“Abrazar la noche”: qué hacer cuando tiene miedo a la oscuridad

No solo pasa en niños, también hay adultos que manifiestan miedo a quedarse en oscuras. Pero con algunas técnicas puede superarse.

"Abrazar la noche": qué hacer cuando se le tema a la oscuridad
Noches de insomnio por miedo a la oscuridad, un temor que puede tener muchas causas. Foto: Franziska Gabbert/dpa-tmn

El momento en que se apaga la luz del cuarto por la noche es inquietante para muchos niños. Lejos de que esto los predisponga a dormir, muchos sienten temor a la oscuridad. También algunos adultos tienen ese problema. Pero, ¿qué hay detrás del miedo a la oscuridad y qué se puede hacer?

En principio, tener un miedo difuso a la oscuridad es completamente normal. A fin de cuentas, genera cierta inseguridad no poder distinguir bien las cosas o ya no poder verlas directamente.

“En este punto, tener algo de miedo es un reflejo heredado”, afirma la psiquiatra Katharina Domschke. La profesora es directora médica de la Clínica para Psiquiatría y Psicoterapia en la Clínica Universitaria en Friburgo, Alemania.

El problema es que no siempre la cuestión se limita a una sensación pasajera de incomodidad. En el caso de algunos, el miedo es muy grande. Esto puede tener distintas causas.

 

Malas experiencias

En casos extremos, los afectados sienten miedo porque tuvieron malas experiencias en la oscuridad. “Por ejemplo, situaciones de abuso o violencia”, dice el profesor Stephan Bender, director de la Clínica y Policlínica de Psiquiatría, Psicosomática y Psicoterapia Infantil y Juvenil en la Clínica Universitaria de Colonia.

A veces, el miedo a la oscuridad tiene un detonante inofensivo, como una película con escenas de horror en la oscuridad. Otra cosa que puede darse es que niños y adultos le teman a la oscuridad porque sus propios padres también le temen.

Perder el control durante el sueño

En algunos casos, el miedo es tan grande que los afectados dejan la luz prendida toda la noche. “Detrás de esto puede haber un miedo a dormirse, dado que cuando se duerme se pierde el control sobre lo que pasa alrededor”, afirma Stephan Bender.

A veces, la luz queda prendida porque los afectados tienen miedo de tener pesadillas. Y quieren tener la seguridad de poder encontrarse rápidamente con la realidad que los rodea cuando se despierten.

Sin embargo, no hay que resignarse a vivir con este miedo exagerado a la oscuridad. Quienes lo sufren, pueden probar con técnicas de relajación, por ejemplo.

Otro recurso es “abrazar la oscuridad en el sentido más pleno de la palabra y tratar de amigarse con ella”, dice Kathrin Domschke. ¿Y cómo es esto?

“Se sale en medio de la oscuridad al balcón, por ejemplo, y se intenta sacarle algo positivo a la oscuridad”, explica. Una posibilidad es apreciar los sonidos agradables que trae, como el de las ramas de los árboles que se mecen con el viento. O mirar las estrellas en el cielo nocturno y disfrutar del espectáculo.

En pequeños pasos

Stephan Bender aconseja en general: “No precipitarse, avanzar lentamente e ir tomando consciencia”. Un ejemplo es dejar abierta la puerta que da al pasillo y dejar all la luz encendida.

En una primera etapa de este proceso de autoayuda, la puerta está abierta del todo; en una segunda, está semiabierta, y en una tercera, se deja apenas una rendija. En algún momento, solo quedará la luz que se cuela por debajo de la puerta. Más adelante, se llega al punto en que se puede apagar la luz del todo.

Quien así lo desee, puede anotar sus éxitos en un diario como para poder volver a leerlos en caso de necesidad y tomar consciencia de que es posible perder el miedo a la oscuridad. Otra opción es escuchar con auriculares antes de dormir algunos CDs de especialistas para superar los miedos. Estos suelen tener un efecto relajante.

Sin embargo, a veces, estas técnicas que uno prueba por su cuenta se dan con ciertos límites. Cuando el miedo a la oscuridad es muy grande, puede que no haya más opción que hacer terapia.

“Este es el caso cuando el nivel de sufrimiento es alto y el problema lleva a que se duerma tan mal que la calidad de vida se vea fuertemente afectada”, explica Stephan Bender. En estos casos, recomienda consultar con un psicólogo, una psicoterapeuta o un psiquiatra.