Fallece Raymundo Coy, uno de los legendarios actores del teatro guatemalteco

El teatro guatemalteco está de luto. Este 21 de agosto, la Asociación Nacional de Actores y Técnicos (ANAYT) confirmó la muerte del artista guatemalteco Raymundo Coy, de 74 años, quien estuvo hospitalizado varias semanas luego de haber sufrido violencia física durante un asalto.

El actor guatemalteco Raymundo Coy falleció a los 74 años. (Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)
El actor guatemalteco Raymundo Coy falleció a los 74 años. (Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)

El artista nacional participó en películas como Looking for Palladin, Donde Acaban los Caminos, Las cruces y Cápsulas, así como en más de 250 de obras de teatro.

Desde la adolescencia su vida giró en torno a los escenarios. Raymundo Coy actuó en teatro y cine. Desde la década de 1960, la Universidad Popular fue el lugar donde más veces se presentó y donde permaneció como parte del elenco.

La zona 7

“Me llamo José Raymundo Coy Pérez. Artísticamente solo soy Raymundo Coy”, dijo el artista durante la última entrevista que concedió a Prensa Libre en junio recién pasado.

Nació en la ciudad de Guatemala y fue aquí donde desarrolló  su actividad.

“Me dedico al teatro. Este es mi año sabático porque me operaron de cataratas en los ojos; la recuperación es bastante tardada, entonces no puedo ensayar”, comentó.

“Nací el 15 de marzo de 1945. Mi madre era quetzalteca y mi padre de Mixco, solo el apellido quedó allí, en la finca Lo de Coy. Él vino a la capital, conoció a mi madre y nacimos tres hermanos”.

Sus padres fallecieron cuando él tenía cinco años, y una tía lo crió, en la colonia Landívar, zona 7.

“Allí crecí, jugué futbol, estudié la primaria y gracias a eso es que hago teatro, porque cuando yo estaba en la escuela daban artes y oficios, los sábados y domingos en la mañana. Los sábados iba a aprender sastrería y los domingos carpintería”, recordó  el artista.

Rafael Pineda y Raymundo Coy en “El Señor Presidente”. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

 

La UP

“Llegó el momento en el que profesor nos dijo: ‘Señores, ya más o menos saben hacer camisas y pantalones. El que quiera, en la Betancourt, en la zona 3, puede ir a aprender más’. Yo me planteé seguir aprendiendo sastrería, cuando llegué a la Betancourt, en 1959, no encontré al maestro de sastre, solo vi a un señor altote, canchote, blanco. Le dije, ‘perdone, ¿el sastre?’, ‘él no viene hoy’, me dijo. Entró a su clase y yo me quedé oyendo, me asomé. Vi que estaban ensayando una obra, y me quedé. Él me dijo, ‘venga, vamos a ver cómo lee’. Le conté que había recibido unas clases de radioteatro con doña Martha Bolaños de Prado en la radio TGW. Me preguntó si quería quedarme y ahí empezó mi aventura en el teatro”, dijo Coy.

El maestro que encontró fue el actor y director Manuel Lisandro Chávez.

La época dura

En 1960, el maestro Chávez se trasladó a la Universidad Popular. Se mudó con el grupo Thalía y en la UP conoció a otros directores. “Me fui a trabajar al teatro de Correos, fui al Teatro de los Trabajadores y el teatro de los maestros, que se llamaba Grupo Gema (Grupo Escénico del Magisterio)”.

Después lo llamó el difunto de cine Rarafel Lanuza para que lo fuera a ayudar como técnico. Le dijo que tenía talento y lo motivó. “Entonces me inscribí en la academia (de la UP) en el 1966 y me quedé en el teatro”.

Raymundo Coy fue una de las personalidades que destacó en el teatro guatemalteco. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

 

Comenzó como actor de elenco

“Aquí entré y de una vez al escenario, porque da la casualidad de que Rubén Morales Monroy (actor y director) fue alumno de Chávez. Cuando vine a la UP me dijo que yo ya sabía actuar y debuté con la obra M’ijo el bachiller, de Galich”.

Antes había actuado en otras obras, con otros grupos y en otros escenarios. En la misma época que actuaba en teatro trabajaba en una textilería como dibujante. “Ensayábamos las obras de 9 a 12 de la noche. A esa hora salíamos y nos íbamos a pie hasta la zona 7, no corría uno riesgo”.

En la década de los 70 el tema político era difícil en Guatemala y esto afectó al teatro. “Aquí en la UP hubo un cambio tremendo porque antes se presentaban obras románticas. Esa época cambió y se hicieron obras en contra del sistema que estaba en ese momento. Se llevó a escena El señor presidente, Torotumbo y Ahora vuelven a cantar. El teatro en sí dio una vuelta completa, y el hostigamiento llegó a la UP.

“Cuando se puso en cartelera El corazón del espantapájaros, de Hugo Carrillo, le prendieron fuego a la UP. Solamente dimos 10 funciones, fueron momentos difíciles. Recuerdo un domingo que estaba lleno el teatro y Rubén (Morales Monroy) nos dijo: ‘acaban de llamar y dicen que hay gente adentro, armada, y si presentamos la obra van a matar a un actor’. Todos decidimos llevarla a cabo, y gracias a Dios no pasó nada; eso sí, afuera estaban esperándonos”.

Raymundo Coy dejó un legado en el teatro guatemalteco. (Foto Prensa Libre: Hemeroteca PL)

 

“Ya habían matado en el Paraninfo a un montón de gente de teatro. Varios universitarios que hacían teatro ya habían salido. Nalga y pantorrilla (compañía teatral) tuvieron que irse y otros murieron”, recordó

En los 70 la dramaturgia tomó fuerza y las obras se presentaron en distintos escenarios. Después de esa época el teatro se encaminó más a la comedia.

Coy actuó en El pescado indigesto, de Galich, una obra que ha trabajado en tres ocasiones. “Empecé haciendo de plebe, después a otro puesto y por último el central. Ese papel es difícil de interpretar porque los diálogos hay que llevarlos como los puso el autor”, enfatizó.

Estar haciendo un teatro tan intenso, de denuncia, desafiante, le costó la vida o el exilio a muchos actores y directores. Esa persecución le pasó su factura al desarrollo del teatro guatemalteco.

“La primera comedia que se puso aquí después de esa época fue La tía de Carlos, aunque anteriormente se habían presentado La herencia de la Tula y La gente del palomar, en la que actué”, comentó Coy.

Surgieron los café teatros

“A Guatemala llegó una chilena, Yolanda Williams, y ella puso el primer café teatro en la zona 9 como una alternativa que se fue expandiendo- En café teatro he trabajado con Claudia Feldmar”, añadió.

Todos estos años ha tenido una participación constante en los escenarios. En 2018 trabajó en Cien años de soledad, de García Márquez, dirigida por Estuardo Galdámez.

Grupo folclórico

A lo largo de su carrera Coy formó parte de varios elencos, uno de ellos fue de un grupo folclórico.

Trabajó también en el Teatro Nacional como actor y técnico.

El actor guatemalteco Raymundo Coy falleció a los 74 años. (Foto Prensa Libre: Keneth Cruz)

 

En el séptimo arte

Raymundo Coy colaboró y ensayó con los compañeros del elenco de Lanuza pero nunca actuó en ninguna de sus películas. Trabajó con el cineasta como técnico en Las momias de Guanajuato, filmada en el cementerio La Verbena; Terremoto en Guatemala y Rosas para mi madre.

“Tuve la fortuna de que me llamaron para hacer un anuncio, fue el de ‘Cerveza digo yo’, para una campaña de alfabetización. Ahí me di a conocer, actuaba en diferentes grupos. Vino la productora italiana Life Street Film y me llamaron para interpretar una película, una adaptación de Hombres de maíz, dirigida por Fabrizio Ruggirello”.

El largometraje se proyectó en Italia, en 1992.

Años después, Coy participó en los largometrajes guatemaltecos Las cruces, poblado próximo, Donde acaban los caminos, Cápsulas y Prohibido robar rosas.

“Cuando se puso en cartelera El corazón del espantapájaros, de Hugo Carrillo, le prendieron fuego a la UP. Solamente dimos diez funciones, fueron momentos difíciles”.

Raymundo Coy, actor, sobre la época de represión en los setenta.

Más sobre Raymundo Coy

  • Actuó en más de 200 obras de teatro.
  • Participó en una película italiana dirigida por Fabrizio Ruggirello, basada en Hombres de maíz, de Miguel Ángel Asturias. También participó en el largometraje Looking for Palladin, del director Andrzej Krakowsi, filmada en Antigua Guatemala.
  • En Guatemala trabajó en los largometrajes Las cruces, poblado próximo, de Casa Comal; Donde acaban los caminos, escrita por Mario Monteforte Toledo; Cápsulas, de Verónica Riedel, y Prohibido robar rosas, de Rodolfo Espinosa.

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