Revista D

Webster y Jerry desafían a la muerte

Cada vez que suben con sus motos al Globo de la Muerte saben que corren el riesgo de sufrir un accidente.

Webster Ponce (30) y Jerry López (24) son dos jóvenes que a diario desafían a la muerte cuando encienden sus motocicletas y comienzan a balancearse en el Globo de la Muerte. Estos movimientos anuncian que durante cinco minutos retarán la  ley de la gravedad teniendo como aliadas a la velocidad y la sincronización de sus peripecias. Giran haciendo círculos verticales y horizontales adentro del gigantesco globo metálico.
Como en cualquier espectáculo, han  sufrido algunos accidentes. Sus cuerpos muestran marcas de momentos en que falló la coordinación por centésimas de segundo, o porque las máquinas de acero tuvieron averías. Cicatrices de suturas, fracturas o solo el recuerdo de los momentos de dolor son las huellas que estos malabaristas guardan en su hoja de vida. Más de alguna vez han despertado en algún hospital público, entre ellos el Roosevelt.
Cuando se lesionan solo esperan el tiempo mínimo de recuperación y vuelven al espectáculo, porque saben que es uno de los shows que más espera el público. Al hablar de este asunto, sin embargo, expresan que debido al riesgo que corren en  este trabajo ninguna empresa aseguradora los acepta.
Por eso, cada vez que concluyen su acto, pasan su casco protector entre el público para que les regalen unas monedas. Este dinero lo guardan y lo emplean cuando se lesionan.“Con esos recursos costeamos nuestros gastos de medicamentos”, cuenta López.
No olvidan el gesto de un grupo de coreanos que hace unos dos meses asistieron al circo y los aplaudieron durante varios minutos y luego les echaron algunos billetes de Q100 y de US$20 en el casco. “Ellos están acostumbrados a buenos espectáculos, pero el nuestro les gustó y hasta se pusieron  nerviosos”, agrega Ponce.
El público chapín también vive  esas emociones y los motoristas las perciben porque ese es su objetivo. “A los espectadores les sudan las manos porque piensan: ¡se van a caer! Otros con más morbo, esperan  el somatón”, afirman los artistas, quienes también deben actuar como payasos, contorsionistas y acróbatas, para cumplir con el programa de la empresa.

Eternos viajeros

Por las venas de ambos corre el espíritu errante de las familias circenses, ya que Jerry proviene de la familia de Tarzán López, fundador del circo Rex, que dio origen a otras compañías de este tipo como el Rey Gitano, mientras que Webster nació en el circo Hermanos Ponce, donde  trabajaban sus padres. “Nacimos en el circo y moriremos en él”, expresa Ponce.
Aunque en estos meses trabajan juntos en el Campo de Marte, zona 5, porque fueron contratados para actuar durante una temporada de tres meses en el Neón Circus (también se originó de la familia López), nuevamente se separarán al concluir el acuerdo de trabajo.
Jerry regresará a la carpa de su abuela, quien es propietaria del Rey Gitano, mientras Webster espera que algún otro circo lo contrate, porque el espectáculo debe continuar. “Primeramente Dios me sale trabajo en México o Centroamérica. Donde  quiera Diosito iré”, expresa.

Solidarios

Uno de los lemas de Webster y Jerry, quienes se conocen desde hace nueve años y periódicamente trabajan juntos, es: “Yo te cuido y tú me cuidas”, lo cual, hasta el momento, les ha funcionado, a pesar de que han sufrido varios accidentes de los   cuales se han recuperado.
Cuando actúan, el  diseño de sus  trajes, así como la pericia y la velocidad de sus acciones no permite al público distinguirlos, no obstante, cada quien tiene sus propias características. Ponce tiene 30 años y 23 de dedicarse a trabajar de  “motorista suicida”, mientras que López, 24 y 14 de practicar esta actividad extrema.
Cada quien  tiene sus propias metas. Ponce aspira a que sus dos hijos aprendan y amen el arte bajo la carpa, así como él lo ha hecho y espera  retirarse cuando tenga entre 50  y 60 años. “Nací en el circo y en el nombre de Dios voy a morir en él.  Nadie me va sacar  porque es  mi vida”, expresa.
Las expectativas de Jerry, quien es cuarta generación de la familia López que se dedica a las artes circenses desde la década de 1950, es trabajar dentro de unos cuatro años en un circo europeo,  siempre en el Globo de la Muerte. “Me estoy preparando porque estoy consciente de que  todavía me falta dar un poco más”, afirma.
A continuación el resumen de una conversación sostenida con esta dupla  de acróbatas en  una de las mesas de luneta  del  Neon Circus.

¿Recuerdan  cuando comenzaron en este trabajo?

Webster: La primera vez que agarré una moto fue en los  campos del Roosevelt. La monté, la encendí y la   aceleré y como no sabía  frenar  recibí  un gran golpe.  Después le fui tomando confianza al acto,  que es bien peligroso, aunque  me he fracturado  las muñecas, la clavícula y  cortado las cejas.  Son un motón de cosas las que he vivido  en el circo, pero  me gusta.

Jerry: Cuando era niño siempre andaba buscando el  peligro. Un día mi papá —Cristian Tarzán López—  me dijo: ‘Como te gusta andar potranqueando, vas a  aprender las acrobacias que se ejecutan en el Globo de la muerte’, y así comencé

¿Cómo perdieron  el miedo?

Jerry: La primera vez sentí temor  porque sabía que  mi  vida estaba en riesgo, pero con un poco de fe y valentía  saqué  adelante el número. Conforme pasó el tiempo,  no es que  haya   perdido  el miedo,  he ido tomando mucha confianza y fe.
Webster: Cuando uno sale con ganas y escucha  los aplausos y gritos  del público se emociona, pero   nunca le he perdido el pavor a pesar de que llevo más de 20 años de practicarlo. Siempre lo respeto.

¿Cuáles son sus principales actos?

Webster: Hacemos varias figuras: la culebrita (zigzag), el cincho (vueltas  horizontales), y el plato (vueltas verticales). También soltamos el timón, lo cual es muy peligroso.
Jerry: La figura más difícil es el plato porque es subir y bajar adentro del globo rompiendo la gravedad.     Quien hace esto es un  globista profesional. Lo más difícil es  cambiar de ritmo porque,  a veces,    los frenos   no responden.

¿Qué tipo de accidentes suceden?

Jerry: Una vez, en Quetzaltenango,  se me trabó la caja de velocidades   cuando estaba en la parte alta del globo y al  acelerar  la  moto se atrancó   y caí acostado con la máquina encima. Mi compañero me pasó encima. Me quedé sin aire  y los trabajadores entraron a prestarme auxilio.  Por  la adrenalina no sentí dolor  gracias a Dios solo fue  un  golpe en el cuello y un raspón.
 Hace pocos meses una  llanta se desinfló en pleno acto,   no me explico porqué,    son cosas  que uno no comprende por eso se llama el Globo de la muerte, todo puede pasar. 
Webster:  No  recuerdo cuántos accidentes he tenido. Hace como dos años   se zafó la cadena de la moto y caí, cuando desperté estaba en el Hospital Roosevelt. Por más experiencia que uno tenga en el globo no se pueden evitar los accidentes,  por eso es un acto bien peligroso.
No se puede decir que es  imprudencia porque uno revisa su aparato y trata de mantenerlo  en perfecto estado.
Otra vez presentamos el acto con   tres motoristas, pero  uno  falló  y  nos  venimos  a pique. Me lesioné una rodilla y me la operaron,  estuve tres meses en rehabilitación.

¿De qué manera logran tanta sincronización?

Webster: Con práctica, ensayamos una hora en la mañana y otra antes de presentar el espectáculo. Algunas veces, por falta de tiempo, solo efectuamos la matutina.

¿Cómo  hacen para ubicar al  compañero dentro del globo?

Webster: Dios nos ha  dado la virtud, quizás porque  uno ama tanto el circo, de tener grandes  reflejos  y también tanto ensayo. Los dos nos cuidamos cada vez que ejecutamos este acto.
Jerry: Uno tiene que ubicarse muy bien adentro del  aparato, conocer perfectamente la moto y controlar el neumático trasero de la máquina  de la pareja. 

¿En qué piensan cuando van a alta velocidad?

Jerry: No hay tiempo para  pensar en los problemas de la vida, uno se enfoca en milésimas de segundo en pensar  ¿dónde voy?, aquí acelero, aquí freno, aquí corto,  y escuchando los sonidos de las motos.
Webster: Aquí  los problemas se acabaron, la mente está en blanco y decidida a entregarse el show, al público.

¿Cuándo comenzaron a trabajar juntos?

Webster: Nos conocimos hace unos nueve años practicando estas acrobacias. Ahorita estamos juntos porque él (Jerry) es nieto de la dueña del  circo Rey Gitano (familiar de Neon Circus) y me contrataron para trabajar una temporada. 

¿Se está extinguiendo el circo?

Webster:   Lo que queremos es que el público nos  apoye. Mis padres  me cuentan que  antes la gente  asistía en mayor cantidad. Hoy, por todo lo que significa    internet, hay  poca afluencia. Necesitamos que respalden  el arte nacional porque somos guatemaltecos.
Jerry:  Este negocio va en picada, en caída libre, y   la única forma de  que  no desaparezca es  si hay   publico.  ¡Que la gente nos visite, que nos  recomiende!
 

ESCRITO POR:

ARCHIVADO EN: