La violencia que impera en Nicaragua es recordada en la entrega del Premio Cervantes

El nicaragüense Sergio Ramírez, primer centroamericano en recibir el Premio Cervantes, máximo galardón de las letras hispanas, dedicó su logro a la memoria de los manifestantes fallecidos en las protestas en su país.

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El escritor nicaragüense Sergio Ramírez durante el discurso que ha pronunciado tras recibir de manos del rey Felipe la medalla y la escultura del Premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. (Foto Prensa Libre: EFE)
El escritor nicaragüense Sergio Ramírez durante el discurso que ha pronunciado tras recibir de manos del rey Felipe la medalla y la escultura del Premio Cervantes en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. (Foto Prensa Libre: EFE)

La ceremonia de entrega del premio tuvo lugar en el paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares, localidad donde nació Miguel de Cervantes (1547-1616).


Vistiendo un lazo negro en la solapa en señal de luto por los sucesos que han dejado 25 muertos, Ramírez comenzó su discurso de aceptación dedicando el premio a la memoria de “los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia”.
El celebrado escritor también honró “a los miles de jóvenes que siguen luchando sin más armas que sus ideales por que Nicaragua vuelva a ser República”.
Ramírez, de 75 años, afirmó en su discurso que los novelistas no pueden cerrar los ojos ante las realidades en América Latina, al referirse a las protestas y choques con la policía que han ocurrido en los últimos días en Nicaragua, producto del descontento de la población en contra de una reforma del sistema de pensiones.
Aunque el presidente nicaragüense, Daniel Ortega, revirtió el domingo último la reforma para calmar los ánimos ante los sucesos callejeros más cruentos en sus 11 años de gobierno, los estudiantes y otros sectores prometían continuar el movimiento.
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Ramírez, quien fue vicepresidente de Ortega entre 1985 y 1990, durante la Revolución Sandinista, y luego uno de sus más duros críticos, pidió un freno a la opresión en declaraciones a la televisión pública TVE, previas a la ceremonia.
“Que cese esta represión absolutamente absurda contra la población civil, sobre todo contra los jóvenes”, dijo el escritor.
Ramírez, quien es integrante de la Academia Nicaragüense de la Lengua y autor de Margarita, está linda la mar, Premio Alfaguara 1998 y Adiós muchachos, participó el domingo en Madrid, España, en una manifestación contra la “represión” en Nicaragua.
Pese a haber abandonado la acción política en 1995 tras postularse sin éxito a las presidenciales en su país, Ramírez defiende que los escritores conserven sus ideales políticos y resistan el “poder arbitrario”, algo en lo que insistió en su discurso tras recibir el Cervantes de manos del rey Felipe VI.
“Cerrar los ojos, apagar la luz, bajar la cortina, es traicionar el oficio”, afirmó Ramírez, quien agregó que es necesario escribir siempre con atención a lo que ocurre para no ignorar la anormalidad constante de la realidad latinoamericana.


“Escribo entre cuatro paredes, pero con las ventanas abiertas, porque como un novelista no puedo ignorar la anormalidad constante de las ocurrencias de la realidad en que vivo, tan desconcertantes y tornadizas, y no pocas veces tan trágicas, pero siempre seductoras”, refirió el nicaragüense.
“Mi América, nuestra América, como solía decir Martí. La Homérica Latina, como la bautizó Marta Traba”, precisó Ramírez, quien tuvo palabras de recuerdo para el escritor mexicano y Premio Cervantes 2005, Sergio Pitol, recientemente fallecido.
En su discurso, Ramírez dijo que no se puede ignorar la realidad de los caudillos del narcotráfico, el exilio permanente de miles de centroamericanos hacia la frontera de Estados Unidos impuesto por la marginación y la miseria, y el tren de la muerte que atraviesa México con su eterno silbido de Bestia herida, y la violencia como la más funesta de nuestra deidades.
Ramírez sostuvo que la novela es una conspiración permanente contra las verdades absolutas y recordó a sus abuelos y su madre, que fue la que le enseñó a leer el Quijote. También reitero su admiración por Cervantes y por Rubén Darío, con quienes la lengua española hizo un viaje de “ida y vuelta”.
En su discurso, el nicaragüense se refirió a la influencia en su obra de Cervantes, a quien evocó como “un autor caribeño, capaz de descoyuntar lo real y encontrar las claves de lo maravilloso”.
Rindió honor por igual al poeta nicaragüense Rubén Darío, a quien se refirió como la figura más querida del país, quien trajo novedades liberadoras a la lengua que recibió en herencia de Cervantes, sacudiéndola del marasmo.
“Cervantino y dariano, ato mi escritura con un nudo que nadie puede cortar ni desatar”, resumió.
El rey Felipe, en presencia de la reina Letizia, impone la medalla del Premio Cervantes al escritor nicaragüense Sergio Ramírez. (Foto Prensa Libre: EFE)

“Ramírez se ha entregado por igual al compromiso con la lengua y con la ciudadanía. Cuando su país lo precisó dejó las letras para abrazar una causa” dijo el rey de España en referencia a su adherencia al movimiento que derrocó la dictadura de Anastasio Somoza en 1979.
Al ganar el Cervantes, dotado con 125 mil euros (US$153 mil dólares), Ramírez se une a otros escritores merecedores del “Nobel” de las letras hispanas, como Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, Nicanor Parra o Elena Poniatowska.

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