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Sangrando a los tributarios

Jorge Jacobs

Jorge Jacobs

La tranza realizada entre el presidente y Joviel Acevedo es una muestra más de los problemas de este sistema de Estado benefactor/mercantilista en el que vivimos. Es un sistema que fomenta la corrupción y  que muchos busquen vivir a expensas de los tributarios. En este caso particular, de un plumazo acuerdan exprimirnos a los tributarios varios miles de millones de quetzales más, sin obtener nada más a cambio. Qué desprecio de los funcionarios, a quienes les pagamos sus sueldos y la amenaza de cárcel si no cumplimos con las exigencias de los corruptos vividores.

Solo para que tengan una idea de lo que nos va a costar ese apretón de manos, se ha mencionado que el incremento del cinco por ciento a los empleados del Ministerio de Educación representa alrededor de Q500 millones. A juzgar por el incremento que van a pedir de Q1,500 millones y descontando el incremento a la “alimentación escolar” —que también es otra cuna de corrupción— podemos estimar que el otro “acuerdo”, el del bono adicional de Q2,500, nos va a costar otros Q450 millones.

Si hacemos entonces los cálculos del incremento anual del cinco por ciento, este año serán Q500 millones, el año entrante Q1,000 millones —sin complicar el cálculo con el interés compuesto— y en el 2020 serán Q1,500 millones. Sumados, solo ese incremento del cinco por ciento anual nos costará por lo menos Q3,000 millones adicionales. Si le sumamos el bono, ¡estamos hablando de por lo menos Q4,350 millones! Eso es lo que nos va a costar a usted y a mí la extorsión de Joviel Acevedo y sus secuaces, y la falta de carácter de Jimmy Morales.

Pero al final, lo hacen porque pueden hacerlo. Lo hacen porque el sistema les permite decidir sobre el futuro de miles de millones de quetzales de los tributarios sin tantas complicaciones y sin pagar ninguna consecuencia. Es la triste realidad de un sistema en el que los funcionarios deciden sobre el dinero de los demás, sin pagar ninguna consecuencia por lo acertado o errado que sean esas decisiones: no es su dinero, no les cuesta nada, así que lo hacen chinche y qué importa lo que suceda, ya que ellos se van a beneficiar de las decisiones pero no van a pagar las consecuencias. Esas las pagaremos nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos.

Y para los ingenuos que todavía creen en el modelo actual y que dicen que por lo menos habrá “educación para todos”, siento decepcionarlos, pero ese incremento en costos para los tributarios no se va a traducir en ninguna mejora en la calidad de la educación que reciben los niños. En todo caso, si algo va a lograr es empeorar la calidad, ya que al no ser un sistema basado en méritos y recompensar por igual al maestro responsable y trabajador que al irresponsable, los incentivos están puestos para que cada vez los buenos maestros se esfuercen menos.

Existe la hipótesis de que las manifestaciones de los maestros y los discursos exaltados de Joviel son solo un show de compadre hablado que convocan a conveniencia los funcionarios cuando necesitan algún distractor para alejar las miradas de sus problemas. No sé si sea cierto, aunque no me extrañaría para nada. Lo importante es que, de ser así, es doblemente corrupta la situación y una razón todavía de mayor peso para buscar cambiar el sistema.

No me cansaré de repetir que el problema es el sistema, y mientras no nos interesemos en cambiarlo, la situación seguirá igual. Podrá pasar hasta Joviel, pero la situación continuará de mal en peor. Mientras no entendamos lo crítico que es limitar las funciones y la discrecionalidad de los funcionarios públicos, estamos condenados a ser los paganos de la fiesta de los corruptos.

Fb/jjliber