Estas civilizaciones surgieron cerca de ríos, por lo que el uso y aprovechamiento del agua fue un factor indispensable para la agricultura, sus sistemas de riego y el uso de reservas de ese líquido para la población.
Otro aspecto que definió el desarrollo de cada uno de estos grupos fue que inventaron sus propios sistemas de escritura, mucho antes de la solidificación de los estados y no siempre se utilizó para fines administrativos. Por ejemplo, la escritura maya era de uso privado. También manipularon el medioambiente, en cierto modo.
Las anteriores son algunas de las conclusiones a las que llegaron arqueólogos, luego de tres días de haber participado en el foro Diálogo de las civilizaciones, efectuado en Guatemala del 15 al 17 de abril y que contó con la participación de más de una decena de reconocidos expertos, extranjeros y nacionales.
Para el arqueólogo guatemalteco Tomás Barrientos, uno de los ponentes, cada una de esas civilizaciones tuvo particularidades que les dieron una identidad y una ideología, lo cual representa un aprendizaje que deberíamos tomar en cuenta en el mundo actual. “Muchas de las lecciones, como su sistema de organización, pugnas internas y uso excesivo de los recursos, tienen que ser nuestras guías para planificar nuestro futuro”, expuso Barrientos.
Las investigaciones sobre estas culturas continúan, porque aún quedan muchos misterios por resolver.
La escritura cuneiforme
Mesopotamia, que surgió cerca del 5500 a.C, en lo que hoy abarca los territorios de Iraq, parte de Siria, Turquía e Irán, es considerada la “cuna de las civilizaciones”, según la arqueóloga Augusta McMahon, de la Universidad de Cambridge.
Sus pobladores fueron los primeros en desarrollar un sistema de escritura: cuneiforme. McMahon asegura que este fue uno de sus principales aportes al mundo moderno. Además, inventaron máquinas y productos que hoy usamos, tal es el caso de la rueda, el vidrio, el arado y la máquina para hilar.
Esta cultura tuvo una fuerte influencia en Occidente, la que se hizo sentir a través de las tribus hebreas. Más tarde se sumaron los pueblos asirios, caldeos y babilonios.
Otro aporte destacado fue el desarrollo de la aritmética, mediante un sistema sexagesimal. “Por eso el minuto tiene 60 segundos”, refiere el doctor Armando de la Torre. Crearon el año de 12 meses y el círculo, según McMahon.
Las excavaciones en las ciudades de Uruk, Tell Brak, que se desarrollaron en el 3900 a.C, y Ur, en el 2900 a.C., han puesto al descubierto los canales de irrigación para la agricultura y distribución de agua, sistemas que, además de beneficiarlos, les generaron conflictos por los derechos del agua con otras ciudades, dice McMahon, pues eran zonas con poca lluvia.
Según la experta, fueron eficientes en el trabajo y la eliminación de residuos. Por ejemplo, el riego les generó excedentes en la producción agrícola, lo cual permitió que algunos pudieran dedicarse exclusivamente a la artesanía, y tiempo después a la creación artística, como la arquitectura. Para McMahon, estos últimos aspectos fueron vitales para lograr un alto desarrollo y organización.
El arqueólogo Giorgio Buccellati resalta la unificación que lograron bajo el reinado de Hammurabi. También hace referencia a las excavaciones en Urkesh, Siria, en donde, con la ayuda de la población, se ha logrado la creación de un parque arqueológico.
Culto a Osiris
Los primeros vestigios de la civilización egipcia datan del 3100 a.C, sobre las márgenes del río Nilo.
La arqueóloga Renee Friedmann, quien participó en el Foro, asegura que el esplendor de esta sociedad, que se desarrolló a lo largo de tres mil años, se dio cuando se unificaron dos zonas geográficas: el Alto Egipto, en el valle del Nilo, y el Bajo Delta egipcio, bajo el reinado del faraón Narmer. Esta relación convirtió esa región en un Estado estable, definido por límites territoriales y una cultura.
Otro de los aspectos que los egipcios aportaron para sociedades del futuro fue el culto a la muerte. El doctor en Filosofía Armando de la Torre afirma que esta civilización puso en el tapete de los debates la eternidad del humano, de tal manera que sus obras monumentales, las grandes pirámides, fueron construidas para enterrar a los faraones.
Friedman asegura que esta costumbre surgió desde el período Predinástico, alrededor del 3500 a.C, con gente dedicada a la preparación funeraria que más tarde se manifestó en vestigios. “Dibujaban comida en las paredes como una ofrenda”, refiere.
Friedmann registra, además, hacia el 3650 a.C. las primeras referencias de la elaboración y consumo de la cerveza.
El doctor Ramadán B. Hussein destaca el origen mitológico del antiguo Egipto, que parte de Osiris, hijo del dios Sol. Los egipcios creían que la civilización les fue dada por este dios de los muertos. Sin embargo, la formación del Estado egipcio requirió un proceso largo y complejo que duró al menos 900 años.
Alrededor del 3700 a.C, pequeñas ciudades en el sur fueron abandonadas y sus habitantes se trasladaron a centros urbanos con mayor potencial económico. Estas fueron: Abydos, Naggada y Hieracómpolis.
La invención y desarrollo de la escritura jeroglífica, según Hussein, tuvo en sus orígenes un propósito administrativo, para que el Estado llevara un registro de impuestos y bienes.
Asentamientos diseminados
La civilización “harappiana” sobre el valle del río Indo, en lo que hoy conocemos como Pakistán y la India occidental, floreció entre el 2600 al 1900 a.C. Sin embargo, se extendió hacia períodos más tempranos.
Fue hasta los años 1920 cuando el arqueólogo inglés sir John Marshall descubrió esta civilización, la cual comprendió más de mil 500 ciudades y asentamientos diseminados en un área del tamaño de Europa occidental y el doble de Mesopotamia y el antiguo Egipto.
Para el antropólogo Mark Kenoyer esta es la cultura más desconocida. Una de las razones es que los lingüistas no han podido descifrar la escritura harappa; de manera que las investigaciones arqueológicas han debido recurrir a otros vestigios cerámicos para descifrar las claves de su organización política y social.
Los primeros asentamientos urbanos fueron las ciudades de Harappa y Mohenjo Daro, los cuales se remontan a la Edad de Bronce. Sin embargo, se han encontrado vestigios de la antigua Harappa, hacia el 5000 a.C.
El doctor Vasant Shinde explica que el mayor legado de esta civilización fue contar con ciudades planificadas, con calles regulares orientadas hacia los cuatro puntos cardinales.
Este grupo no produjo esculturas monumentales, pero sus habitantes elaboraron exquisitos artículos de lujo y fueron pioneros en la introducción de la metalurgia, que comercializaron a mercados como el Golfo Pérsico y Mesopotamia, afirma Kenoyer.
El declive de esta civilización se fecha entre el 1900 al 1300 a.C.
Fabricantes de seda
Los orígenes tempranos de la civilización china surgen en el valle del río Amarillo —Hoang Ho— y el río Azul —Yang Tsé Kiang—, parte de dos culturas del Neolítico: la Yangshao, en el 5000 a.C, y luego la Hongshan.
Posteriormente, se han encontrado vestigios de la Hongshan, hacia el 3300 a.C., en el valle del río Liao, según el arqueólogo chino Li Xinwei. En este lugar se han encontrado construcciones monumentales, altares de piedra y mojones, además de figuras de animales y humanas hechas de jade.
En el sitio de Lingjiatan, provincia de Anhui, y otras ciudades se ha encontrado un desarrollo similar al de la cultura Hongshan, a pesar de estar más de mil kilómetros distantes, por el tipo de objetos encontrados.
Hacia el 3300 a.C., los arqueólogos consideran que se dieron los intercambios más importantes entre estas culturas. Surgen las primeras dinastías: Xia y Shang, hacia el 3000 a.C.
Aunque la base de su desarrollo partió de la agricultura, posteriormente desarrollaron la metalurgia, la porcelana y seda.
Uno de los aportes de esta civilización es que desarrolló una escritura basado en pictogramas, fonogramas e ideogramas.
La primera dinastía es la del rey Qin Shi Huang, el primero que adoptó el nombre de emperador. “Antes, cada grupo tenía sus propias murallas; entonces él unificó las poblaciones, centralizó el Estado y ordenó la construcción de la Gran Muralla China”, refiere Xinwei.
Si bien los chinos tuvieron un aislamiento geográfico, al oeste, por los montes Himalayas, y al norte, por el desierto de Gobi, que los mantuvo alejados de la civilización occidental, Xinwei comenta que tuvieron contacto indirecto con varios grupos del Asia central, con quienes hubo intercambio de ganado y bronce.
El Preclásico
Los orígenes de la civilización maya, en la región mesoamericana, pueden encontrarse desde dos puntos importantes: la zona de las tierras bajas, al norte de Petén y sur de México: cuenca Mirador-Calakmul, así como en el sureste de Guatemala, con distintos grupos diseminados en varios centros urbanos como La Blanca, El Naranjo y Kaminaljuyú.
El arqueólogo Richard Hansen, director del proyecto El Mirador, indica que el surgimiento de esta ciudad preclásica data del 800 a.C., y su declive sucedió en el 150.
En los últimos 33 años se han efectuado en esta zona excavaciones de al menos 51 sitios arqueológicos. Su período de esplendor se identifica hacia el 300 al 150 a.C., donde desarrollaron su mayor obra arquitectónica y monumental: la pirámide de La Danta, de 72 metros de alto.
La doctora Bárbara Arroyo, directora del sitio Kaminaljuyú, indica que los asentamientos de las primeras comunidades sedentarias se fechan en el 800 a.C., en el Preclásico Medio, y se han encontrado evidencias de polen de maíz en las orillas de esteros y manglares, en San Marcos, Retalhuleu, Suchitepéquez, Escuintla y Santa Rosa. “Los olmecas tuvieron un papel crucial en estos grupos”, afirma.
Posteriormente, sitios como El Naranjo y Kaminaljuyú desarrollaron complejos sistemas hidráulicos, construcciones monumentales, una estructura social compleja, y escritura.
El Clásico se conoce como el período de mayor esplendor y comprende entre el 300 al 900 d.C. Fue en esta etapa cuando desarrollaron una arquitectura monumental y una escritura compleja, basada en signos jeroglíficos, cuyo desciframiento puede afirmarse que se ha completado en el 80 por ciento, según el arqueólogo Ernesto Arredondo.