Fotogalería: miles de guatemaltecos visitan a sus familiares fallecidos en el Día de Todos los Santos

Ciudades

Entre flores, música y varios matices, los cementerios de la ciudad de Guatemala son visitados por varias familias que llegan a compartir un momento íntimo juntos a sus familiares y los fallecidos en el Día de Todos los Santos Difuntos.

Los dobleces de la moral

Opinión

Hoy se cierra el año. Esta noche se realiza el ejercicio de una contabilidad obligada de avances y retrocesos, de promesas incumplidas, así como de sueños aplastados por decisiones ajenas y pasividades propias. En este lapso de días, semanas y meses transcurridos desde el último recuento anual han desfilado acontecimientos que por repetidos han dejado de llamar la atención y se han sumado a una agenda noticiosa impermeable a las emociones. En ella se suceden las tragedias y se acumulan las frustraciones, pero nada de eso cambia la perspectiva ni modifica las actitudes egocéntricas de una humanidad cada vez más centrada en sus pequeños objetivos personales.

Familias unidas

Opinión

Antes de que Donald Trump tomara el poder, ya la Casa Blanca usaba prácticas crueles, inhumanas e innecesarias, contra los migrantes capturados en su frontera sur. Tortura moderna, básicamente. Creyeron que con ella, disuadirían a los centroamericanos de ingresar a su país. Métodos que tal vez no mostraban la sanguinolencia de las prácticas que conocimos en los libros de historia —caballos tirando de las extremidades, gotas de agua perforando los cráneos—, pero que sin duda, buscaban también el mismo propósito infrahumano de la tortura: infligir, causar un dolor físico o mental semejante, con tal de obtener un fin contrario a la voluntad del torturado. Antes de Trump, ya el Departamento de Seguridad Interna sometía a los migrantes capturados a martirios repudiables. De lo que trascendió, les daban comida podrida; a veces, engusanada. Les trasladaban entre centros de detención, repetidas e indeterminables veces, para quebrantar el alma que desea libertad. Y bajaban el termostato en las prisiones, a niveles casi insoportables para el cuerpo humano. En imágenes, se ve a los jóvenes capturados enconchados, tirados en el piso, paralizados, tapándose apenas con una fina sábana de aluminio. No decían al capturado cuánto tiempo duraría el sufrimiento. ¿Una hora más? ¿Dos? ¿Un día más de frío? ¿Una semana? … ¿Aguantaré? El propósito era disuadir el próximo intento de cruzar la frontera. Cuando uno habla con los migrantes retornados, inevitablemente pierden la mirada al hablar de esos cuartos fríos, a los que infamemente llaman las “Hieleras”. Pero esa baja faceta de la especie humana, durante los años de Barack Obama, por lo menos decidió respetar a los niños, cuando estos eran capturados junto con alguno de sus padres. Les mantenía unidos.