La Navidad es una fiesta primordialmente familiar, aunque con el paso del tiempo los tintes religiosos van perdiendo terreno a favor de la diversión y el descanso.
Lo que sí se mantienen son las diversas tradiciones que conllevan las fiestas navideñas. La presencia del árbol en los hogares de medio mundo en estas fechas es una costumbre ancestral de origen pagano.
Su colocación y posterior decoración debe cumplir con todos los ritos tradicionales, como situar el abeto en la parte principal de la casa y, después, adornarlo con luces, bolas de colores, sin olvidar poner la estrella en lo alto del árbol y numerosos regalos a sus pies.
Aunque la costumbre nació en los países nórdicos europeos, actualmente está arraigada en toda América y en las naciones ribereños del Mediterráneo.
Su origen pagano se remonta siglos atrás y se fundamenta en el culto al árbol como fuente de riqueza. Curiosamente, su pervivencia ha coexistido con las cerradas exigencias dogmáticas de las festividades cristianas, compartiendo protagonismo con el Belén.
Legendario
La leyenda cuenta que, en la primera mitad del siglo VIII, el misionero británico San Bonifacio estaba predicando el día de Navidad ante unos druidas germanos.
Les decía que los robles no eran árboles sagrados y, para demostrárselo, tomó un hacha y cortó uno. Al caer, el roble destruyó gran parte de la vegetación que tenía a su alrededor, todo excepto un pequeño abeto que milagrosamente quedó intacto. San Bonifacio terminó su sermón añadiendo: ?Llamémosle el árbol del Niño Jesús?.
Su forma triangular representaba a la Santísima Trinidad, con el Dios Padre en la cúspide. Los años siguientes los cristianos celebraron las Navidades plantando abetos.
Sus orígenes históricos se remontan a la alta Edad Media. Por aquellas lejanas fechas, los pueblos paganos vikingos comenzaron los ritos en torno al abeto, símbolo de prosperidad, riqueza y fecundidad.
En el siglo XVI, después de que triunfase plenamente el protestantismo luterano, en Alemania y Suecia se empezó a sustituir el Belén por el árbol de una manera simbólica.
Los primeros documentos históricos que dan fe de su existencia son alsacianos y están fechados en l557.
Posteriormente, en el siglo XVII, un teólogo protestante llamado Dannhauer publicó un libro sobre las tradiciones navideñas que decía textualmente: ?Se levantan dentro de la casa arbolillos y en ellos se cuelgan luces, regalos y golosinas para que los niños y niñas los saquen al despertarse?.
Y dos siglos más tarde, en el XIX, el árbol de Navidad era ya una costumbre totalmente implantada en Inglaterra, como queda reflejado en algunas de las novelas de Charles Dickens.
Costumbre universal
El rito llegó a EE.UU. llevado por los ingleses, después de la colonización de América del Norte. El mismo camino siguió para extenderse por otros lugares del mundo, ya que en el siglo XIX Inglaterra poseía un vasto imperio repartido por los cinco continentes.
La llegada a España del árbol de Navidad fue bastante tardía. La tradición viajó desde los hogares españoles a toda Latinoamérica y es compartida por millones de personas que, cada año, renuevan su ilusión y esperanza con este ritual.
Son muchas las gentes tradicionales que se irritan contemplando como sus viejas costumbres, como la instalación del Belén, van siendo sustituidas por otras de procedencia extranjera, pero resulta tremendamente difícil aislarnos de los aspectos y tradiciones de otras culturas, que no son necesariamente contrapuestas.
Los adornos de árbol
Las bolas de colores, el espumillón, las estrellas y piñas que hoy decoran los árboles de Navidad de muchos hogares tienen un significado propio. Antes de que fueran reemplazadas por las pequeñas bombillas eléctricas, las velas eran uno de los adornos del árbol y simbolizan la purificación y su llama encendida, la luz del mundo.
Las herraduras son un clásico amuleto de buena suerte; las piñas son símbolo de la inmortalidad; las campanillas simbolizan la alegría y el júbilo navideño, y las bolas de colores -creadas por los sopladores de vidrio de Bohemia del siglo XVIII- son signos de abundancia.
Los designios de Dios vienen anunciados a través de las estrellas que colocamos en el árbol. Según relata la Biblia, todas y cada una de las estrellas del firmamento tienen un ángel que vela por ellas.
Sean ciertas o no todas las leyendas que circulan entorno al árbol de Navidad, el árbol es desde hace años objeto de múltiple rituales y pocos son los hogares que -con la llegada de estas fiestas- no reservan un rincón para adornar su hogar con la luz y el color del árbol navideño.