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HORIZONTES ¿Quién será el siguiente?
Los políticos no representan a nadie que no sea su amigo.
Por:
Francisco Beltranena.
Por lapidario que parezca, la caída de Lucio Gutiérrez en Ecuador es una clara muestra de la debilidad institucional que vive la democracia en América Latina. Ya lo decía el último Latinbarómetro 2004: sólo el 28% de la población estaba satisfecha con la democracia como sistema de gobierno para sus respectivos países. Las sociedades al mejor estilo liberal reclaman orden, seguridad, trabajo y educación.
La clase política, está asustada, más que preocupada, ante un movimiento cívico que creció como bola de nieve exigiendo un cambio ético profundo en la forma de gobernar el país, con la sustitución de todas las autoridades.
Los manifestantes rompieron los cánones tradicionales no sólo por la forma imaginativa de expresar el descontento y el rechazo al Gobierno, sino por su carácter pacífico y festivo. El grito que se repitió en las calles, “¡Que se vayan todos!”, nunca tuvo un sentido más actual, porque la gente de Ecuador no quiere ya pequeños calmantes, porque al rato regresa la calentura y la enfermedad continúa.
Las movilizaciones han tenido como motivación de fondo un horizonte de valores éticos y cívicos: volver al Estado de derecho, repudiar la corrupción y dignificar el ejercicio de la política.
La incógnita de cómo desembocaría este movimiento, sin dirigentes y sin partidos, que no exige mejoras salariales ni sale a la calle en demanda de inversiones en obras públicas ha quedado medio resuelta con la acción de los legisladores al declarar el supuesto abandono del cargo de Gutiérrez. La salida final no es fácil, porque gran parte de la población no confía en ningún dirigente.
Las protestas empezaron cuando en Ecuador se disfruta de una economía relativamente estable, con una inflación anual de 1.95% y un crecimiento del 6%, en buena parte generado por los altos precios del petróleo y el envío de divisas por los emigrantes en España y EE.UU. La chispa que inició las movilizaciones fue el retorno al país del ex presidente Bucaram tras ser exonerado por la Corte Suprema de Justicia de los cargos de corrupción que pesaban sobre él.
El teléfono celular, el correo electrónico, el ruido de las cacerolas, las radioemisoras populares con micrófonos abiertos, el mensaje boca a boca demostraron nuevamente tener un gran poder de convocatoria.
La nueva fuerza reside en esa nueva forma de expresar la palabra ciudadana la que se conecta de uno en uno hasta formar una bola de nieve de proporciones inalcanzables, al igual que sucedió en España luego del atentado del 11 de marzo y que provocara la derrota electoral a Aznar.
¡Que se vayan todos¡ era el grito que corrió sin que el liderazgo se centrara en una persona, sino como un consenso fundido en la identificación profunda con una consigna. Los políticos no entienden que nadie les cree.
Perdieron el hilo conductor de la historia y la habilidad para interpretar a su pueblo. Cayó Gutiérrez, ¿quién será el siguiente? ¡Hasta la próxima!
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