El andasolo de la cultura

Como Itzul, el andasolo  de la obra La mansión del pájaro serpiente,  el artista visual y arquitecto Élmar René Rojas ha caminado  muchas veces con ímpetu y en contacto con su entorno   natural en la promoción de la cultura y el arte, y en el ámbito político guatemalteco.

Los ambientes  de la  residencia  del pintor exhiben  varias  de  sus obras. (Foto Prensa Libre: Archivo)
Los ambientes de la residencia del pintor exhiben varias de sus obras. (Foto Prensa Libre: Archivo)

CIUDAD DE GUATEMALA- El andasolo no es otro que el coatí de nariz blanca (Nasua narica),   conocido  como pizote. Es también  una   figura  estilizada en piedra negra, esculpida por Rojas, que decora la mesa de centro de la sala de su residencia, donde recibe a  Prensa Libre.

¿Cómo nació su interés por la pintura?

Desde niño tuve inclinación hacia el arte, pero tengo claro que el ser humano nace con  genes que le facilitan lo que debe hacer. Ese es mi caso. Provengo de dos familias de artistas y músicos.

¿Hay más artistas en su familia?

En la  familia Azurdia, de mi madre, hubo  tremendos músicos que interpretaban marimba y sax.  Mi padre y un tío eran buenos  marimbistas y compositores. Mi primo mayor, Guillermo Rojas, dirigió  por muchos años la   Orquesta Rojas. Mi abuelo materno  pintaba  paisajes para los nacimientos de Navidad y modelaba    figuras de  pastores y ovejas;  yo le ayudaba, porque me gustaba trabajar el barro y él me estimulaba.

¿Qué otras ramas artísticas cultiva?

Primeramente, mi profesión de arquitecto, complementada con la maestría  en planificación urbana y rural, que estudié en la República Dominicana, con patrocinio de la  OEA. Toco piano, guitarra, sax, mandolina. He escrito canciones y    poesía.

Dicen los  expertos en arte que usted tiene una técnica para pintar muy particular.  

No pinto echando la pintura encima del lienzo, sino escarbando después de  haber echado muchas, muchas capas de pintura que se quedan abajo, como un mundo de colores. De niño, en Sumpango, pueblo de origen de  mi familia materna, yo miraba que para el día de la fiesta patronal pintaban   las paredes de adobe   de un color diferente todos los años. Pasados unos 15 años esos muros estaban cargados de pintura, y miraba como un camión u otro objeto las   raspaba,  dejando  ver un mundo de colores que se iban hacia el fondo del muro,  de allí parte mi técnica.

Su arte ha reflejado  la realidad de Guatemala.

He gozado  de la bondad maravillosa de mi país,  uno de los más hermosos del mundo, pero también uno de los más sacrificados y heridos. La vergüenza de Guatemala  son los partidos políticos y los gobiernos.  En 1970 hice una serie de obras  dedicada a las barbaridades y las matanzas grotescas que cometió el expresidente   Carlos Arana. Se exhibió en el Museo de América, en Washington D. C. Se  vendieron todos los cuadros,  cosa que ni por broma pensaba.  

¿Lo  tocó de cerca esa represión?

Tengo muchas anécdotas.   El 8 de enero de 1968 mataron a Rogelia Cruz, compañera de Arquitectura y   amiga íntima. La acusaron de guerrillera. Durante  12 o 14 años pinté temas de protesta por la violencia política, que me valieron amenazas y salidas   precipitadas del país.

   

¿Y el grupo Vértebra?

Lo fundamos en 1969, con Maco Quiroa y Roberto Cabrera. Coincidimos en  protestar por la violencia y corrupción de los gobiernos. Éramos tres curas dando misa, que también tuvimos problemas en lo personal.

¿Qué precio tiene uno de sus cuadros o esculturas?

Depende de la dimensión, y también de  factores como si es una obra premiada. Es preferible que esto esté en reserva.

¿Dónde hay obras suyas?

Rituales  se exhibe en el   Museo   Metropolitano de Arte de Nueva York, el más grande del mundo. Soy el único artista visual centroamericano con una obra en ese lugar. Se puede ver en la página web del museo.

Algunas de sus pinturas  se basan  en contenidos de fe. ¿Es usted religioso?

No soy religioso. No siento ningún placer de ir a misa, pero me conmueve  la devoción de los indígenas cuando rezan.  Veo en la  religión católica  cien años de matar gente en la guerra de las cruzadas; veo a un nazi politiquero en el anterior papa, y otro que estuvo encubriendo al arzobispo de Nueva York que era pedófilo.    Veo a ese  señor predicador que tiene una ciudad religiosa, para mí es una actitud  asqueante.  

Usted fundó el Ministerio de Cultura. ¿Cómo surgió?

Fue en 1986, durante el gobierno de Vinicio Cerezo. Fui  el primer ministro.  No fue fácil. Con mis contactos  y consultas en varios países estructuré los objetivos, como  dar atención a  la dignidad del guatemalteco, el resguardo del patrimonio cultural y acabar con la depredación del tesoro nacional.

¿Cuánto tiempo fue ministro?

Trece  meses, entre 1985 y 1986, pero salí defraudado, porque no vi voluntad para echar a andar el proyecto cultural que proponía y los militares ya se habían entrometido en el  Gobierno.

¿Aceptaría otra vez el cargo?

No, aunque me lo han ofrecido.  El Ministerio  está desprestigiado, y  los últimos presidentes  han sido  ignorantes en el rol cultural, solo se interesan en la politiquería, ni siquiera en la política como tal.

Compitió dos veces por la alcaldía. ¿Qué aprendió?

La primera, fue en 1985, con   la Democracia Cristiana. La segunda, en el 2008, con la UNE. Aprendí que en Guatemala ser artista es pecado, porque si yo me meto a político, tengo que ser un mediocre que no haga nada, porque si me ven tocando piano o guitarra o pintando, la gente dice: Lástima, es artista.

Frente a la Intolerancia -Convicción y  valentía-

Para sus obras, Élmar René  Rojas siempre ha encontrado inspiración  en la identidad nacional, pero también ha reflejado en ellas el momento político, su ideología, anhelos, pesares e indignaciones, que le han valido poner su vida en peligro.

Durante el gobierno del general Lucas García, en 1980,  Rojas recibió a un visitante en su residencia.  Era un hombre que le pidió hablar  en privado.

Caminando por las escaleras el visitante tropezó y Rojas lo sostuvo para que no cayera, de esa manera se dio cuenta de que el misterioso personaje llevaba en la cintura, bajo el saco, varias  granadas y una escuadra. —Vengo a eliminarlo—, le dijo.  —¿Eliminarme? ¿Por qué? —Usted es el que trae el dinero de Cuba para la guerrilla.

Rojas explicó que ha viajado muchas veces a esa isla,  incluso ha sido atendido personalmente por  Fidel Castro, pero sus visitas han sido para mostrar la cultura  de Guatemala por medio de sus pinturas, incluso en  la Casa de las Américas.

—Pero usted tiene mucha suerte—, enfatizó el siniestro mensajero.  Yo fui novio de una muchacha que trabajaba en las oficinas de la ONU, ella lo conoce y me ha pedido que no lo elimine. Le doy  una oportunidad.  Diré  que no lo encontré, pero es necesario que  hoy mismo salga del país, porque lo tenemos controlado. Usted no se puede esconder y tengo que cumplir la orden.   Esa misma noche, Rojas salió para Chicago,  en donde permaneció ocho meses.

En otra ocasión, en su oficina de arquitectura que se  ubicaba en el edificio Ruth, en la 9a. avenida y 13 calle,  zona 1, un grupo de hombres con apariencia de “judiciales” lo llegó a secuestrar.  Ni la presencia de miembros de la seguridad de su amigo Vinicio Cerezo, que llegaron para protegerlo, pudo evitar la detención.

Rápidamente Rojas fue introducido en uno de esos vehículos policiales llamados “perreras”  e incomunicado en una bartolina de paredes ensangrentadas, en el centro carcelario Santa Teresa. La intervención inmediata de su amigo periodista Carlos Toledo, quien fungía como secretario de la Presidencia de ese entonces, le salvó la vida.

PERFIL | TRAYECTORIA |

• Élmar René Rojas

• Nació en San Raymundo, en 1942.

• Se graduó de arquitecto en la Usac.

• Ha cursado estudios de Filosofía y Letras, y Ciencias Políticas y Sociales.

• Fundó el Ministerio de Cultura y deporte.

• Ganador del Gran Premio Iberoamericano de Pintura Cristóbal Colón,  España, en 1984.

“Para ser presidente solo se necesita tener 45 años y ser alfabeta.  Para cualquier empleo  piden maestrías”.