El estudio, en el que también participaron investigadores de la Empresa Brasileña de Pesquisa Agropecuaria (Embrapa) , fue realizado con imágenes de satélite y visitas al campo en los 719 mil 210 kilómetros cuadrados de la Amazonía que habían sido talados hasta el 2008.
Esa área devastada hasta hace tres años corresponde a cerca del 18 por ciento de toda la selva amazónica en Brasil.
Según el estudio, del total de áreas destruidas en la Amazonía, la mayor selva tropical del mundo, un 46 por ciento está ocupado actualmente por pasto limpio, es decir por terrenos en que fue hecha una inversión para prepararlos para la cría de ganado.
El restante 15 por ciento de áreas cubiertas de pastizales es de pastos ya degradados o abandonados.
Apenas un 0,5 por ciento de las áreas taladas fue usada para la construcción de ciudades y un 0,1 por ciento para actividades mineras.
Los autores del estudio reconocieron que no pudieron establecer el actual uso del 6,3 % de la Amazonía destruida por falta de visibilidad de los satélites o por el difícil acceso.
Según el director del INPE, Gilberto Cámara, el resultado del estudio demostró que, pese a que Brasil es el mayor productor mundial de carnes y cuenta con el mayor rebaño del mundo, la productividad pecuaria en la Amazonía es baja.
“El estudio muestra que la pecuaria en Brasil aún hoy es extensiva y que es necesario adoptar políticas públicas que permitan mejorar el uso de la tierra que le fue robada a la naturaleza” , afirmó Cámara en una rueda de prensa.
Las tierras utilizadas para la pecuaria en la Amazonía tienen en promedio apenas una cabeza de ganado por hectárea y esas áreas muchas veces son abandonadas por la falta de productividad.
“Menos de una cabeza por hectárea es algo inaceptable. Es un desperdicio substituir la selva por algo que no le da retorno al país” , dijo por su parte la ministra de Medio Ambiente, Izabella Teixeira.
Según Cámara, el estudio igualmente demostró que la deforestación, al contrario de lo que alegan los defensores de la tala, no generó desarrollo económico para el país.
“No aprovechamos la selva destruida para su uso más productivo, que sería la agricultura (4,9 %)” , dijo.
Teixeira agregó que los datos dejan sin peso los argumentos de quienes defienden una flexibilización del Código Forestal para permitir el aumento de las áreas de cultivo en el país.
“Esta probado que las tierras desforestadas en la Amazonía no son usadas para la agricultura” , según la ministra.
“Brasil no tiene razones para flexibilizar. No hay ninguna razón para aumentar la tala. Ya tenemos área suficiente para aumentar la producción” , coincidió el ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación, Aloizio Mercadante.