Bono demográfico: Cómo pasar de ‘importar’ producción con remesas a ser creador de empleo

Guatemala y Honduras poseen el mayor bono demográfico de Centroamérica para incorporarse al mercado laboral, un factor que puede contribuir a un mejor crecimiento económico.

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Guatemala y Honduras son los países de Centroamérica que poseen el mayor bono demográfico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)
Guatemala y Honduras son los países de Centroamérica que poseen el mayor bono demográfico. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca)

Un estudio del Consejo Monetario Centroamericano (CMCA) muestra la evolución del empleo en la región centroamericana y República Dominicana (CARD) del período 2015 a 2019, y evidencia la trayectoria del mercado laboral de cada país previo a los efectos de la pandemia.

El documento se denomina “Caracterización del empleo”, y señala las tendencias demográficas que enfrentan los países, así como la evolución de la población económicamente activa (PEA), y destaca que la mayoría de los países de la región CARD se encuentran en medio del bono demográfico, fenómeno que puede traer consigo oportunidades para acelerar el crecimiento económico, pero a la vez plantea desafíos en la producción.

En Guatemala, Costa Rica y República Dominicana, la edad de la población para poder trabajar es de 15 años; Nicaragua, desde 14 años, en El Salvador 16 años y en 2020, Honduras estableció la edad desde 15 años.

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“En Honduras y, en menor medida, en Guatemala se ha reducido el grado de inserción al mercado laboral en años recientes. Esto se debe a que ha sido mayor la aceleración del crecimiento de la población en edad productiva que la inclusión de dicha población al mercado laboral”, expone el informe.

Tendencia

El informe del CMCA indica que la mayoría de los países y de los ejercicios analizados registra un mayor aumento en la población en edad de trabajar frente a la población total, sobre todo en Guatemala y Honduras.

Para el caso de Guatemala, se registró un crecimiento mayor a 6 puntos porcentuales entre 2015 y 2019, mientras que en Honduras aumento en 2.9 puntos porcentuales, aunque registró un fuerte incremento entre 2019 y 2020 en la que creció cerca de 3.5 puntos porcentuales.

El organismo regional recalca que este aumento posiblemente se deba al bono demográfico.

Definen que el bono demográfico, consiste en un cambio en la estructura etaria, en la cual el peso relativo de la población en edad productiva aumenta respecto a la población dependiente, compuesta por los niños y personas adultas mayores, haciendo que la relación de dependencia disminuya.

Aprovechamiento

Abel Cruz Calderón, gerente del Instituto Nacional de Estadística (INE), coincide con el documento del Consejo Monetario, ya que en Guatemala el 50% de la población es menor a los 29 años, con la información que develó el Censo de Población 2018.

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En la base de la pirámide poblacional, -con datos del Censo 2018-,  explicó el funcionario, ahora resulta que la mayor parte de la población guatemalteca menor de 29 años es el bono demográfico, y el país está ahora en el punto en que debe invertir en estos jóvenes en su capacitación, formación y la generación de nuevos empleos, “porque es la generación que debe ser capacitada y formada, y será la población que en los siguientes 15 a 20 años va a estar en su plena etapa productiva como parte de la PEA” dijo.

Precisó que esta base, para la siguiente generación –las personas que están de los 50 años para arriba, dentro de 20 años–, estará en una situación de retiro, y demandando otras clases de servicios al Estado, como medicinas para la tercera edad y clases pasivas.

Por otra parte, responderá a los programas de seguridad social y demandará una política integral que siga pensando en el guatemalteco joven de 15 a 29 años; en las personas adultas de 30 a 65 años en plena potencial de actividad económica y luego de los adultos mayores de 65 años que puedan gozar una vejez digna de los servicios públicos.

Para el CMCA, la importancia del bono demográfico reside en el efecto que tiene sobre el mercado laboral, la salud pública, las pensiones, y subraya que este fenómeno puede traer beneficios potenciales, ya que están condicionados al diseño adecuado de políticas públicas para su debido aprovechamiento.

“Un aumento de la población en edad de trabajar permite vislumbrar oportunidades para la generación de un mayor crecimiento económico dado que se cuenta con un mayor nivel de recurso laboral disponible, pero contar con ello no implica que ese crecimiento potencial se dé, sino que depende de la inserción efectiva de esta población al mercado laboral”, destaca el informe.

Esther Pérez Ruiz, jefa de la misión del Fondo Monetario Internacional, declaró el pasado martes 20 de julio que una de las recomendaciones del Artículo IV, es retener el talento en Guatemala y capitalizar el bono demográfico, poniendo las reformas para mejora del clima inversor en el centro de la agenda gubernamental.

Importadores de producción

El sector empleador está consiente de aprovechar el bono demográfico.

Óscar Sequeira, directivo de la Cámara Guatemalteca de la Construcción (CGC), comentó que las remesas han ayudado, pero a la vez han perjudicado, porque hay dinero que no se ha producido localmente, se está importando de una producción en Estados Unidos, y no se incentiva la producción que es realmente la manera más sostenible de generar fuentes de empleo en varias industrias y actividades.

Recordó que Guatemala, históricamente, tiene una producción fuerte en la región, pero a la vez hay otro problema, que es la centralización tan profunda en el área metropolitana que se refleja en la recaudación y en los cotizantes al Seguro Social.

“Lo que no se ha logrado potenciar es la producción y empresarialidad y aumentar que las empresas cumplan con las condiciones formales como el salario mínimo y prestaciones del IGSS, que en la mayoría de las empresas que están en el área metropolitana lo cumplen, pero en la medida que se aleja no se da, o se cuentan con estos trabajos de calidad que se necesitan”, aseveró el directivo.

Así lo dijo

En Guatemala el 50% de la población es menor a los 29 años, con la información que develó el Censo de Población 2018”.

Sequeira coincide con Cruz en que, para aprovechar este bono demográfico, hay que prepararse para generar esa producción.

Recordó que cada año hay unos 400 mil nacimientos y unas 300 mil personas que se insertan a la PEA, pero si no existe demanda de empleo para ellos, “otra vez engrosan las estadísticas del empleo informal o del empleo que no es de calidad” y para ello se necesitan políticas públicas fuertes.

“En mi caso, llevó cuatro años solicitando una licencia a la Municipalidad de la Esperanza para construir una planta y generar 50 empleos en Xela, no me lo han autorizado y eso dice que no hay prioridad y, lamentablemente, las remesas nos han acomodado que se vive razonablemente bien por el consumo”, afirmó Sequeira al citar como ejemplo.

Factores

El documento del CMCA indica que se puede segregar la población dependiente en dos grupos etarios: adultos mayores y niños.

El fenómeno se ha presentado en todos los países de la región, aunque su inicio es de 1965, y su evolución y duración no es la misma en cada uno de los países.

Si se considera el punto mínimo de la relación de dependencia como la culminación del bono demográfico, eso implicaría que Costa Rica sería el único país actualmente en alcanzar la última etapa.

Uno de los factores que incidieron en que se produjera este fenómeno de bono demográfico fue un decrecimiento de la tasa de mortalidad que paralelamente se acompañó de una disminución en la tasa de fertilidad y, además, un aumento en la esperanza de vida, produciendo un crecimiento en la población joven que posteriormente implicaría un aumento en la población en edad productiva.

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El documento subraya que la tasa de mortalidad pasó de un 11.4% en el período de 1970-1975 a reducirse a 5.4% de la población entre 2015-2019.

Esta reducción se explica por las mejoras en los sistemas de salud enfocadas principalmente en la población infantil, un incremento en el personal de las instituciones de salud, mejoras en la infraestructura sanitaria y un mayor acceso a medicamentos de bajo costo.

Por otro lado, el descenso en la tasa de fecundidad está vinculado a un cambio social, cultural y tecnológico en la región, lo cual ha llevado a aumentar el acceso a la educación y a los programas de planificación familiar.

En el periodo de 1970-1975 la tasa de fecundidad se ubicó, en promedio, en 6% mientras que en el periodo de 2015-2019 pasó a un 2.3%, y se mantiene la expectativa de que continúe disminuyendo en los años venideros, inclusive en algunos casos, por debajo del nivel de reemplazo.


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