marroquín. Exdirector de la Academia Guatemalteca de la Lengua.

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