EE. UU. ya excarceló a Marllory Chacón

Justicia

En mayo de 2015, una corte de Miami, Florida, sentenció a 12 años de cárcel por narcotráfico a quien el Departamento del Tesoro de EE .UU. describía como “una de las más prolíficas narcotraficantes en Centroamérica”. Ahora, ocho años antes de lo previsto, está en libertad.

Cash Luna niega vínculos con Marllory Chacón

Guatemala

Cash Luna, pastor de la iglesia Casa de Dios, dijo que nunca ha tenido vínculos y rechazó que haya recibido dinero de Marllory Chacón, sentenciada a prisión en Estados Unidos por narcotráfico, como lo publicó Univisión en un reportaje.

Y líbranos del mal. Amén

Opinión

Una publicación de Univisión titulada Los Magnates de Dios prendió las redes con las historias de tres iglesias evangélicas: una en Colombia, otra en California y la tercera —Casa de Dios— en Guatemala. Párrafos como “Aviones privados, mansiones, autos de lujo y vestuarios costosos, son parte de la vida de los líderes espirituales” o “A mí me enseñó un apóstol, me dijo, Cash a la iglesia uno siempre lleva dos cosas, biblia y chequera”, muestran prácticas más mundanas que divinas, cuestionan las enormes sumas de dinero que manejan y resaltan los lujos de sus dirigentes. La guinda del pastel es este texto: “Las fuentes aseguran que el pastor Cash  Luna sacó provecho de su cercana amistad con Marllory Chacón, condenada en EE. UU. por narcotráfico”. Casa de Dios, el pastor Luna y la abogada de Marllory emitieron comunicados, pero lejos de desmentir los hechos —bastaba decir: recibimos [o no] dinero de la ahora sentenciada en USA— prefirieron “matar al mensajero”. Llamaron a la oración para que la justicia prevalezca, desacreditaron a quienes hicieron la publicación, tacharon a los testigos de “falsos” o no idóneos, afirmaron que “la prensa tiene una obsesión enfermiza con la Sra. Chacón porque es mujer” y exigieron que en 24 horas esclarecieran ciertas cuestiones. Quizá miedo a que esta vez la verdad no los haga libres, sino todo lo contrario.

Casa de Dios, casa de mis amigos

Opinión

Entré una vez a la iglesia evangélica Casa de Dios. Una noche antes había tenido un percance en la calle. Sin suficiente dinero en efectivo para pagar la grúa que me remolcaría, por fortuna, pasó un antiguo compañero del colegio, que insistió en darme el complemento. “¿Cómo hago para pagarte?” le pregunté. Me respondió que la noche siguiente estaría en su iglesia, pues habría una celebración especial. Percibí en él un afán para propiciar que me acercara al evento, pues hizo difícil encontrarlo en otro lado que no fuera ese. Pero confieso que en parte acepté llegar ahí, por curiosidad de ver lo que sucedía adentro del lugar que desde entonces, tanto y a tantos atraía. Esto habrá sido hace unos 10 o 15 años.