Danilo Sandoval, afinador de pianos. Entrevista para edici—n dominical. 



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Afinadores de instrumentos: pocos, pero expertos

29 de marzo de 2026

En el Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala, entre el tránsito constante, los vendedores ambulantes y los edificios que resguardan décadas de historia existen espacios donde el tiempo parece moverse a otro ritmo. Son lugares donde el sonido no surge al azar, sino que se construye con precisión, paciencia y oído entrenado. Allí, lejos del bullicio inmediato, se preserva un oficio silencioso pero esencial: el arte de afinar instrumentos musicales

Este recorrido empieza en un taller discreto de la zona 1 capitalina, continúa en un salón del Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara y se traslada hasta una vivienda en la zona 18. Tres escenarios distintos, tres protagonistas, pero una misma vocación: escuchar, afinar y devolverle vida al sonido.

El taller

En la 6a. calle y 3a. avenida, zona 1 capitalina, se encuentra Luthier Studio, el espacio de trabajo de Luis López Quin. A simple vista, el lugar pasa desapercibido. Sin embargo, al cruzar la puerta, el ambiente cambia de inmediato: guitarras colgadas en las paredes, violines alineados con precisión y algunos instrumentos de viento que completan el entorno. En otra pared se resguardan instrumentos de cuerda tradicionales de Guatemala y algunos de viento, como la chirimía. El aire huele a madera, barniz y metal.

López Quin atiende con serenidad. Viste una gabacha de tela con cinturones de cuero que le permiten sostener herramientas y proteger su ropa durante las reparaciones. En sus manos, durante toda la entrevista, abraza un violín.
No lo suelta. Lo observa, lo gira, lo toca.

Es evidente que no es solo un objeto de trabajo, sino una extensión de su oficio.
En su caso, el proceso inicia con una observación general del instrumento. Revisa el estado de las cuerdas, el puente, el alma —una pequeña pieza de madera en el interior del violín que transmite la vibración—, la cejuela y las clavijas. Cada uno de estos elementos influye en el sonido.

Si una cuerda está desgastada, no basta con afinarla: debe sustituirse. Si el puente está mal colocado o inclinado, la afinación pierde estabilidad. Si el alma está desplazada, el sonido cambia completamente.
“Uno primero observa cómo está respondiendo el instrumento”, explica, mientras hace vibrar una cuerda. “Hay que ver si el sonido está opaco, si está muy brillante o si está desbalanceado”.

Luego viene el ajuste. Las clavijas se giran para modificar la tensión de las cuerdas, pero también se utilizan los afinadores finos —pequeños tornillos en el cordal— para lograr mayor precisión. En instrumentos más complejos, también se corrige la posición del puente y, en algunos casos, se interviene el alma con herramientas especializadas.

En el caso de guitarras, el proceso incluye revisar el diapasón, los trastes, la altura de las cuerdas —acción— y la entonación, que determina si el instrumento suena afinado a lo largo de todo el mástil. “No es solo que suene bien en una nota, sino en todas”, señala.

Para los instrumentos de viento, como flautas o clarinetes, la afinación implica revisar boquillas, llaves, zapatillas y el sellado del aire. Una pequeña fuga puede alterar completamente el sonido. En todos los casos, el oído es la herramienta principal. Aunque existen dispositivos electrónicos, López Quin insiste en que la afinación real se logra al escuchar.

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Luis López Quin muestra un violín que recién afinó en su taller Studio Luthier. (Foto Prensa Libre: Esbin García)

El rescate

A una cuadra de distancia, en la 5a. calle y 3a. avenida, en la misma zona, el ambiente cambia, pero la esencia se mantiene. En el Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara, un salón con pupitres alineados y una pizarra al fondo se convierte en un espacio de intervención técnica. Allí trabaja Danilo Sandoval. Revisa, ajusta y prueba cada componente con atención. Vivió durante 28 años en Austria, y regresó a Guatemala para participar en un proyecto de restauración impulsado por el Ministerio de Cultura y Deportes. Su tarea consiste en intervenir 11 pianos con alrededor de 70 años de antigüedad.

El proceso implica restaurar, corregir y devolver funcionalidad a instrumentos que han acumulado décadas de uso y desgaste. Algunos presentan fallas estructurales; otros han perdido su capacidad sonora con el tiempo.
“Afinar no es solo ajustar notas”, explica, mientras presiona una tecla y escucha con detenimiento. “Es entender cómo responde el instrumento”. El técnico alterna entre la práctica y la explicación. Toca una nota, observa la reacción, ajusta una cuerda, vuelve a probar. El proceso se repite una y otra vez. Frente a él, un piano abierto deja ver su estructura interna: cuerdas, martillos, apagadores, clavijas de afinación y la tabla armónica.

El proceso de afinación inicia con un diagnóstico. Sandoval escucha cada nota y evalúa su estabilidad. Luego revisa las clavijas, que son las piezas metálicas donde se enrollan las cuerdas. Con una herramienta llamada llave de afinación, ajusta la tensión para corregir el tono, pero el trabajo no termina ahí.

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El pianista Danilo Sandoval afina uno de los pianos antiguos del Conservatorio Nacional de Música.

(Foto Prensa Libre: Esbin García)

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Danilo Sandoval está en Guatemala para afinar y restaurar 11 pianos con antigüedad de 70 años.

(Foto Prensa Libre: Esbin García)

“El piano no solo se afina, también se entona”, explica. La entonación implica intervenir los martillos, que son las piezas que golpean las cuerdas. Estos están cubiertos de fieltro, y su estado influye en el timbre del sonido. Si el fieltro está muy duro, el sonido será brillante; si está muy blando, será opaco.

Para corregirlo, el técnico utiliza agujas especiales para modificar la densidad del fieltro. Este proceso se conoce como voicing. También revisa los apagadores, que son los encargados de detener la vibración de las cuerdas. Si no funcionan correctamente, el sonido se prolonga más de lo debido.

Otro elemento clave es la regulación, que consiste en ajustar la mecánica del teclado: la altura de las teclas, la distancia de los martillos y la respuesta del mecanismo. Cada ajuste busca equilibrio.
Sandoval trabaja nota por nota, comparando intervalos y corrigiendo desviaciones mínimas. El proceso puede tomar horas o incluso días, dependiendo del estado del instrumento.

En pianos antiguos, como los que está restaurando, también se interviene la tabla armónica, que amplifica el sonido. Si presenta grietas o deformaciones, el resultado final se ve afectado. El objetivo no es solo que el piano esté afinado, sino que suene de manera uniforme en todos sus registros.

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"Afinar no es solo ajustar notas. Es entender cómo responde el instrumento”
Danilo Sandoval, pianista

La marimba

El recorrido se traslada hacia la zona 18, en la colonia Santa Faz. Allí, en una vivienda de ambiente familiar, el sonido adquiere otra dimensión. Al abrir la puerta de la casa de Vitelio Fuentes Orozco, el visitante entra directamente a la sala. Las paredes están cubiertas de reconocimientos que evidencian una larga trayectoria. En el centro del espacio, una marimba ocupa el lugar principal. Es ahí donde se desarrolla la entrevista.

Fuentes Orozco recibe con entusiasmo. Es jovial, cercano, expresivo. Su casa no es solo un hogar, sino también un espacio de creación y práctica. Antes de iniciar la conversación, toma una decisión: cambia de vestimenta. Considera que la ocasión lo amerita. Se coloca saco y corbata. El gesto refleja la importancia que le da al momento.
La marimba, instrumento emblemático de Guatemala, no funciona con cuerdas tensadas, sino con un sistema de teclas de madera y cajones de resonancia.

El proceso inicia con la revisión de las teclas. Cada una produce una nota específica, y su afinación depende de su grosor y forma. Si una tecla está alta —es decir, suena más aguda de lo debido—, se desgasta la orilla. Si está baja, se trabaja el centro. “Es contradictorio, pero así es”, explica.

El ajuste se realiza manualmente, al lijar o tallar la madera con precisión. Un error puede alterar completamente el tono. Luego están los cajones de resonancia, ubicados debajo de cada tecla. Estos amplifican el sonido y deben estar ajustados al tono correspondiente. Fuentes Orozco explica que, al fabricarlos, es necesario adelantarse medio tono para lograr el ajuste final correcto.

Otro elemento fundamental es el cordel, que sostiene las teclas y permite que vibren libremente. Si la tecla está presionada, el sonido se pierde. También intervienen las clavijas, que mantienen la estructura y la tensión del sistema.
En cuanto a la ejecución, las baquetas representan un papel clave. Cada registro —piccolo, centro armónico y bajo— requiere un tipo distinto, con variaciones en tamaño, peso y material.

El marimbista también menciona el “charleo”, producido por una membrana colocada en los resonadores. Ese sonido depende de la tensión de la tela y del ajuste con cera de colmena. Todo el sistema debe estar en equilibrio.
La afinación de una marimba no es solo técnica, es artesanal, detallada y profundamente ligada al oído.

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Vitelio Fuentes Orozco es compositor y afina marimbas, talentos que desarrolló de niño.

(Foto Prensa Libre: Esbin García)

Oficio y técnica

A pesar de las diferencias entre los instrumentos, hay un principio común: la escucha. Cada especialista observa, diagnostica y corrige desde su experiencia. López Quin ajusta cuerdas, puentes y estructuras internas. Sandoval trabaja con tensiones, martillos y mecanismos complejos. Fuentes Orozco talla madera, regula resonadores y equilibra vibraciones. Tres caminos distintos, un mismo objetivo: que el instrumento suene como debe ser.

En un contexto donde la tecnología ha simplificado procesos, la afinación mantiene un componente artesanal difícil de sustituir. Existen herramientas electrónicas que permiten medir con precisión el tono. Sin embargo, como coinciden los entrevistados, el oído sigue siendo fundamental.

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En su taller, Luis López Quin muestra una guitarrilla.

(Foto Prensa Libre: Esbin García )

La diferencia está en la interpretación. Un aparato puede indicar si una nota está afinada, pero no puede determinar si el sonido es el adecuado dentro del conjunto. Ese criterio se construye con el tiempo. Se adquiere con experiencia, con práctica, con ensayo y error. Cada instrumento es distinto y, por lo tanto, la intervención requiere una decisión. En ese sentido, la afinación no es un procedimiento automático, sino un proceso dinámico

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Vitelio Fuentes Orozco muestra una estatuilla tallada en madera de un mozo cargando una marimba, escena de la década de 1950.

(Foto Prensa Libre: Esbin García)

Patrimonio

La música forma parte de la identidad cultural de un país. En Guatemala, la marimba es símbolo nacional, pero también lo son los instrumentos que acompañan otras expresiones. Preservarlos es una responsabilidad compartida. El trabajo de afinadores, lutieres y músicos permite que esa herencia continúe vigente. Cada instrumento restaurado, cada ajuste preciso, contribuye a que la música siga sonando. No se trata solo de mantener objetos, sino de conservar una tradición. En ese sentido, el sonido también es patrimonio.

Al final del recorrido queda claro que la afinación es mucho más que un proceso técnico. Es un oficio, un arte, una práctica que requiere paciencia, conocimiento y sensibilidad. En el taller de la zona 1, en el salón del conservatorio y en la casa de la zona 18, el sonido se construye de maneras distintas, pero con un mismo propósito: que cada instrumento cumpla su función, que suene como debe sonar. En un mundo donde todo parece avanzar con rapidez, estos espacios recuerdan que hay procesos que no pueden acelerarse, porque afinar, en esencia, es aprender a escuchar.

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Danilo Sandoval está vinculado al piano desde la niñez y lo llevó a Austria.

(Foto Prensa Libre: Esbin García)

ESCRITO POR:

Edwin Pitán

Periodista de Prensa Libre y Guatevisión desde hace 14 años. Especializado en radio, prensa y televisión. Periodista del año de Prensa Libre en 2018. Productor de la emisión en directo de Noticiero Guatevisión.