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FARO Juicio a la ignominia
Es necesario reconocer la primacía de los valores éticos, morales y espirituales, defendiendo el derecho de toda persona a vivir en paz.
Por:
Rodrigo Castillo Del Carmen
Violencia, terrorismo y ataques armados continúan afligiendo a la humanidad. Diversos conflictos en diferentes partes del mundo están aún candentes. La opinión pública, impresionada por las horribles imágenes que transmite la televisión reacciona emotivamente, pero acaba acostumbrándose demasiado pronto y casi acepta el carácter ineludible de los acontecimientos, lo cual no sólo es injusto, sino peligroso.
Por eso no se debe olvidar todo lo sucedido en el pasado y lo que aún sucede hoy. Son dramas que afectan a innumerables víctimas inocentes, cuyos gritos de terror y sufrimiento interpelan a la conciencia de todos los seres humanos honrados.
Por primera vez en la historia un ex jefe de Estado es juzgado por un tribunal internacional. Slobodan Milosevic, ex presidente de Serbia, está siendo juzgado en el Tribunal Internacional Penal de La Haya, será un juicio largo en el que los fiscales tendrán que aportar pruebas que fundamenten los sesenta y seis delitos de crímenes de guerra y contra la humanidad que pesan sobre Milosevic en los conflictos de Croacia, Bosnia y Kosovo. El último caso célebre de crímenes de guerra fue el de Adolf Eichmenn, juzgado en Jerusalén en 1961, por su participación directa en el exterminio de judíos y gitanos.
El Tribunal Internacional de La Haya es totalmente diferente del que se estableció en Nürenberg al final de la Segunda Guerra Mundial para juzgar sumariamente a los principales responsables del nazismo.
El mal físico y moral perpetrado por Hitler, una perversión que flota todavía en la conciencia colectiva de quienes colaboraron directa o indirectamente con aquella barbarie, tenía dimensiones universales.
Aquellos horrores masivos, ejecutados por europeos, se repitieron a menor escala en Los Balcanes en los años noventa cuando Milosevic era el presidente de la Gran Serbia. Más de doscientas mil personas murieron en las guerras balcánicas, cientos de miles fueron desplazadas, se violó masivamente a mujeres y se mató a niños.
Las acusaciones que pesan sobre Milosevic no se refieren solamente a las brutalidades cometidas por sus ejércitos. Fue la “limpieza étnica”, aquella malévola teoría de que forman parte de la Gran Serbia aquellos territorios en los que habiten serbios, lo que añade una culpabilidad moral que no se puede tolerar en el mundo de hoy.
Hay que exigir un juicio con todas las garantías procesales y con todas las pruebas necesarias. No es un juicio contra el pueblo serbio, sino contra quienes dirigieron aquella macabra aventura que cabe calificar de genocidio.
Milosevic no es el único culpable, muchos de sus lugartenientes tendrán que responder de sus crímenes. Y también algún dirigente croata que, en menor medida, perpetró semejantes crímenes en nombre de Croacia. Se trata de administrar justicia y de probar hechos que son abominables en sí mismos. Pero sobretodo, de que Los Balcanes puedan vivir en paz sin la carga de las atrocidades del pasado.
Píldora de humor.
-En la terminal de buses:
- Necesito un boleto para Xela para mí y otro para Polonia.
- Mire, para Polonia no hay buses.
- Lo siento Apolonia, te tenés que quedar en la capital.
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