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Las tareas del hogar: una oportunidad para compartir y aprender
Estas actividades no deben ser sinónimo de rutina y cansancio, lo ideal es que todos participen sin importar la edad.
Cada una de las tareas asignadas puede ser aprovechada para establecer vínculos y fijar aprendizajes. (Foto Prensa Libre: Freepik)
Demasiado clásica y trillada es la escena en la que una madre de familia intenta ordenar, servir la comida y resolver los problemas de los hijos mientras el padre ve la televisión, cómodamente sentado. Los niños no solo no ayudan, sino que contribuyen al desorden. Las cosas sí han cambiado, porque ahora tanto hombres como mujeres trabajan fuera de casa, tienen actividades que demandan más tiempo y esfuerzo, y la evasión de las obligaciones domésticas encuentra grandes aliados en los nuevos dispositivos electrónicos.
El problema es que las tareas del hogar siguen siendo necesarias y, si no se realizan con frecuencia, pueden provocar desde problemas de salud hasta graves conflictos en las relaciones. Siempre habrá quien las asuma y se sienta víctima de un mal sistema. Pero ¿cómo convertir esas obligaciones en oportunidades de aprender y compartir?
Una plática necesaria
El terapeuta familiar Carlos Ozaeta señala que lo primero que hay que hacer es eliminar de la mente, tanto de ellas como de ellos, esas voces de madres, abuelas y hasta hermanas de algunos hombres que, en las reuniones, lanzan frases como “¡cuánto ayuda!” o, peor aún, “pobrecito, no solo cómo trabaja en la oficina, sino todavía tiene que venir a cuidar a los niños”.
El profesional, que cuenta que ha tenido en su consulta a varias parejas con este tipo de conflictos, expone que lo primero que les dice a los hombres es que “ellos no deben ayudar a sus parejas”. Esto hace que ambos se sorprendan, pero luego llega la explicación: “las tareas del hogar no le pertenecen ni a ella ni a él, porque si ambos vivimos en la casa y compartimos el orgullo de tener una familia, debemos ser equipo. Todos podemos aprender a cocinar, lavar los trastes, hacer las camas, barrer y realizar reparaciones simples en el hogar”, afirma Ozaeta.
El psicólogo Marvin Alfredo Alonso Ovalle asegura que “en la actualidad hay algunas tendencias sociales de individualismo o el criterio que mis cosas, actividades o intereses están sobre las de los demás”. Esto, según el experto, “afecta el sentido de comunidad y bien común que ayuda a identificar que todos somos parte de una casa común y si todos contribuimos, de igual forma todos nos beneficiamos”.
El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) se ha ocupado del tema y anota: “establecer un diálogo franco sobre cómo se reparten las tareas en casa puede ser de gran ayuda para identificar asignaciones desiguales que pasan desapercibidas”. Además, recomienda: “escuchar a todos los miembros de la familia por igual para poder tomar decisiones más justas”.

Al momento de sentarse a platicar, lo primero que debe procurarse es que la mesa no se convierta en campo de batalla ni muro de lamentos. Lo mejor es que quien lidere la charla lleve algunos aspectos anotados, como, por ejemplo, una tabla donde se indique qué compromisos tendrá cada uno de los miembros. En ese reparto deberá tomarse en cuenta la edad, las ocupaciones —horarios y carga de empleo o estudio— de cada uno y, por supuesto, sus habilidades y aficiones.
Ozaeta propone organizarse de acuerdo con el tiempo de cada miembro de la familia. Por ejemplo, si alguien tiene un horario laboral más flexible, podría asumir más responsabilidades durante la semana, mientras que quienes tienen horarios de trabajo o estudio más exigentes podrían encargarse de las tareas durante el fin de semana.
Desde pequeñitos
La psicóloga y educadora Alba Carolina Vásquez González asegura: “la etapa de la niñez es conocida porque existe la curiosidad innata para explorar y aprender. Brindarles a los niños las condiciones y ambiente favorable permite que identifiquen las tareas del hogar como parte de sus hábitos y rutina cotidiana, lo que fortalecerá su sistema de valores como la responsabilidad y permitirá que construya su autonomía e independencia de forma natural”.
Alonso Ovalle añade que “los procesos de aprendizaje que se desarrollan a temprana edad pueden asumirse con mayor facilidad como rutinas. Aprender a decir buenos días, con permiso, gracias, al igual que guardar sus juguetes, poner sus crayones en su lugar, para empezar con los artículos que él mismo utiliza puede ayudar a que participe posteriormente en realizar pequeñas actividades de beneficio colectivo, como ayudar a poner la mesa, regar las plantas y contribuir en la limpieza y mantenimiento de áreas de uso común como la sala y el comedor”.

Vásquez González asegura que retrasar este proceso puede generar una conducta desafiante en la preadolescencia y adolescencia, cuando se le involucra en las tareas del hogar porque se confunde con castigo o actividades que no les corresponden. Asignar estas tareas también ayuda a que los hijos sean funcionales dentro del hogar, en el colegio o la escuela y en los ambientes donde convivan con otras personas.
La psicóloga apunta que es muy importante tomar en cuenta las edades de los niños antes de establecer qué tareas podrían corresponderles. “María Montessori explica que es necesario adecuar el ambiente y las condiciones en cada etapa de la niñez para facilitar la ejecución de las tareas del hogar: poner los recursos a su alcance de forma segura facilita su cumplimiento en la rutina diaria (doblar su sábana, lavar sus trastes, limpiar su cuarto)”.
Vásquez añade que el ejemplo de todos los miembros del hogar es clave, de tal forma que no se sobrecargue a ninguno. Además, recomienda que no haya distinción por ser niño o niña. “La equidad aplica en todo momento y mantener nuestros espacios agradables, ordenados y limpios es corresponsabilidad de todos”, agrega.
La experta enfatiza la paciencia necesaria para enseñar: “Es importante aprender a delegar y ser respetuosos del tiempo de aprendizaje que conlleva lograr un hábito, evitando hacer las cosas por mi hijo o hija porque se tarda demasiado… Debemos ser pacientes para enseñar, al principio puede ser que no se logre con la calidad deseada la actividad asignada. Entonces, evite enojarse, muestre a sus hijos la forma correcta de hacerlo y permita que lo replique. Un ambiente seguro y confiable ayuda a realizar la corrección desde el compromiso responsable y no desde la angustia y el miedo a lo que pueda suceder si me equivoco”.
El psicólogo Alonso enfatiza la importancia del ejemplo y el acompañamiento. “Identificar que todos los miembros del hogar son parte de las actividades y tareas reforzará en el niño el deseo de ser incluido. Es importante ser pacientes y asegurarse de que las instrucciones que se den sean comprendidas correctamente”. Además, indica que las nuevas actividades pueden realizarse junto al niño mientras está aprendiendo a hacerlas y, paulatinamente, dejar que las realice solo.
La flexibilidad es otro de los consejos que brinda Alonso. Señala que, en ocasiones, aunque sea una actividad propia del niño, como recoger sus juguetes, los padres pueden ayudarle con la idea de crear valores como la solidaridad al apoyar a los demás cuando lo necesiten. También indica que se debe inculcar la idea de ayudar con las tareas de alguien más si quien las tiene asignadas habitualmente tiene inconvenientes para realizarlas.
En el caso de los niños, Unicef recomienda tomar en cuenta los tiempos de estudio, las tareas estudiantiles y el tiempo necesario para el juego. “Para niños, el tiempo de juego, estudio, así como de compartir espacios con amigos no son actividades secundarias. Son esenciales para su desarrollo y les permiten adquirir habilidades que les serán clave a lo largo de la vida”, indica la entidad internacional.
Además, los psicólogos advierten que las tareas que se les asignen deben ser propias de su edad y que no deben asignárseles responsabilidades que interfieran con su desarrollo emocional. “Un niño, por mayor que sea, no debería, por ejemplo, encargarse del cuidado de sus hermanos. Esa es responsabilidad de los padres”, anota Ozaeta. El psicólogo asegura que el objetivo en el caso de niños y adolescentes debería ser más bien didáctico y no del todo práctico. “La idea con ellos será prepararlos para el futuro, no utilizarlos”, subraya.
En el caso de los adultos también deben tomarse en cuenta las aptitudes y habilidades de cada uno de los miembros. Lo primero que debe haber en la pareja es comprensión y disposición para aprender. Por ejemplo, puede ser que alguien no haya aprendido a cambiar el tambo del gas o que otro no sepa cómo preparar cierto tipo de comida. Entonces, habrá que hacer tiempo para que quien sí sepa le enseñe al otro, que, por supuesto, debe estar dispuesto a adquirir el nuevo conocimiento y ponerlo en práctica.
¿Y la diversión?
Ya sea que se trate de una pareja sin hijos, de quienes tienen niños pequeños o de familias con adultos y adolescentes, todos pueden aprovechar algunas estrategias para no convertir todo en rutina y cansancio. En el caso de los niños pequeños, la psicóloga Vásquez González propone el uso de canciones para recordar cómo se hacen las tareas. Más adelante, pueden realizarse juegos con intercambio de roles en los que se cumplen distintas funciones.
En el caso de algunas tareas colectivas que se realizan durante los fines de semana, se pueden hacer equipos, concursos y premios. Eso sí, Alonso Ovalle advierte que deben priorizarse los premios colectivos y no los individuales. Por ejemplo, si todos han cumplido las tareas propuestas para la semana, pueden regalarse una cena con pizza o una ida al cine.
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Todo a la vista
Una de las maneras más efectivas de tener en cuenta las asignaciones sin que nadie pueda excusarse es contar con cuadros que indiquen las tareas, la persona que debe ejecutar cada una y la frecuencia con que deben realizarse.
- Diarias: arreglar las camas, ventilar los cuartos, hacer la comida, poner la mesa, recoger la mesa, lavar y secar los trastes, almacenar la comida, planchar y arreglar la ropa que se usará cada día, lustrar los zapatos, recoger juguetes, arreglar los útiles escolares, arreglar las loncheras, colocar la ropa sucia en las cestas, sacar a pasear a las mascotas y darles de comer y beber
- Cada dos o tres días: limpiar el baño, sacar la basura, lavar los recipientes de la basura, sacudir, regar las plantas, barrer y trapear
- Semanales: cambiar las sábanas y sobrefundas, lavar, secar y doblar la ropa, arreglar los armarios o clósets, podar y barrer el jardín, barrer y lavar el patio, limpiar el refrigerador, desinfectar y limpiar la estufa y los gabinetes, hacer las compras de la semana
- Mensuales o eventuales: cambiar las cortinas, manteles, tapetes y alfombras y lavarlos; hacer las reparaciones necesarias y darles servicio a los vehículos







