Revista D

Corazón del agua

Senderismo por la reserva ecológica de Magdalena, Milpas Altas.

Panorámica del lago de Amatitlán. (Foto Prensa Libre: Miguel López)

Panorámica del lago de Amatitlán. (Foto Prensa Libre: Miguel López)

Recorrer un bosque cargado de helechos y árboles centenarios al compás del trinar de los pájaros es una experiencia que puede encontrarse a pocos kilómetros de la capital, en la ruta de retorno de  Antigua Guatemala. 

La Reserva ecológica Corazón del Agua, en  Magdalena, Milpas Altas, Sacatepéquez, es una opción de paseo para quienes gustan disfrutar de largas caminatas al aire libre y acampar en la cima de una montaña.

El ascenso cuenta con varias rutas. En la más larga se tiene la oportunidad de contemplar los distintos nacimientos de agua que abastecen al municipio y sus aldeas. Esta es la razón de su poético nombre. “Estamos en el  cerro Panul, que significa ‘nacedero  de agua’ en kaqchikel de Magdalena”, aclara Juan José Hernández, supervisor de campo.  

Santiago López, guardabosques, comenta que parte de su trabajo es revisar que los nacimientos de estas aguas se mantengan limpias.

En cuanto a la  fauna, hay tucanes,  y por las noches salen algunos ocelotes, mapaches y uno que otro venado cola blanca en las áreas más apartadas, afirma Hernández.

El  regalo es llegar a la cumbre luego de una hora aproximada  de ascenso.  A dos mil 440 metros   sobre el  nivel del  mar se tiene  una vista privilegiada, donde se aprecia el lago de Amatitlán y los volcanes de Pacaya y de Agua. Los guardabosques aseguran que, incluso, es posible divisar el mar en el horizonte.

 Sitio de leyendas

En el cenit, varias cabañas rústicas, unas cuantas sillas de madera y dos miradores esperan a sus  huéspedes.

La cuota para la estancia en el parque es de Q5 por persona  y  Q10 para acampar. La Municipalidad de Magdalena ofrece acompañamiento durante  el recorrido en los senderos y la estancia.

Este bosque cuenta también con tradiciones orales que los ávidos lugareños comparten con entusiasmo. “Juan Diego es conocido entre la gente. Se les aparece  a quienes se extravían y cuentan que pierden la noción del tiempo por varias horas”, cuenta Hernández.

La reserva tiene 12 años de historia, pero durante seis años estuvo en el abandono. 

Entre  los objetivos de la Municipalidad  está que se declare  área protegida el lugar, para evitar la tala, así como  construir un canopy  y que el  Inguat lo promocione.

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