Imagen es percepción

Si usted aún es espectador, hágase protagonista

Brenda Sanchinelli imagen_es_percepcion@yahoo.com

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El 3 de junio del 2018, la muerte sorprendió a muchas familias guatemaltecas que quedaron atrapadas en sus viviendas tras la potente erupción del Volcán de Fuego, las comunidades fueron prácticamente borradas del mapa.

Esta fecha quedará marcada por siempre en nuestras mentes por ser la peor tragedia de este siglo, 101 muertos, 192 desaparecidos y 1,713.436 afectados. Aunque cada día cambian las cifras, las lágrimas y el dolor de las víctimas quedaron por siempre petrificadas en ese sitio, que jamás nadie debe volver a habitar.

Lo triste es que si las personas buscan ese tipo de lugares para vivir, pese al riesgo que representa, es por la falta de oportunidad y pobreza que reina en este país que ha sido gobernado por presidentes indiferentes al dolor humano y que se dedicaron solo a saquear las arcas del Estado.

Además, lo ocurrido revela una vez más la poca preparación y la improvisación del gobierno para el manejo de estos desastres naturales, su incapacidad para afrontar este tipo de emergencias es evidente.

Nuestro país es altamente vulnerable por su naturaleza geográfica, pero sobre todo por la precariedad de las condiciones de vivienda de gran parte de la población, lo que en repetidas ocasiones ha provocado lamentables tragedias naturales, incalculables pérdidas humanas y daños materiales.

Es imposible dejar de pensar en el rostro de dolor y sufrimiento de las víctimas y quienes perdieron a algún miembro de su familia. Las cosas materiales, mal que bien, pueden recuperarse, pero la vida y la salud no tienen precio. Los heridos deben ser atendidos de inmediato por el Estado y darles atención médica de primera. Está bien recibir el apoyo de otros países, pero ¿por qué el presidente Morales no gestiona atención médica aquí mismo en el Hospital Militar?

Las imágenes muestran desolación, destrucción y tristeza; lo que nos hace saber que la reconstrucción tardará años y costará millones ayudar a las personas que han quedado en un absoluto desamparo. Pero también puede ser una oportunidad para reubicar a las familias afectadas a un lugar seguro y digno.

Es admirable la actitud de los cuerpos de socorro, los bomberos, médicos, soldados prestos a ayudar a quien sufre, aun a costa de su propia vida. Estos héroes anónimos con un corazón muy grande y un amor inmenso a sus semejantes han trabajado sin descanso.

También ha habido otros actores que con su apoyo y solidaridad han cooperado cada uno con lo que puede, nunca hay un aporte pequeño, cuando se hace con el corazón y además la necesidad es muy grande. Gracias a quienes decidieron no quedarse de brazos cruzados y dejaron de ser espectadores para convertirse en protagonistas y ayudar a quienes sufren.

La ayuda de la comunidad internacional no se hizo esperar, muchos países amigos están enviando apoyo y me gustó mucho saber que México nos ha enviado a Frida, que ayudará en la búsqueda de víctimas; esta perrita es símbolo de heroísmo y estuvo rescatando personas en el terremoto que sufrió ese país hermano. Y claro, aunque el protocolo internacional en estos casos para encontrar sobrevivientes es de 72 horas, la esperanza es lo último que se pierde.

Cada vez que hay un desastre de este tipo todo el mundo habla del tema, se indignan y dicen que hay que prevenir, pero al poco tiempo todo se olvida; la ayuda cesará y las víctimas quedan en el olvido. Hoy la solidaridad de la gente se ha desbordado, pero el reto será seguir brindando apoyo por más tiempo y presionar para que el gobierno establezca protocolos de acción en este tipo de desastres, pero sobre todo prevención. Hacer un mapeo de las zonas de riesgo y promover el traslado de las comunidades que están expuestas a un peligro latente.