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#NoEsNormal l La PNC libra una guerra contra las pandillas en las áreas rojas de la capital

Dos integrantes de la Policía Nacional Civil (PNC) cuentan cómo ha sido su experiencia al laborar en lugares considerados como zonas rojas por la violencia.

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Violencia en Guatemala

Los ataques armados son de las principales emergencias cubiertas por los cuerpos de socorro. Fotografía: Prensa Libre.

Elder Ottoniel de León Salazar tiene 23 años de servicio en la Policía Nacional Civil (PNC). Ángel Augusto Esquivel Cámbara está de alta desde hace 21 años y tres meses. El primero es jefe de la comisaría 14 en una de las demarcaciones más complicadas por los niveles de violencia, y que lo confirman estudios hechos por la organización Diálogos. 

El segundo es el jefe de la División Nacional Contra el Desarrollo Criminal de las Pandillas (Dipanda) de la División Especializada en Investigación Criminal (Deic) de la PNC que atiende justamente estos lugares por la inseguridad que generan la Mara Salvatrucha (MS13) y el Barrio 18.   

Ambos son subcomisarios y han estado de cerca en estaciones y subestaciones asentadas en zonas consideradas rojas y en donde la criminalidad pone en riesgo a miles de personas que día a día luchan por vivir en paz. Que por las circunstancias han “normalizado la violencia, y se han adaptado a sobrevivir en medio de una lucha de poder por controlar territorios para vender drogas, armas y otros ilícitos.  

De León Salazar tiene a su cargo la comisaría 14, una demarcación extensa que abarca las zonas 7, 11, 12 y 21 de la Ciudad de Guatemala.  

Estas cuatro zonas acumularon el año pasado 134 homicidios, según los reportes de la Policía analizados por la organización Diálogos. Además, las cifras señalan una tasa de homicidios de hasta 88 muertes por cada 100 mil habitantes, en el caso de la zona 12, la más violenta de las cuatro bajo la jurisdicción de la Comisaría 14.  

Mientras que Esquivel Cámbara se enfrenta a diario a los miembros de la MS13 y el Barrios 18. “Capturar a un sujeto, quitarle un arma de fuego, representa salvar la vida a muchas personas. Es una lucha constante, de riesgo, pero trabajamos para que el resto de población viva en paz”, aseguró.  

“No es normal que la gente tenga que pagar una extorsión para vivir en paz. Eso no es posible. Sabemos que es complicado, pero luchamos porque las cosas cambien en algún momento”, coinciden ambas fuentes.  

Los dos elementos de la PNC cuentan su historia de cómo es laborar en estas zonas, según estadísticas, consideradas de las más peligrosas en el departamento de Guatemala.    

Pero claro, en el ambiente queda la sensación de los policías buenos y los malos. Los contrastes de la dinámica de seguridad y, sobre todo, de la confianza que debe generar una institución que este año cumplirá 25 años de haber sido fundada.  

Dura tarea 

Elder Ottoniel de León Salazar nació en Jalapa hace 43 años y su primer trabajo dentro de la PNC fue en el desaparecido Grupo Motorizado de Reacción, conocido como el Grupo Fuego en 1999, apenas dos años después de haberse fundado la institución bajo los Acuerdos de Paz.  

“Como nuevo comencé a laborar en un grupo de 60 motoristas. Trabajé desde entonces en zonas rojas”, recordó.  

“En aquellos tiempos, considero, era más violento. Quizás ahora se ve más porque se publicita más. Antes se mataban a pandilleros y nadie le daba importancia. No había seguimiento. Pero ahora es diferente. Cada muerte es más impactante y se debe atender con más diligencia”, explicó.  

Agregó: “Antes de la comisaría 14 estuve en la 12. Recuerdo que había entre 8 y 10 muertos diarios. Era algo que no se podía parar. Era complicado”.  

“Antes se robaban 20 carros diarios y ahora son solo dos. Ha bajado. Uno estudia los fenómenos y piensa: ¿o se fueron para otro lado o dejaron de robar? La colonia La Reformita o la zona 11, era un dolor de cabeza. Hay cosas que han cambiado, pero aún hace falta más por hacer. El apoyo de buenos vecinos ha sido importante”, argumentó.

La jornada laboral del jefe de la comisaría 14 arranca a las 5 horas de cada día. Residen en un inmueble propiedad de la PNC.  

“Trabajamos de las 5 a las 0 horas. Atendemos lugares complicados como El Mezquital, El Búcaro, Ciudad Real, que son los más conflictivos de la comisaría 14”, indicó.   

Y añadió: “cada día nos enfrentamos a diferentes esquemas. Algunos días a pandilleros de la MS13 y otros al Barrio 18”.  

“Muchas veces delinquen con armas de plástico y uno piensa y repiensa a la hora de contrarrestarlos porque si nos confundimos nos traería consecuencias. Debemos estar muy atentos con esto”, dijo.  

A veces los lugares donde nos metemos son algo estrechos y peligrosos, dice De León Salazar. “Casi toda la familia del pandillero está en el lugar y muchas veces se oponen a las capturas, al trabajo policial. Uno debe enfrentarse a esto y más cosas”.   

“No sabemos a ciencia cierta si regresaremos a casa con nuestra familia. Pero es la voluntad de cada uno y siempre le pedimos a Dios porque nos cuide”, señaló.  

“Hay delincuentes que no se tocan el alma para atacarnos y dispararnos”, confirmó. Desde hace dos años y seis meses está en esa comisaría. Su trabajo da inicio de madrugada y termina pasada la medianoche. El objetivo: proteger a la población civil que día a día lucha por vivir tranquila.  

Las pandillas y el terror 

Durante años la MS13 y el Barrio 18 se han apoderado de sectores de varias colonias de la Ciudad de Guatemala, Mixco y Villa Nueva, principalmente.  

Personas que viajan para vivir en la capital, provenientes de departamentos, han optado por ir a estos lugares porque es más barato vivir, y en la “ciudad hay más trabajo”.  

Sin embargo, la MS13 y el Barrios 18, y ahora sumados imitadores, como les llaman, se han apoderado de casas. “Hay colonias en donde las viviendas han sido abandonadas por temor a ser blancos de estos grupos criminales”, señalan las fuentes oficiales.  

Este el caso de la colonia Limón, zona 18, un asentamiento que ha sido un sector experimental de las autoridades para echar a andar proyectos de seguridad que financian, incluso, los Estados Unidos.  

La zona 18 es, según las estadísticas oficiales, una de las zonas más violentas de la capital y, en consecuencia, de Guatemala. El año pasado registró un promedio de 38 muertes por cada 100 mil habitantes, pero años anteriores era más alta la tasa, como en 2017 que alcanzó 54 muertes por cada 100 mil habitantes.  

En sus estrechas calles conviven muchas familias de todo el país. Olga – ama de casa – indicó que la presencia de la PNC les da seguridad, aunque a veces se topan con algunos abusos para la población que no tiene vínculos con los grupos criminales.  

Y es que en este lugar la PNC, por medio de diversas divisiones, ejecutan planes para retirar armas y drogas del mercado. La justificación es evitar derramamiento de sangre de víctimas civiles.  

El jefe de Dipanda aseguró que cada día se enfrentan a nuevos desafíos. El trabajo coordinado con el Ministerio Público (MP) le ha permitido desarticular estructuras vinculadas a las extorsiones en esta colonia y otras cercanas.  

En algunos puntos pagar una extorsión es sinónimo de sobrevivencia, pero el jefe de Dipanda, Esquivel Cámbara, aseguró que denunciar los hechos hará que combatan este flagelo y evitar que sigan ocurriendo este tipo de situaciones.  

“Las pandillas generan violencia, inseguridad, y por eso tratamos de desarrollar planes para evitar que siga pasando”, expresó.  

En El Limón, la vida transcurre en las canchas de futbol de tierra, de cemento, en las calles y avenidas con luces tenues, en la penumbra. La vida pasa entre registros a “sospechosos”.  

“Hay sectores en donde debemos tener presencia permanente de elementos y patrullas para evitar muertes”, justifica el jefe de Dipanda.  

De hecho, sobre esta colonia, el jefe de la Comisaría 14, contó que hace algunos años, cuando estuvo asignado a la subestación de ese sector un pandillero disparó contra ellos y fueron detrás de él.  

“Nos llevó a un lugar que no conocíamos y cuando nos dimos cuenta estábamos rodeados de otros criminales. Ese día Dios nos salvó. Cuando vimos a todos los mareros con armas de fuego salimos por un callejón. Fue la voluntad de Dios porque nos sacó a un lugar plano. Ahí había unidades”, rememoró.  

“Ese día sentí la muerte de cerca. Hay momentos que son difíciles y en esos uno recuerda lo bueno que ha hecho junto con la familia”, aseveró.  

En la colonia El Limón hay varios callejones. Y en ellos caminan agentes de PNC que intentan proteger al resto de población, aunque muchas veces otros, los pocos, como dicen vecinos, se aprovechan para criminalizar.  

Casos complicados 

El jefe de la comisaría 14 recuerda un episodio que ocurrió en La Verbena, zona 7. Atendieron un caso sobre la muerte de tres personas que habían sido halladas muertas dentro de un vehículo. En esa colonia hay presencia de la MS13 y Barrio 18.  

“Todo comenzó porque mataron a tres personas dentro de un carro, y los tipos al ver que llegamos, tomaron por rehenes a tres personas. Eran una mujer, un hombre y un niño. Les apuntaban con un arma de fuego para que no dijeran que ahí estaban retenidos”, recordó.  

De León Salazar comentó que incursionaron en esa vivienda y se aseguraron de recuperar a las personas de las manos de pandilleros de la MS13.  

“No sabíamos qué pasaría. Botamos la puerta de la vivienda y logramos poner a salvo a los civiles”, indicó.  

Esquivel Cámbara también cuenta que muchas veces se han enfrentado a pandilleros tras cometer crímenes.  

El último caso fue de dos sujetos vinculados al Barrio 18 que atentaron contra un taxista a quien extorsionaban. Lograron darles alcance, se enfrentaron a balazos, pero a final los aprehendieron.  

“Podrán ser dos, pero ahora son dos armas de fuego menos que podrían causar más muertes de personas trabajadoras”, valoró.  

La comunidad 

La PNC normalmente está en el ojo del huracán por malos elementos que no hacen el trabajo que les obliga la ley guatemalteca, sin embargo, hay otros que sí lo hacen y se esfuerzan.  

En las zonas rojas, o áreas peligrosas, los agentes van de puerta en puerta. Hacen encuestas, se reúnen con Consejos Comunitarios de Desarrollo, buscan la forma de reconstruir el tejido social para que haya confianza en la institución.  

Pero, por ejemplo, el jefe de la comisaría 14 indicó que es difícil “porque la mayoría de las personas que viven en las áreas marginales se conocen y se protegen. Cuando uno trata de servir a la gente que no está metida en cosas ilegales los llevan mal, los intimidan y luego ya no dan información”.  

La PNC tiene claro que la gran mayoría de población que reside en estas zonas quieren vivir en paz. Se esfuerzan a diario por lograrlo. También saben que han tomado sus propias precauciones para evitar ser víctimas de esas estructuras criminales.  

A diario el trabajo de prevención de la PNC intenta ser más eficaz. Sin embargo, emprender un negocio, una pequeña tienda, siempre lleva consigo un riesgo por las exacciones de los criminales.  

Esperanza 

Ambos entrevistados se han tenido que enfrentar a sucesos complicados, a veces macabros, como los cuerpos desmembrados que aparecen en algunos sectores de las demarcaciones.  

El mayor desafío es evitar que muera gente inocente, personas que se niegan a rentar sus viviendas y por esa causa los matan. Evitar que la población trabajadora siga pagando extorsiones para estar tranquila.  

De León Salazar, en sus dos años y seis meses de estar en la comisaría 14, solo ha tenido “tres planes”, – períodos que inician jueves y terminan martes – sin ninguna víctima mortal.  

“Antes que yo viniera fallecían de 6 a 7 personas por fines de semana. Ahora son 2 o 3. Llevo tres planes donde no me han matado a nadie. Comenzando de jueves a martes.  

“Es satisfactorio cuando nadie muere. Cuando entrego el turno sin ningún muerto, me siento feliz, porque hago mi trabajo lo mejor que puedo. Es un trofeo salir de esta forma”, señaló.