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Guatemala, jueves 21 de abril de 2005

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Opinión

IDEAS
Decepciones

Mientras más conozco a los politiqueros, más me gusta la anarquía.
Por: Jorge Jacobs A.

Los políticos guatemaltecos no dejan de sorprendernos, aun cuando uno cree que ya no puede ser sorprendido más. Ahora el turno le tocó a Otto Pérez Molina en una entrevista en la que defiende la “Revolución Patriota”.

Pérez Molina indica que “hay que hacer cosas fuertes si queremos cambiar el país... Guatemala ocupa el primer lugar en injusticia de la distribución de la riqueza y el BID confirma que nuestra brecha entre ricos y pobres es más grande que la de Brasil y se convierte en la más grande de América Latina”.

Ante ese panorama, la principal propuesta de Pérez Molina, por lo menos en la entrevista en mención, es subir impuestos y establecer más controles en contra de los evasores.

Lamentablemente, Pérez Molina ya cayó en el jueguito de los ricos contra los pobres, donde la única forma de resolver el problema es la supuesta redistribución de la riqueza, sin darse cuenta de que ese camino sólo lleva hacia la distribución de la miseria. Y de allí todavía dice que su discurso no es “populista”.

Aunque él no lo quiera reconocer, la vía que se ha trazado pasa, precisamente, por la senda del populismo, de venderle a “los pobres” la idea robinhoodeana de irle a quitar a los “ricos desgraciados” para repartirlo entre los pobres necesitados.

Probablemente, el problema estriba en que Pérez Molina no ha logrado entender que lo que necesita un país pobre como el nuestro es crear muchísima riqueza y que la dichosa “redistribución” lo único que consigue es destruir riqueza; no crearla.

Por supuesto, los politiqueros pueden argumentar (aunque lo hacen sólo para sus adentros), que al final de cuentas, lo importante es que el flujo del dinero de los ricos a los pobres en su tan adorado sistema, pasa por la intermediación de los politiqueros, y que allí es donde están sus verdaderas intenciones. Para éstos, el resultado de los ricos y los pobres no es importante, sólo el propio.

Lo peor de todo es que Pérez Molina da un paso más (hacia el barranco, creería yo) al expresar: “No queremos más sociedades anónimas. Las acciones al portador se prestan para la evasión y mil cosas, queremos cambiar eso”. Parece que Pérez Molina desconoce la importancia de las empresas -corporaciones, sociedades anónimas, o como quieran llamarlas- en el desarrollo de los países.

En su celo por perseguir a los “ricos evasores”, se propone hacer todavía más difícil que se pueda invertir en nuestro país. Es el problema de hablar de cosas que no se entienden.

Lo que necesitamos urgentemente en nuestro país es que muchísimas personas y empresas, tanto guatemaltecas como extranjeras, vengan a invertir en Guatemala. Es la única forma de progresar, y lo que propone Pérez Molina es ponerles a todos estos los suficientes obstáculos como para que mejor se vayan a invertir a la China.

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