En América Latina, las enfermedades cardiovasculares fueron responsables del 35 por ciento de las muertes en 2004, comparado con el 10 por ciento de decesos causados por enfermedades como la tuberculosis, el VIH y el paludismo, dice el estudio de Amanda Glassman y colegas del Centro de Desarrollo Global en Washington.
Los países más pobres son los más afectados y presentan cifras por encima del promedio para la región. Por ejemplo, en 2002 Haití y Guyana registraron las tasas más altas de mortalidad en la región por accidentes cerebrovasculares.
Por otra parte, los fondos disponibles para el cuidado de la salud son limitados, mientras que estos países enfrentan altos costos asociados con el tratamiento de las enfermedades crónicas, cuya carga es creciente.
El equipo encabezado por Glassman indicó que si bien los fallecimientos por enfermedades cardiovasculares y accidentes cerebrovasculares bajaron alrededor de un 60 por ciento en Estados Unidos y Canadá entre 1970 y 2000, en los países latinoamericanos esta cifra se encuentra entre el 25 por ciento y el 40 por ciento para los hombres y entre el 20 por ciento y el 50 por ciento para las mujeres.
Los especialistas señalan que esta diferencia se deben a los rápidos cambios de estilo de vida en Latinoamérica, en cuanto a los hábitos alimentarios y la actividad física, además de un acceso más limitado a buenos servicios en los cuidados de la salud que en Estados Unidos y Canadá y menos recursos.
El Programa de Salud Familiar implementado en 1994 en Brasil, que busca la promoción de la salud y prevención de las enfermedades a través de un cambio del modelo de asistencia sanitaria, en general centrado en el médico, fue analizado por James Macinko y colegas de la Universidad de Nueva York.
Equipos formado por al menos un médico, una enfermera, un asistente y entre cuatro y seis trabajadores de salud comunitarios ofrecen cuidados primarios realizando visitas a los hogares. De esta manera se ayudó a mejorar la salud de cerca de 100 millones de personas.
El grupo dirigido por Macinko concluyó que el Programa de Salud Familiar tuvo enormes beneficios, al reducir la cantidad de hospitalizaciones evitables.
En México, Angélica Castro-Ríos, del Instituto Mexicano de Seguridad Social de la capital, y colegas analizaron los potenciales beneficios económicos de la identificación y tratamiento de pacientes con prediabetes y prehipertensión, a través de un programa preventivo denominado Prevenimss.
Por su parte, en Chile una reforma de salud aprobada en 2005 redundó en un incremento en la cobertura y acceso a los sistemas de salud, al tiempo que redujo las hospitalizaciones y las tasas de mortalidad para seis enfermedades crónicas: hipertensión arterial, diabetes mellitus tipo 1 y diabetes mellitus tipo 2, depresión, epilepsia infantil y el VIH/sida.
Desde el año 2000, los gastos públicos en salud en Latinoamérica en general se estancaron. Glassman y colegas indicaron que en 2008 subieron solo al 3,6 por ciento del producto interior bruto, en comparación con el 3,5 por ciento en el 2000.
“En el contexto de gastos públicos estancados y necesidades crecientes, los gobiernos necesitarán cada vez más fortalecer mecanismos explícitos para establecer prioridades basadas en criterios de costo-efectividad”, indicaron los especialistas.