Presto non troppo

Un trío, un dúo, un cuarteto, un sueño

Paulo Alvaradopresto_non_troppo@yahoo.com

La noche del pasado día 16 enfilábamos nuestros pasos por un corredor del Palacio Nacional de la Cultura. El propósito era muy grato: escuchar a cuatro jóvenes maestros en la ejecución de un programa de música europea romántica y post-romántica. Lo que no devino tan amable fue que el recital se llevó a cabo precisamente en… un corredor del palacio. Desde hace varias temporadas —y a urgente falta de tomarse el trabajo para trasladar a un mejor sitio el piano que en otrora pertenecía a la entonces Dirección de Bellas Artes— las recientes administraciones del ministerio han estilado colocar un lote de sillas en forma de “L”, a fin de improvisar un auditorio que tiene por escenario una sala de espera en una esquina del edificio. La disposición es poco conveniente, tanto para los artistas como para el público, quienes adicionalmente tienen que soportar lo desfavorable del clima en esta época del año.

Por dicha, la calidez del repertorio y la entregada actuación de los músicos compensaron ampliamente la incomodidad de la ubicación espacial. El programa deleitó a los escuchas y, en verdad, no es de sorprenderse. De entrada, el Trío Op. 49 de Felix Mendelssohn (1809-1847), una obra que sienta las bases del romanticismo musical germano en la mitad inicial del siglo XIX. Luego, una de las piezas más encantadoras que se haya escrito para viola y orquesta, la Romanza Op. 85 del también alemán Max Bruch (1838-1920), en su versión acompañada por piano, representa el romanticismo tardío. Para concluir, el Cuarteto Op. 67 del español Joaquín Turina (1882-1949), que amalgama la herencia arábiga del autor con el impresionismo francés del incipiente siglo XX.

Todo ese catálogo de datos resultaría árido, sin embargo, de no ser por el muy buen trabajo de los intérpretes. Alfonso Hernández nuevamente demostró ser uno de los mejores pianistas guatemaltecos de hoy, gracias a la combinación de energía, precisión y delicadeza que le caracteriza y que sabe emplear según lo van requiriendo las exigentes partituras que convierten al piano en el elemento unificador de un recital de cámara como el del pasado miércoles. Por su parte, el violinista brasileño Tiago Ellwanger, así como los guatemaltecos Ángel Pérez en la viola y Elisa Irene Aquino en el violonchelo, completaron un formidable elenco. Aunque podrían haberse refinado ciertos detalles de las intervenciones individuales y colectivas —en cuanto trío o dúo o cuarteto—, los cuatro supieron compenetrarse entre sí, sin perder la personalidad de cada cual. Una merecida felicitación por una velada musical muy agradable.

Aquí es interesante mencionar que tanto Alfonso como Elisa actualmente perfeccionan su técnica en los Estados Unidos, mientras que Ángel se prepara para continuar su formación en Costa Rica a partir de febrero. Su presentación hace unos días obedece a su buen talante y su capacidad para colaborar con el Programa Permanente de Arte en el Palacio Nacional y ofrecer el concierto inaugural de 2019. Además, si mantienen este ritmo de estudio, junto con la influencia positiva y la experiencia profesional de artistas como el maestro Ellwanger, el futuro que les espera no puede ser otra cosa que promisorio y exitoso. Hemos de suponer, de este modo, que hay en camino un sueño. No es solamente la combinación de unos instrumentistas para una eventual presentación artística. Es el sueño de muchas y muchos jovencitos que necesitan apoyos concretos, institucionales y comprometidos para poner a Guatemala en otro nivel, cabalmente el nivel donde mejor podemos destacarnos como país.