Salud y Familia

Motivado por sonrisas, piloto construye escuelas en todo el mundo

En solo once años, ya serán pronto 500 las escuelas levantadas por este trotamundos en 52 países de tres continentes: África, Latinoamérica y Asia.

Motivado por sonrisas, piloto construye escuelas en todo el mundo

El empresario y trotamundos Reiner Meutsch ha construido 500 escuelas en países en desarrollo. Foto: Thomas Frey/dpa

La donante tiene apenas ocho años: Laura le toca el timbre al trotamundos, conductor de radio y ex gerente y operador turístico Reiner Meutsch en Westerwald, en el oeste alemán. Ante sus ojos, relata él más tarde, la niña rompe su hucha en forma de cerdito. Caen 18,60 euros (unos 22. 60 dólares o 175 quetzales), los ahorros que dona para la fundación Fly & Help del también piloto germano.

La entidad construye escuelas en países en vías de desarrollo. Actualmente está levantando la número 500 en Togo, en el oeste de África, según informa.

Numerosos donantes -desde niños y adultos mayores hasta grandes empresas y compañías aéreas- apoyaron y apoyan a la fundación. Y lograron así un récord, según el Ministerio alemán de Cooperación Económica y Desarrollo: ninguna otra iniciativa privada impulsó tantas escuelas en países en vías de desarrollo.

Camisa blanca, jeans, cabello canoso, bronceado: Meutsch, de 65 años, cuenta en su jardín en Kroppach, en el distrito de Westerwald, cómo empezó todo. Se escucha el canto de las alondras y el murmullo del agua de un estanque cercano. En un hangar, detrás de unos árboles, está estacionado su helicóptero blanco y azul, siempre listo para despegar, según afirma.

Tras colaborar en la empresa de autobuses de su padre, Meutsch fue cofundador de la agencia de viajes Berge & Meer. Además, conduce para la cadena televisiva privada RPR1. el programa Mein Abenteuer (Mi aventura) desde hace 35 años. Se retiró de la compañía en 2009. “Realmente la vendí bien”, comenta.

Meutsch decidió entonces cumplir uno de sus sueños y salió de viaje por el mundo en 2010, con un avión pequeño: recorrió 108,000 kilómetros, 77 países, cinco continentes. Al mismo tiempo, apoyó la construcción de las primeras cinco escuelas.

La sonrisa de los niños en los países en vías de desarrollo lo motivaron a continuar, asegura. Inicialmente quería construir 100 escuelas en el transcurso de 20 años. Pero cada vez hubo más gente que lo apoyaba y más notas en los medios: el proyecto creció cada vez más.

Así, en solo once años, ya son pronto 500 las escuelas levantadas en 52 países de tres continentes: África, Latinoamérica y Asia. Desde Benín a Kenia, de Brasil a Perú y de la India a Camboya.

Actualmente son, según Meutsch, unos 100.000 los niños que asisten a estas escuelas, cuya construcción cuesta en cada caso unos 50 mil euros (unos 60 mil 500 dólares o 472 mil quetzales). “Cada donación llega uno a uno a la construcción de escuelas, porque yo asumo todos los costos administrativos adicionales”, subraya.

También para 2021 se ha propuesto este hombre, distinguido con la Cruz Federal al Mérito de Alemania, altos objetivos: quiere construir más de cien escuelas nuevas, lo que estadísticamente significaría una escuela nueva cada 3.5 días.

En la localidad de Atchanve, en el sur de Togo, donde actualmente se está levantando la escuela número 500, el revuelo es grande. Hasta ahora, unos 200 niños aprendían allí en cabañas de barro y paja. Muchas veces, las clases se suspendían por la lluvia. Eso pronto cambiará. De acuerdo al plan, en octubre estará listo el edificio con tres aulas, oficina y depósito.

Hasta ahora no había agua corriente ni baños, explica el director de la escuela Kossi Ategue. Dado que las cabañas no tienen ventanas con vidrios ni puertas adecuadas, siempre existe el peligro de que hagan nido allí víboras o escorpiones. “Por eso, muchos padres ni siquiera enviaban a los niños a la escuela”, dice. Según Ategue, el edificio contribuirá a que más niños asistan a clase. “Esperamos que eso reduzca la elevada tasa de analfabetismo”.

Los niños también están ansiosos. “Quiero bancos de verdad y un comedor”, dice Emmanuel Adjeda, de once años. Hasta ahora, los alumnos se sentaban al menos de a tres en un banco pequeño y tambaleante. Y el hambre dificulta la concentración.

En muchos países de África, los niños deben aprender en circunstancias similarmente difíciles. Muchas escuelas, sobre todo en las zonas rurales, son edificios muy sencillos o cabañas de chapa y madera. En algunos lugares las clases se dictan a la sombra de un gran árbol. A ello se suma que el nivel de la educación es más bien bajo debido a la escasa financiación por parte del Estado, la falta de materiales didácticos y los docentes poco formados.

Según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Unesco, en los países en vías de desarrollo hay unos 258 millones de niños y adolescentes que no asisten a la escuela. Eso representa casi un quinto de la población mundial de ese grupo etario.

Según un estudio de la Unesco de 2018, en África, en la parte al sur del Sáhara, uno de cada tres niños no recibe formación escolar. La pandemia de coronavirus seguramente empeoró esa situación.

En su terraza, Meutsch puede hablar horas de sus experiencias, en parte curiosas, en las cientos de visitas que hizo a las escuelas. En una visita a Ruanda, en el este de África, una médica le pidió ayuda durante una cesárea: “Yo corto la pared abdominal y usted mantiene el vientre (de la parturienta) abierto”. Sus protestas no le sirvieron de nada. “No sea cobarde”, le dijo la doctora. Poco después, tenía el bebé recién nacido en brazos.

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