Los músculos tienen cierta capacidad de regenerarse después de lesiones leves, pero si son graves, por ejemplo los golpes provocados por un accidente o explosiones, el cuerpo no se recupera adecuadamente. En su lugar, el tejido cicatrizal llena el vacío.
El nuevo experimento combina bioingeniería con una fuerte dosis de terapia física, con el objetivo de estimular las células madre que vagan por el cuerpo para instalarse sobre la lesión y convertirse en el tipo de tejido necesario para repararla.
Los cirujanos extirpan el tejido cicatrizal. Luego implantan algo que se llama “matriz extracelular”, derivada de los cerdos. Este material se ha usado durante muchos años como una especie de malla en los tratamientos para úlceras en la piel y en la reparación de la hernias.
A medida que esta matriz se degrada lentamente, libera señales químicas que atraen a las células madre al lugar de la lesión. Después la fisioterapia añade tensión, lo que a su vez indica a las células madre que son necesarias para formar un tejido muscular fuerte y elástico.
Los especialistas señalan que para que este tratamiento sea efectivo, es necesario el ejercicio, ya que al no hacerlo esas células no recibirán el mensaje para aumentar la masa muscular y el tejido cicatrizal podría regresar.