Toque de queda: ¿el arma más eficaz para cercar al coronavirus?

Europa vuelve a decretar toques de queda en medio de la segunda ola del coronavirus y los latinoamericanos temen una situación similar. El virólogo alemán Felix Drexler nos explica qué tan efectiva es esta severa medida.

DW: Doctor Drexler, España está registrando alrededor de 20 mil contagios diarios, Francia batió su récord con 50 mil nuevos casos. Ante esas cifras, sus gobernantes optan por toques de queda, ¿por qué?

Felix Drexler: Esto ocurre, generalmente, porque una parte de la población no hizo caso al confinamiento para poder bajar la tasa de contagios. Los gobiernos ven el toque de queda como una última solución para mantener el sistema de salud funcionando. El gran peligro de la primera ola en Europa y en América Latina fue la sobrecarga que hubo en los hospitales.

¿Y qué tan efectivo es mantener un toque de queda?

No hay duda de que es un instrumento muy eficaz para bajar la cifra de contagios. Una semana después, esto ya se puede ver reflejado en el número de ingresos a los hospitales, a emergencias y a la unidad de cuidados intensivos. El problema es que viene con un costo muy elevado que, como hemos visto en Alemania, Europa o América Latina, afecta a la sociedad en general, y no sólo a la economía.

Después de cierto punto, un toque de queda es una herramienta, tal vez, inevitable. Es un mal necesario, pero la pregunta es: ¿podemos hacerlo mejor?, ¿más inteligentemente que la primera vez? Quizás no se debería poner a todo un país en toque de queda, pero sí a las regiones más afectadas, con una estrategia más focalizada. Podría ser un toque de queda de dos o tres semanas y después dejar uno más “suave”.

También están las consecuencias negativas, como los casos de violencia que se registran en muchos países de América Latina, la región más confinada en la pandemia… 

Nunca había sido tan alto el número de divorcios, de violencia contra la mujer y contra niños o de suicidios. La gente está harta de quedarse en casa, se sienten frustrados.Pero, ¿cuál es la alternativa? Esta habría sido mantener el distanciamiento social y usar mascarilla, pero esto en gran parte de la población latinoamericana, como en la europea, no siempre funciona.

¿Qué tan importante es tener una coordinación entre autoridades para dictar normas claras, además del toque de queda?

Si la población no entiende bien las medidas, eso contribuye a que no las acepten, sobre todo los más jóvenes se sienten menos vulnerables. Ahora, los gobiernos en Europa están intentando mejorar su estrategia para mantener un confinamiento “suave”. A diferencia del primer confinamiento, esto ahora tiende a ser más focalizado para no afectar a todos los sectores de la economía.

Lo ideal también sería una coordinación entre las autoridades sanitarias, con refuerzos en la atención primaria y con rastreadores. El problema es que hasta ahora, al menos en Alemania, no ha sido posible. El sistema de salud pública de Berlín está buscando personal, porque hay cientos de plazas que no están cubiertas. En la primera ola se hizo un gran esfuerzo en conseguir personal, como, por ejemplo, recién egresados, pero lamentablemente en los meses de verano, que aparentemente fueron tranquilos, no se consiguió superar esa deficiencia en nuestro sistema sanitario.

¿La detección precoz sería, entonces, la principal garantía para frenar el COVID-19?

El control sanitario para identificar casos, testear, rastrear los casos e interrumpir cadenas de contagios son herramientas esenciales y muy útiles. El problema es que no tenemos las armas suficientes en caso de que entremos en una fase donde el número de contagios aumente muy rápido. Las medidas de restricción no se toman por gusto, sino porque no hay muchas alternativas. Las restricciones son lamentables, pero hay que aprender algo de esta pandemia. Uno de los aprendizajes debe ser aumentar el salario y mejorar las condiciones de trabajo en el sistema de salud, porque obviamente hay una razón por la que los colegas no quieren ingresar a esta carrera. Esto ocurre en Alemania como en el resto del mundo.

En general, muchos le echan la culpa a los jóvenes de ser transmisores del virus por asistir a fiestas,,¿qué le parece esa afirmación?

Hay que tener mucho cuidado de no ser arrogantes y culpar de todo solamente a una parte de la población. Es verdad que hemos visto más gente joven participando de fiestas pero, en general, existe gente de distintas edades que no acepta las medidas de restricción. Eso es un fenómeno mundial. Echar culpas no funciona. Uno no solo se debe cuidar así mismo, sino ser solidario con los otros. Y esto está siendo un poco difícil, porque no estamos llegando a todos los sectores de la población. Llegábamos mejor en la primera ola. Algo que sí me llamó la atención fue, por ejemplo, cuando los líderes de laboratorios sanitarios de Bolivia me contaron que muchos jóvenes bolivianos no quieren testearse más, rechazan ir a centros de recuperación o estar en aislamiento. Esto sí es un riesgo que afecta a todos.

Mientras que en algunos países sudamericanos los contagios están disminuyendo, Argentina registra un gran aumento de casos y ya es uno de los países más afectados a nivel mundial. ¿A qué cree usted que se debe?

Es muy triste la situación en Argentina. A pesar de tomar medidas muy severas, no se pudo controlar el aumento de casos, , pero aquí vemos nuevamente algo muy propio de América Latina, que es la imposibilidad de controlar los contagios a pesar de un toque de queda estricto. Así lo hemos visto en Perú, Chile, Ecuador o Colombia. El mercado informal y la geografía de los países no permitieron que se tenga el éxito esperado.

¿Deberían prepararse los latinoamericanos para próximos toques de queda?

Yo creo que sí. Entre América Latina y Europa hay diferencias económicas enormes, pero culturalmente somos muy parecidos. Algunas regiones latinoamericanas fueron especialmente afectadas y, tal vez, ciudades como Guayaquil no tengan otra vez un aumento tan brutal de casos y, en consecuencia, no haya un toque de queda, pero quizás sí en otras ciudades o en países de los que no escuchó mucho durante la primera ola. Y eso ya está ocurriendo, por ejemplo, en Costa Rica, que en la primera ola no fue muy afectado, pero ahora está registrando un fuerte aumento de casos. No se deben confiar las otras regiones que no fueron tan afectadas en la primera ola. Ojalá se pueda lograr en la segunda ola europea establecer medidas de restricción más flexibles, que también puedan ayudar en el futuro en el contexto latinoamericano.

El Dr. Felix Drexler, virólogo y profesor de la prestigiosa Clínica Universitaria Charité de Berlín, es consejero científico de la Corporación Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ) y dirige delegaciones que ayudan a los gobiernos latinoamericanos en su lucha contra el nuevo coronavirus. Drexler tiene amplia experiencia profesional en América Latina, donde también llevó a cabo proyectos para combatir el zika.