Salud y Familia

Inteligencia emocional: el superpoder de las familias armoniosas

Escuchar, validar los sentimientos, establecer límites saludables y resolver conflictos con respeto ayuda a desarrollar autoestima, empatía y habilidades para afrontar las dificultades de la vida.

Escucharse, valorarse y expresar lo que se siente de manera respetuosa son prácticas habituales en las familias que forman hijos maduros y capaces de enfrentar los desafíos. (Foto Prensa Libre: Freepik)

Hace unos días, la creadora de contenido mexicana Tammy Parra se hizo viral en las redes sociales luego de contar que lloró durante un vuelo porque tenía un ataque de ansiedad y le pidió a otra pasajera que cambiara de asiento con ella, pero esta se negó. Tammy no se conformó con quejarse, sino que también calificó a su compañera de vuelo como “cero empatía”, la grabó y difundió su imagen en las redes. Al final, el episodio quedó resuelto cuando otro pasajero le ofreció cambiar de asiento con ella.

Tres posturas distintas se encontraron en ese vuelo. Tammy se centró en su padecimiento y en lo que consideró una falta de sensibilidad de la otra persona. La pasajera fijó su posición al defender lo que consideró su derecho, mientras que el tercer involucrado decidió servir como conciliador.

Los puntos de vista al evaluar la situación difieren. Sin embargo, hay que reconocer que muchas veces la falta de empatía y de autorregulación nace en los hogares y cada vez se ven más personas adultas que actúan de manera impulsiva, prepotente y melodramática.

Sobredimensionar los propios sentimientos y situaciones, no escuchar las razones de los demás, querer imponer la voluntad y las ideas por la fuerza o esconder lo que se piensa y se siente suele ser causa de conflictos.

Lo que importa

En 1995, el psicólogo estadounidense Daniel Goleman publicó su libro Inteligencia emocional, en el que señalaba que, más que el cociente intelectual, que mide la inteligencia general, la inteligencia emocional podía ser mucho más importante para relacionarse y triunfar en la vida.

Alfonso Aguiló, psicólogo y autor del libro Educar los sentimientos, expone que “resulta patente que muchas personas con un alto cociente intelectual (CI), pero con escasas aptitudes emocionales, se manejan en la vida mucho peor que otras de modesto CI pero que han sabido educar bien sus sentimientos. Parece claro que un elevado CI no constituye, por sí solo, una garantía de éxito profesional, y mucho menos de una vida acertada y feliz”.

La psicóloga clínica Indira Bárcenas, docente de la Universidad Mariano Gálvez, asegura que en la actualidad se define la inteligencia emocional como “la capacidad de reconocer, comprender y regular nuestras propias emociones, así como identificar y comprender las emociones, sentimientos y necesidades de los demás para relacionarnos de manera saludable”.

Reyna Margarita de Hernández, también psicóloga clínica y docente, asegura que bajo ese concepto se identifica “al proceso por el cual las personas desarrollan la capacidad de reconocimiento, gestión y autocontrol de sus emociones; su habilidad se extiende a la identificación, comprensión e influencia positiva en las emociones de los demás”.

Situaciones y respuestas

¿Cómo aprender en familia a reconocer los sentimientos y las emociones propios y de los demás y gestionarlos adecuadamente? Los profesionales ofrecen consejos prácticos para desarrollar la inteligencia emocional en el ámbito familiar y, especialmente, inculcarla a los hijos. También ponen ejemplos de diversas situaciones:

Ante una rabieta: Hernández explica que lo primero ante esta situación es la autorregulación del adulto, quien además de evitar gritar o asumir una posición intransigente, debe validar la emoción, hablar con calma y mostrar empatía.

 Bárcenas aconseja: “En lugar de gritar, la madre debe decirle, por ejemplo: ‘Sé que estás enojado porque querías ese juguete. Podemos hablar cuando estés más tranquilo’. Con esto desarrollamos el reconocimiento emocional y autorregulación”.

Las peleas entre hermanos son normales, pero los padres deben saber gestionarlas con paciencia y respeto para que se conviertan en oportunidad de enseñar empatía. (Foto Prensa Libre: Freepik)

Frente a una pelea entre hermanos: Bárcenas indica que los padres deben escuchar a ambos hermanos y ayudarlos a expresar lo que sienten y buscar una solución. Si se trata de una pelea por un juguete u otra posesión, deben invitarlos a compartir por turnos. “Eso desarrolla empatía, comunicación y resolución de conflictos”, asegura la profesional.

Hernández enfatiza que los padres deben actuar como facilitadores emocionales. “Establecer límites claros, mostrar una postura neutral, aplicar la escucha activa, generar la oportunidad de expresar sus emociones y resolver el conflicto a través del diálogo”, es el consejo concreto de esta profesional.

Malas calificaciones: Hernández subraya que es importante que los hijos sepan que su valor, su importancia y el amor que les tienen sus padres no dependen de una nota. “La clave es evitar la crítica, aplicar la empatía y generar estrategias que permitan mejorar el rendimiento académico”.

Aguiló refuerza este consejo al anotar que “es fundamental el papel de la familia como ámbito donde uno es querido con independencia de su valía o sus aptitudes”.

Bárcenas recomienda que, en vez de castigar al hijo, el padre le pregunte cómo se siente, analice con él qué dificultades tuvo y lo ayude a elaborar un plan para mejorar. “Así enseña y desarrollar tolerancia a la frustración, confianza y perseverancia”, puntualiza.

Sobrecarga de trabajo: las exigencias de la vida diaria pueden crear estados de estrés que no todos manejan bien. Hernández explica que es necesario “gestionar y canalizar las emociones, aplicando la comunicación asertiva, apartarse para pensar, pausar y actuar”.

Adolescentes tristes o preocupados: Muchos son los padres que, ante las angustias de los adolescentes, las minimizan e incluso las ignoran. La psicóloga Bárcenas indica que, si un adolescente muestra signos de tristeza o ansiedad, los padres deben evitar juzgarlo o decirle que sus problemas no son importantes. “Deben escucharlo con atención y buscar la manera de apoyarlo”, apunta la profesional. De esa manera se desarrollan la confianza, la expresión emocional y la seguridad afectiva, expone.

Cuando los padres pierden la paciencia: Bárcenas indica que, si, por ejemplo, la mamá levanta la voz, debe reconocer su error y decir: “Estaba molesta, pero no debí hablarte así. Te pido disculpas”. Esto les enseña a los hijos responsabilidad emocional, humildad y respeto.


Las bases

Las estrategias básicas que los expertos recomiendan para desarrollar la inteligencia emocional son:

  • Brindar estabilidad en el hogar: permitir la formación de vínculos seguros y fomentar el diálogo
  • Enseñarles a identificar sus emociones: ayudarlos a expresar si están tristes, enojados, nerviosos o felices
  • Validar sus sentimientos: escuchar sin minimizar lo que sienten
  • Aplicar la escucha activa: permitir que los hijos se sientan atendidos e importantes y que perciban que sus sentimientos también lo son
  • Dar el ejemplo: los padres deben procurar manejar sus propias emociones con respeto y tranquilidad
  • Enseñar estrategias de autorregulación: respirar profundamente, contar hasta diez, tomar un descanso o hablar sobre lo que sienten
  • Fomentar la empatía: enseñarles a ponerse en el lugar de los demás y reconocer cómo sus acciones afectan a otras personas
  • Establecer límites con amor: explicar que todas las emociones son válidas, pero no todas las conductas son aceptables
  • Reconocer sus esfuerzos: felicitarlos cuando expresan sus sentimientos adecuadamente, resuelven un problema o piden disculpas

ESCRITO POR:

Ana Lucía Mendizábal Ruiz

Ana Lucía Mendizábal

Periodista de Prensa Libre, especializada en temas de cultura, espectáculos y bienestar con más de 30 años de experiencia.