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VENTANA El ángel del basurero
El Clarinero dijo: Hanley Denning es...
Por:
Rita María Roesch
¿Alguna vez usted ha sentido el impulso de tomar de la mano a uno de esos niños que vagabundean en la calle, por ejemplo en El Obelisco, llevarlo a la casa donde vive y preguntarle al adulto, a la mamá o al papá, por qué el niño no está en la escuela? Hanley Denning, una joven norteamericana, licenciada en Educación, se atrevió a hacerlo. Desde que ocurrió este hecho, en 1999, su vida dio un giro inesperado y también la de decenas de niños y niñas de las zonas 3 y 7 de la capital.
Una mañana, en 1999, una amiga llevó a Hanley a conocer el Relleno Sanitario. Hanley observó que muchos niños y niñas deambulaban solos en las calles. Decidió preguntarles por qué no estaban en la escuela. Hanley escuchó varias respuestas. “Vengo de trabajar en el relleno para ayudar a mi mamá.
No me gustó la escuela, allí sólo nos hacen copiar y copiar.
Mi mamá no tiene dinero...” Hanley quiso saber más y preguntó dónde vivían. Ellos dijeron que en las colonias San Francisco de Asís y 18 de Diciembre. Hanley los tomó de la mano y, con una actitud valerosa, porque hay maras peligrosas en estos barrios, buscó los hogares de los niños para hablar con sus familiares.
Hanley cruzó el umbral de sus casas y conoció la triste historia de estos pequeños vagabundos.
Aprendió que sus familias están formadas por madres solteras con hijos de distintos padres. Algunas tenían adicción al pegamento o al alcohol. Su nivel escolar era nulo o, a lo sumo, habían alcanzado el tercer grado de Primaria. Trabajaban el día entero. Hanley confirmó que sí querían a sus hijos, pero no tenían el tiempo para atenderlos.
Llevar el alimento diario a la familia exige un desgaste físico y emocional muy grande. La esperanza de vida de estas mujeres no supera los 50 años.
Esta dolorosa experiencia despertó en Hanley la necesidad de cambiar los planes que tenía. En 1997 vino a Guatemala a aprender español. Pensaba que su estadía no duraría más de tres meses en Antigua Guatemala. El espíritu de servicio y amor a los niños de esta joven la condujo a involucrarse en proyectos de trabajo social en Ciudad Vieja y otros pueblos aledaños. Los tres meses se convirtieron en dos años. Hanley estaba a punto de regresar a Estados Unidos cuando visitó el relleno y comenzó a ser el Angel del Basurero.
Antes, había trabajado con niños de alto riesgo en los barrios marginales de Boston, Massachusetts.
Ahora, usaría esta experiencia para desarrollar un programa educativo que se adaptara a la realidad de los niños del relleno, y tomó la decisión de llamarlo Camino Seguro. Su misión fue dar el tiempo y la dedicación que las mamás de estos niños no podían entregarles.
En diciembre de 1999 Hanley empezó el programa con 40 alumnos. El objetivo era lograr que se inscribieran por primera vez en la escuela o que regresaran a ella. Camino Seguro estaría allí para apoyarlos en todo. Sería el puente que ayudaría a las familias para que sus hijos completaran la Primaria.
“Camino Seguro trabaja en equipo”, dice Hanley. Todos participan y colaboran: los niños, las madres, las trabajadoras sociales, las maestras de las escuelas y las maestras de Camino Seguro. Si la madre se compromete a pagar la escuela y velar para que el niño no falte, Camino Seguro le cubre los gastos de la inscripción, útiles escolares, libros y uniformes.
Camino Seguro se encarga de reforzar las materias que lleva el niño en su grado. Les da almuerzo y refacción, y recreo con actividades deportivas. Reembolsa los gastos médicos. Tiene un Programa de Vacaciones y Clubs para realizar actividades recreativas los fines de semana. Club de Madres, con clases de manualidades los sábados.
Hay Club de Niñas, para estimular su autoestima. Camino Seguro busca fortalecer el espíritu de los niños. Los orienta a desarrollar criterios propios para que puedan defenderse de los ambientes negativos en su hogar y la comunidad donde viven.
“Falta mucho por hacer. Ya tenemos 260 alumnos. Vivimos de las donaciones de padrinos guatemaltecos y norteamericanos. Usamos la capilla de la iglesia del relleno como salón de clases, y la municipalidad nos apoya con un local. Hemos visto una notable mejoría en todos los niños. Su rendimiento escolar está al máximo y en los hogares hay una actitud más positiva”, comenta.
Camino Seguro es un programa modelo que debería replicarse en todos los barrios marginales de Guatemala, para evitar el abuso constante a que están sometidos los niños y niñas. Un ejemplo, los niños-payasos en las esquinas de los semáforos.
El Clarinero tiene razón, Hanley Denning es el ángel que llegó al basurero. Conozca el programa y ayude. Llame al teléfono 713-1697.
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