Vida

Cioran, melancólico maestro del aforismo

?Y es que no puedo hablar de lo que me afecta en lo más profundo -añadía- si no es a solas con alguien: ese momento en que dos soledades pueden comunicarse?.

Paradójicamente, Emile Cioran fue maestro del aforismo y logró la gloria utilizando literariamente el fracaso y el suicidio, de los que se decía adicto. A pesar de esta última preferencia, murió víctima de una enfermedad natural, a los 84 años, en un hospital de París.

Irónico, escéptico, sarcástico y febril denunciador de la miseria humana, habló de la inutilidad de escribir y publicó mas de quince libros. Se consideraba, orgullosamente, un discípulo del escritor argentino Jorge Luis Borges y afirmaba que el aforismo es un ?fuego sin llama?. Sus antecedentes filosóficos se remontan a Job, Schopenhauer y Nietzsche.

Prácticamente toda su obra está formada por una serie de pensamientos breves y agudos que tienden a mostrar los aspectos mas negativos del hombre.

Desde París, ?único lugar en el que la desesperación es agradable? y adonde había llegado procedente de su Rumania natal en 1937, Cioran fue forjando su reputación de amargo apóstol de la soledad.

Sus libros mas importantes fueron escritos en francés, idioma cuyo rigor consideraba ?inhumano e infernal?. Los críticos, sin embargo, lo consideran, junto a Valery, el más importante prosista en esa lengua de este siglo.

?Desconfíen del rencor de los solitarios que dan la espalda al amor, a la ambición, a la soledad -afirma en uno de sus aforismos-. Se vengarán un día de haber renunciado a todo eso?.

Una anécdota que solía relatar, lo pinta de cuerpo entero: ?Poco después de que apareciera en Francia mi libro ?Breviario de podredumbre?, cinco escritores que no me conocían me invitaron a almorzar. Durante las tres horas que duró la comida sólo hablé del ?bidet?. Ellos esperaban que hablase de mi libro. Aún recuerdo su expresión de desconcierto mientras yo continuaba explicando mi desprecio por los alemanes que no tienen ese artefacto higiénico?.

?Y es que no puedo hablar de lo que me afecta en lo más profundo -añadía- si no es a solas con alguien: ese momento en que dos soledades pueden comunicarse?.

?Por mucho que hubiera leído a pensadores con una concepción de la vida opuesta a la mía, no me hubieran influido. Nunca estuve tan cerca del suicidio como a los 20 años. Si en ese momento alguien me hubiera dicho que sobrepasaría los 30, le hubiera dado una bofetada?.

Creía Cioran que si uno tiene la idea del suicidio, la conserva siempre. ?Vivir con ese sentimiento es una cosa muy interesante -dijo en una ocasión-. Incluso, diría que estimulante?.

?Hará unos años -siguió- me encontré con un señor que quería suicidarse. Estuvimos dando vueltas y vueltas horas y horas. Le dije que mejor atrasara su suicidio, que en el fondo esa era una idea muy vital que había que aprovechar?.

En alguna de sus obras comparó el destino del hombre al de Rimbaud, por su carácter fulgurante y breve. ?Las especies animales -escribió- hubieran durado millones de años si el hombre no hubiera acabado con ellas, pero la aventura humana no puede ser indefinida. El hombre ha dado ya lo mejor de sí mismo. Todos sentimos que las grandes civilizaciones han quedado atrás. Lo que no sabemos es cómo será el fin?.