La capacidad del ser humano para acordarse de las cosas, o sea, lo que se entiende por memoria, tiene cinco niveles. Cada vez que algo nuevo se cruza en el camino, sea un dato trivial o un manual de historia, puede atravesar todos estos peldaños o quedarse a la mitad.
El primer nivel, simple e inconsciente, es el de registro y no es más que la capacidad para añadir cualquier material nuevo a la memoria. Por ejemplo, alguien menciona el título de un libro y el receptor escucha ese nombre sin más.
El segundo es el nivel de retención y define el proceso consciente en el que se acumula información con la intención de recuperarla cuando se quiera. Siguiendo con el mismo ejemplo, el receptor repite para sí mismo el nombre del libro o intenta asociarlo con alguna imagen para recordarlo.
Luego viene la recuperación, es decir, la capacidad para obtener ese material después de haberlo memorizado. El receptor podría decir el título en una librería.
El cuarto nivel es el recuerdo. En esos momentos, se sabe que se podrá volver al nombre del volumen siempre que se desee, como al cabo de siete meses cuando, estando en la tienda y no sabiendo qué comprar, de pronto rememora el título de aquella obra.
El último estadio es el del reconocimiento cuando no sólo se sabe el nombre del libro, sino que al recordarlo se visualiza a la persona que habló de él…e, incluso, en ocasiones, de la época del año que era y de lo que llevaba puesto. Si a esas alturas ya se ha leído el libro, el recuerdo será completo.
Registro inconsciente
Hay dos tipos de despistes. Los primeros son aquellos en los que el recuerdo no supera el paso entre el primer y el segundo nivel de memoria, es decir, datos que no son retenidos aun siendo importantes. Tan solo que se quedan en el registro inconsciente. En algunas personas puede que sea un problema físico.
Las dificultades de visión o auditivas provocan falta de retención y, del mismo modo, una lesión cerebral puede ser el origen de múltiples defectos de concentración y memoria. En mentes sanas, el no saltar este primer nivel es básicamente voluntario.
El sujeto no tiene la motivación suficiente como para recordar esa determinada información…y no lo hace.
Por esta razón, es lógico que se acuerde de una cita que le interese mucho y desconecte cuando le avisen que operarán a la tía abuela de alguien.
Si realmente uno pretende no despistarse, debe intentar asociar este dato con una motivación última. Según Alan Baddley, profesor de Psicología de Bristol (Reino Unido) y autor de Human Memory, ?la concentración es también mucho más fácil cuando implica atención y captar distintos tipos de datos?.
No encuentro información
El segundo tipo de despistes engloban los que no pasan del segundo al tercer nivel. Se retienen de entrada, pero luego el sujeto es incapaz de rescatar la información en el momento oportuno. Sabe, por ejemplo que el martes tiene que visitar a alguien, pero llegado ese día la información no vuelve a él. En la mayoría de las ocasiones esto pasa porque los datos no han superado el proceso de mecanización.
De algún modo, el cerebro no ha invertido ni el tiempo ni el esfuerzo necesario en automatizarlos. Si es éste el caso, lo más recomendable es llevar a cabo ejercicios, como los de asociación semántica o la asociación de conceptos, para buscar el dato cuando realmente se necesite.
Técnicas
Los especialistas recomiendan, si usted es olvidadizo u olvidadiza, efectuar algunos ejercicios.
Asociar conceptos. Es la que mejor funciona. Se trata de imaginar asociaciones de cosas. Por ejemplo, si quiere recordar que por la mañana debe colocar el plato de comida del gato, una buena manera de hacerlo es imaginarse la tapa del inodoro -algo que utilizamos por pura necesidad y a menudo- con el gato encima.
Imaginar una escena animada. En algunas personas funciona aún mejor que esta asociación tenga vida de algún modo. En el mismo caso de antes, el de la comida del gato, el recordatorio puede surtir mejor efecto si nos imaginamos al felino comiéndose la tapa del inodoro porque no tiene nada que llevarse a la boca.
Cadena de secuencias. Se consigue que un acto lleve a otro. Se debe respetar un orden establecido sin saltárselo nunca. Si antes de salir de casa se debe fregar la taza de café, apagar la televisión y tomar las llaves, para evitar que nada de esto se olvide bastará repetirlo cada día y en el mismo orden.
Nombres y objetos. Es más sencillo recordar que el nombre de una mujer es Rosa si, al presentárnosla, llevaba una camisa roja.
Repetir una acción. Se trata de hacer unas 10 veces y a la misma hora algo que es fácil olvidar hasta convertirlo en una acción tan normal que no requiera ningún tipo de concentración.
Buscar una motivación. Hacer de cuenta que todo lo que debemos recordar no dejará algún beneficio.