Si me permite

Ser útil es saber llenar una necesidad real

Samuel Berberián samuel.berberian@gmail.com

“La obra humana más bella es la de ser útiles al prójimo”. Sófocles

En nuestro derredor es más que frecuente escuchar a los que dicen lo que se debe hacer y todavía añaden el cómo se debe de hacer, pero no pasan de criticar. Lo más agradable es cuando alguien se acerca y se ofrece para ayudar y se involucra.

Una ilustración de esto, es cuando hay visitas en la casa de uno y la esposa está preparando los alimentos para poderlos compartir y una de las damas que está visitando se acerca a la cocina y con una de las frases tradicionales dice “¿te ayudo?”, ese es el inicio de compartir y el de la gratificante manera de ocuparse porque la persona está llenando una necesidad innegable.

La conducta humana es una estructura que se construye desde la infancia cuando uno está educando a los niños para que se involucren y hagan algo para que puedan sentirse útiles y también para que en el proceso aprendan. Cuando pasan los años y uno ya es mayor toma una mirada retrospectiva de aquellos años que fue aprendiendo el cómo se deben hacer las cosas. Compartir las relaciones puede funcionar porque se sabe lo que hace falta hacer con solamente una mirada y se involucra propositivamente.

Lamentablemente nunca faltan aquellos que tienen todas las ideas de lo que se debe hacer y toman el tiempo en decir el cómo se debe hacer, pero no se preocupan por levantar un dedo para ayudar. Uno simplemente mantiene silencio por educación, para no hablar y ofender a la persona que habla y da indicaciones.

Esta realidad se manifiesta en todas las relaciones en la que los humanos nos involucramos y, sin lugar a duda, muchos que han alcanzado posiciones de liderazgo posiblemente iniciaron detectando una necesidad y la cubrieron.

Cuando quienes le rodeaban lo observaron se dieron cuenta que esa persona tenía la “capacidad”, pero por encima de todas las cosas tenían la “disposición” de hacerlo. En otras palabras la acción de ese preciso momento les sirvió como una simple, pero importante carta de presentación.

En verdad la vida no consiste en sentarse y ponerse a pensar qué puedo hacer; como que fuera a planificar un proyecto de construcción, es mucho más sencillo que eso, es simplemente observar en nuestro derredor qué hace falta hacer, y si nadie está para hacerlo, yo puedo hacerlo. El simple hecho de haber tomado la iniciativa en ese momento y haberlo hecho trae una gratificación que cada quien vive en su interior.

Nuestra sociedad podría llegar mucho más lejos y tener un perfil mucho más amigable si cada uno de nosotros antes de apuntar lo que no se ha hecho, estuviéramos dispuestos a dar el primer paso para hacer lo que hace falta.

Cuántos en nuestra niñez, cuando pedíamos algo que necesitábamos, se nos indicaba que era mejor levantarse e ir a buscarlo, antes de esperar que otro lo trajera. Es exactamente lo que los adultos debemos poner en práctica. Incluso cuando alguien mayor está con los ojos comunicando que necesita algo, ¿quién será el primero en preguntar si necesita algo? Y con mucho gusto se lo traemos. Eso es una vida armónicamente comunitaria.

Parece que en la sociedad moderna de la que somos parte se nos ha pasado por alto muchas prácticas del pasado que conformaban la etiqueta de servicio y atención a otros, pero es importante saber que aún estamos a tiempo. Si las conocemos, debemos retomarlas y hacer la vida mucho más placentera.

samuel.berberian@gmail.com