Por Oscar Peyrou
Estudió en Cárdenas, su ciudad natal, y en 1925 pasó con su familia a Camagüey. En 1935 fundó, junto a Luis Martínez y Aníbal Vega, la Hermandad de Jóvenes Cubanos, organización cuya finalidad fundamental era la difusión de la cultura y entre cuyas tareas figuraba la presentación en Camagüey del grupo Teatro de Arte ?La Cueva?, de la capital.
En 1937 se instaló en la capital e ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana con matrícula gratuita, solicitada por él mismo dada su precaria situación económica, expuesta en carta que dirigió a esa institución. En la antología ?La poesía cubana en 1936?, publicada ese año y compilada por Juan Ramón Jiménez, se incluye su poema ?El grito mudo?.
En 1941 publicó su primer poemario: ?Las urias?, en los Cuadernos Espuela de Plata. Su trabajo sobre Avellaneda -conferencia que formaba parte de un ciclo denominado ?Los poetas de ayer vistos por los poetas de hoy?- nos muestra ya a un escritor diferente, de acentuada voluntad heterodoxa, voz discrepante hasta la irritación. Sus afirmaciones no eran, ciertamente, las que hacía la crítica tradicional sobre la figura del XIX, tan celebrada en España en su momento, y por los estudiosos cubanos en el siglo XX.
Piñera se atrevió a expresar juicios como éste: ?He aquí el secreto de Avellaneda: adornarlo todo con las galas orientales de las palabras y de las frases más escogidas y melodiosas. Hablar mucho sin decir nada o casi nada?.
Entre 1946 y 1958 tuvo lugar su estancia en Buenos Aires. El continuo enriquecimiento de su obra definen este período, durante los cuales conoce de cerca el quehacer de algunos de los maestros de la literatura argentina de esos momentos y publica en importantes revistas, entre ellas Sur, para la que Jorge Luis Borges le solicita colaboración.
En la capital argentina trabajó como funcionario del consulado cubano, como corrector de pruebas, y más tarde como traductor de la editorial Argos.
Viajó por toda América Latina, Estados Unidos y Europa. Fue asiduo colaborador de publicaciones periódicas como Espuela de Plata, Grafos, Clavileño, Ultra, Orígenes, Gaceta del Caribe, Lyceum, Universidad de La Habana, Lunes de Revolución, La Gaceta de Cuba y Unión, entre otras.
En 1952 sale publicada su novela ?La carne de René?, en la editorial Siglo XX, de Buenos Aires. En esta ciudad publicó artículos y cuentos en Sur, Hoy, Realidad, Mundo Argentino y Anales de Buenos Aires. Colaboró, además, en Lettres Nouvelles y en Les Temps Modernes, de París. Con José Rodríguez Feo fundó Ciclón, en 1955.
El triunfo revolucionario determinó la publicación de numerosos ensayos y artículos críticos de Piñera en Revolución y en su suplemento, Lunes de Revolución, páginas beligerantes y de apasionados juicios sobre sus contemporáneos y algunos autores del pasado. Fue director de Ediciones R (1960-1964).
Obtuvo el premio de teatro del Concurso Casa de las Américas de 1968, por su obra ?Dos viejos pánicos?. Asimismo, es autor de la selección y las notas de ?Teatro del absurdo?, antología en la que se recogen piezas de Ionesco, Beckett, Pinter, Mrozek.
Algunos de sus cuentos y poemas han sido traducidos al inglés, italiano, alemán, ruso, húngaro, polaco, etcétera. ?Cuentos fríos?, uno de sus libros más logrados fue traducido al francés. En sus últimos años, el gobierno cubano, que lo consideraba un elemento ?antisocial? por su independencia de criterio y su homosexualidad, lo aisló política y socialmente. El 18 de octubre falleció en La Habana de un infarto cardíaco. Tenía en proceso de creación en esos momentos su pieza de teatro ?Un pico o una pala?.
A continuación, una muestra de su prosa extraída de su Autobiografía:
?La secreta aspiración de papá fue el cenobio: por qué equivocó esta vocación, por qué se casó, y lo que es todavía más contradictorio, por qué tuvo seis hijos (aspiraba a tener doce pero mi madre se enfermó) es cosa que jamás podrá quedar dilucidada. Quizás la explicación habría que buscarla una vez más en ese ?arturismo? de nuestro pueblo: papá sólo pudo seguir la rutina de los días y aceptó el matrimonio como uno de esos males necesarios; en cuanto a los hijos, los iba haciendo a falta de otra cosa más importante que realizar?. EFE Reportajes