“La infidelidad no significa el fin de una relación”

Una aventura amorosa de la pareja suele ser para muchos el fin de un fin de una relación. No necesariamente, incluso puede mejorar la relación o el matrimonio.

Una aventura amorosa de la pareja suele ser para muchos el fin de un fin de una relación. No necesariamente. (picture-alliance/dpa/C. Klose)
Una aventura amorosa de la pareja suele ser para muchos el fin de un fin de una relación. No necesariamente. (picture-alliance/dpa/C. Klose)

Cuando Stephan salía de fiesta toda la noche, María no podía dormir. El temor de que su novio pudiera terminar en la cama de otra mujer en lugar de volver a casa la mantenía despierta. Finalmente es lo que sucedió: Stephan tuvo una aventura amorosa, la confesó y el mundo de María se derrumbó.

Para muchas parejas, el cuento termina aquí. La infidelidad se siente como algo demasiado grande y destructivo. María y Stephan, sin embargo, siguen juntos. Y no solo eso: doce años y dos hijos más tarde, María dice que esa experiencia  incluso fortaleció la confianza en la relación entre los dos. ¿En serio?

Todos somos aventureros

Kristin Gilbert, psicóloga y psicoterapeuta, también se ocupa de la cuestión de qué motiva a la gente a ser infiel. Hace más de diez años investigó, junto con colegas, en la universidad técnica de Braunschweig las circunstancias que favorecen una aventura amorosa.

Utilizando los datos recogidos en el estudio, los científicos desarrollaron una terapia especifica para parejas cuya relación ha sido sacudida por la infidelidad. La conclusión de Gilbert: Todos podríamos ser en algún momento infieles. Al menos cuando ciertos factores de riesgo de juntan.

Aquellos que, como Stephan, les gusta salir de fiesta, tienen muchas más oportunidades que aquellos que raramente salen de su microcosmos. Gilbert llama a esto “factores de riesgo contextuales”.

Pero las oportunidades por sí solas, por supuesto, no conducen a la infidelidad. “A menudo la satisfacción con la pareja y especialmente la satisfacción sexual era baja”, cuenta Gilbert sobre los resultados de las entrevistas del estudio. Así como esta satisfacción a menudo disminuye con la duración de la relación, así también aumenta la voluntad de ser infiel. La psicóloga habla de “factores de riesgo de la pareja”.

Los niños generalmente aumentan este riesgo. Stephan fue infiel solo uno pocos meses después del nacimiento de su primer niño. “Él estaba al fin de mi lista de prioridades”, dice María. Lo que traumatizaría a muchas mujeres por el resto de sus vidas, María lo parece haber superado. ¿Cómo lo consiguió?

Libertad a través de la infidelidad

Al menos, no sin terapia de pareja, dice María. Con la ayuda de los terapeutas, María y Stephan observaron los hábitos que influyeron decisivamente en su comportamiento como pareja. Esto es lo que Kristin Gilbert resume en “factores de riesgo individuales”.

“Un punto importante es el concepto de lealtad: cuanto más liberal sea mi actitud hacia la monogamia y la lealtad, más probable es que sea infiel”, dice Gilbert. Otro motivo importante para los entrevistados por los científicos fue su deseo de libertad y autonomía.

Esto también fue el caso con Stephan: Durante la terapia, se dio cuenta de que tan pronto como vio su libertad en peligro, destruyó repetidamente cosas que eran importantes para él. Al final, no sólo hizo daño a los demás, sino también a sí mismo.

Perpetrador y víctima – ¿quién es quién?

El tramposo es el perpetrador, y la persona estafada es la víctima. Así piensan todos. María también se sentía como víctima. Es verdad. Pero no es toda la verdad.

“Hay dos aspectos que deben distinguirse”, dice el psicólogo y terapeuta de parejas Hans-Georg Lauer. Por supuesto, aquellos que dan el paso y engañan se convierten en perpetradores. Sin embargo, ambas personas en una pareja están involucrados en la dinámica de las relaciones, que a menudo constituyen el caldo de cultivo y la causa de la infidelidad, según Lauer. Eso no es una mala noticia para María. Después de todo, cuando hay responsabilidad, también hay margen de maniobra. María también sentía lo mismo: “Me sentí totalmente aliviada al darme cuenta de que no soy solo una víctima”.

“La infidelidad no significa el fin de una relación”, dice Lauer. Lo primero que hay que hacer es restablecer un mínimo de confianza. “Esto requiere abrirse”, dice Lauer. En sus sesiones de terapia, los engañados pueden hacer preguntas. “Esto refuerza la comprensión mutua”, explica el psicólogo. Además, hace que las parejas puedan volver a hablar. Un requisito previo importante para la posible reanudación de la relación.

Hablar, hablar, hablar

“Una pareja que atraviesa una crisis conjuntamente puede dar un salto cualitativo”, dice Lauer. Esto es lo que ocurrió con María y Stephan. La infidelidad ya no es tema en su relación. Esto no es sólo porque María ha perdonado a su esposo y ambos están mucho más conscientes de sus hábitos que antes.

Es también porque María superó su sentimiento de inferioridad. “Siempre pensé que, si él me engañara, no podría soportarlo. Eso me mataría”. Pero sobrevivió. Cuando María habla hoy de uno de los momentos más difíciles de su vida, suena agradecida de que todo esto haya sucedido exactamente de la manera en la que sucedió.

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