EDITORIAL

Un reto para el intelecto

Este año se conmemoran los 550 años de la muerte de Juan Gutenberg, el inventor de la imprenta de tipografía móvil, una innovación que revolucionó la transmisión de ideas, conocimientos y del pensamiento, cuyo impacto trasciende a la humanidad, puesto que el medio escrito continúa siendo el mejor vehículo para la transmisión de ideas, el mejor registro para la reflexión en todos los órdenes, ya sea literario, filosófico, económico, sociológico, científico.

Esta invención trajo como consecuencia el surgimiento del libro como medio de información masivo, porque se posibilitó la impresión en serie, algo prácticamente imposible en las épocas anteriores al siglo XV, cuando los volúmenes eran copiados a mano por los amanuenses y por su limitado número estaban tan solo al alcance de unos pocos. Sin embargo, un soporte sin un mensaje relevante, original y oportuno se queda en el simple objeto.

La apertura cultural que se generó a partir de la difusión de la imprenta hizo posible que se conocieran más creaciones literarias en territorios más amplios. En el siglo XVI surgen tres de los más grandes nombres de la literatura universal: el español Miguel de Cervantes Saavedra, el inglés William Shakespeare y, en América, el inca Garcilaso de la Vega, que con sus obras marcaron auténticos hitos.

La tradición y los registros marcan, en una coincidencia de alcances casi novelescos, que estos tres titanes de la literatura murieron el 23 de abril de 1616, por lo cual se estableció esta fecha como el Día Internacional del Libro, para exaltar la importancia del hábito de la lectura y la necesidad de que niños y jóvenes se nutran con el acervo de estos y otros autores, a fin de preservar y enriquecer el idioma, desarrollar su habilidad cognitiva y contar con mejores herramientas de pensamiento de cara a un futuro dominado por la tecnología.

Lamentablemente, a lo largo de la historia reciente son abundantes las muestras de lo que causa la carencia de lecturas: alcaldes, diputados e incluso presidentes que hacen gala de una ignorancia enciclopédica, ya sea a través de actitudes deplorables, como grabar una deposición fisiológica y transmitirla por redes sociales, vociferar discursos repletos de falacias, de incitación a la violencia o aparentar un conocimiento que no se posee mediante la memorización y cita de frases célebres que resultan fragmentos de sistemas de pensamiento mayores pero desconocidos para tales personajes.

La tecnología digital ha facilitado el acceso a miles de obras y autores en formato electrónico, que favorecen el conocimiento de nuevos horizontes de ideas. Guatemala sigue dentro de los países con menor comprensión lectora incluso entre maestros, por lo cual la conmemoración del 23 de abril debe ser un desafío de cara al país que se desea construir.

Si se menosprecia el factor de la lectura como piedra fundamental de una mejor sociedad, se prolongará la condena a oír discursos demagógicos y a elegir personas sin competencias para administrar una comunidad necesitada de un liderazgo con coherencia intelectual, ética y humanística.