Pos-COVID-19: La movilidad internacional de universitarios, referente de la nueva normalidad

La internacionalización y la movilidad son características distintivas de la sociedad moderna. Por tanto, se manifiestan en nuestros valores y en nuestras actividades educativas y económicas.

Estudiantes europeos participan en una convención de Erasmus en Tesalónica (Grecia) el 18 de abril de 2019. Shutterstock / Giannis Papanikos
Estudiantes europeos participan en una convención de Erasmus en Tesalónica (Grecia) el 18 de abril de 2019. Shutterstock / Giannis Papanikos

Salvador Carmona, IE University

Como rasgos esenciales de la sociedad, su origen no es espurio, sino que se retrotrae siglos atrás, a los tiempos de la Ruta de la Seda o de las Especias. Sin embargo, y a pesar de su carácter esencial para nuestro modo de vida y nuestra visión de la sociedad, la pandemia de COVID-19 podría afectar a la movilidad internacional.

El 11 de marzo de 2020, la declaración de pandemia por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) trajo consigo que Gobiernos de muchos países (por ejemplo, Schengen) impusieran severas restricciones a la movilidad, tanto internacional como en sus respectivas jurisdicciones.

No sin duros esfuerzos, la curva epidemiológica se ha conseguido aplanar en muchos países europeos y las mismas autoridades que, en su momento y a la vista de la situación de la pandemia, prohibieron los viajes no considerados esenciales, recomiendan levantar dichas restricciones.

En el caso de la Unión Europea, estas recomendaciones se sustancian en un comunicado de la Comisión al Parlamento Europeo y al Consejo Europeo, que recomienda que se permita la circulación a los ciudadanos de terceros países que viajan por motivos de estudio.

La movilidad es consustancias a la actividad universitaria

La movilidad internacional es consustancial a la actividad académica universitaria, en docencia y en investigación. Al igual que el comercio, las universidades la han promovido y desarrollado durante siglos.

En 1088, se fundó la Universidad de Bolonia, que se constituyó en un referente europeo en Humanidades, Derecho y Lenguas Clásicas, y a la que acudían interesados de toda Europa.

En 1150, se fundó la Universidad de La Sorbona, que atraería estudiosos en filosofía y teología.

En España, la Universidad de Salamanca fue fundada en 1218 y sus estudios en Derecho, Medicina y Lógica constituían un referente internacional.

Por tanto, podemos observar una tradición secular hacia el conocimiento allá donde éste pudiera encontrarse, y a pesar del riesgo que tales desplazamientos pudieran conllevar en aquellos tiempos.

En la actualidad, ¿cuál es la situación y qué motivaciones existen para la movilidad internacional?

El papel del programa Erasmus

Uno de los programas más exitosos de la Unión Europea es el Programa Erasmus, que promueve la movilidad internacional de estudiantes universitarios. En 2018, por ejemplo, 340 000 estudiantes europeos cursaron estudios en países distintos al de su origen.

Y, desde 2001, España es líder en la recepción de alumnos Erasmus, con cifras en torno a los 50 000 estudiantes anuales. Este dato, sin duda, habla por sí solo de la calidad de la enseñanza ofrecida por las universidades españolas. Ahora bien, ¿existen otros elementos motivadores de la movilidad internacional entre estudiantes?

La calidad de la enseñanza ofrecida por el profesorado ha sido tradicionalmente el mayor atractivo de movilidad internacional para los estudiantes. Sin embargo, y sin dejar de ser el eje central de la movilidad, este elemento se ha visto complementado por otros. Entre éstos, el más importante tiene que ver con lo que los estudiantes internacionales pueden aprender, no solo del profesorado, sino de otros estudiantes. Y para ello, buscan universidades en las que el método de enseñanza facilite la interacción con otros estudiantes, en grupos de trabajo, más allá del aprendizaje, clásico, individual.

Y esta interacción con estudiantes de países distintos al de origen pretende la acumulación formal de conocimiento pero, y no menos importante, aprender a vivir en un entorno intercultural y diverso como el que ofrecen el alumnado del país de origen y la sociedad en general.

La doble perspectiva de acumulación de conocimientos que pueden ofrecer el profesorado y otros estudiantes, así como la experiencia que se adquiere en un entorno cultural distinto, son determinantes para la movilidad internacional del estudiante.

Sin embargo, éste no es solo el caso para estudiantes internacionales que cursan un año fuera de su país en un programa como Erasmus. Lo es también para los estudiantes que pretenden cursar la totalidad de sus estudios universitarios en otro país.

Y, de nuevo, Europa tiene universidades de referencia al respecto; por ejemplo, entre los estudiantes de nuevo ingreso del curso 2019-2020, el 76% de los alumnos de IE University eran internacionales.

La movilidad internacional de estudiantes representa un valor consustancial para su experiencia universitaria. Y, para los países receptores, dicha movilidad tiene un considerable impacto económico; en el caso de España, Grasset y García Menéndez lo valoraron en 2 143 millones de euros durante el curso académico 2017-2018.

Además, y por el perfil de la actividad, tiene un efecto muy positivo para la marca país. Proporcionando las mejores condiciones sanitarias, la movilidad internacional de universitarios será un referente de la nueva normalidad.The Conversation

* Salvador Carmona, Rector de IE University, IE University

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