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Estado, Empresa y Sociedad: ¿Y cuando seas viejo...?
Opinión: José Alejandro Arévalo
Cada año, miles de seres humanos pasan a engrosar las filas de personas de la tercera edad, estimándose que para 2030 en los países desarrollados habrá 31 por ciento de personas mayores de 60 años, y en América Latina más del 16 por ciento de la población tendrá más de seis décadas de existencia.
La acción conjunta de los avances de la medicina y el comportamiento de la tasa de natalidad, ha provocado que en las últimas décadas veamos un aumento significativo de la población de mayor edad.
Aunque en nuestro país casi la mitad de la población es menor de 18 años, la tendencia universal es que la composición poblacional se vaya sesgando hacia más adultos mayores.
Esta situación, que resienten los países más desarrollados, se debe a que en muchos países cada vez hay menos nacimientos y las parejas prefieren tener a lo sumo dos hijos, la mayoría de familias sólo llegan a tener uno, o simplemente deciden no procrear hijo alguno.
Un caso paradigmático es el de la República Popular China, en donde la política oficial pro-aborto del “hijo único” ha provocado una drástica caída de la natalidad, de manera que la proporción de mayores de 60 años subirá a más del 21 por ciento en 2030.
Por otra parte, es un hecho que las nuevas generaciones tienen una expectativa de vida mayor que la alcanzada jamás por ninguna generación, provocando un incremento paulatino de la proporción de personas de la tercera edad.
Entonces: ¿cuál será la forma de subsistir cuando lleguemos a viejos?.
Unos tal vez sobreviviremos por la ayuda de hijos o parientes; algunos podríamos recurrir a la caridad pública; otros no tendremos más remedio que seguir trabajando en la vejez, en forma declinante hasta que nos alcance la muerte; y, los menos, quizás podremos disfrutar del ahorro formado durante la vida activa, ya sea en forma individual o por medio de un sistema previsional estatal o privado.
Guatemala tiene un sistema laboral de previsión para la vejez y la sobrevivencia, asociado con el régimen de seguridad social cuyo monopolio legal ejerce el IGSS.
Además de las pérdidas provocadas en el sistema de Invalidez, Vejez y Sobrevivencia (IVS) por las dudosas inversiones realizadas durante el gobierno de Portillo, el régimen ha devenido en insostenible financieramente, en parte porque el sector público como patrono y algunos deudores del sector empresarial privado, no habían cumplido con aportar las cuotas correspondientes.
Lo preocupante es que el tema se siga postergando.
Esta reforma puede verse desde distintos ángulos: como programa social solidario, que ayuda a los ancianos pobres; o como una fuente de ahorro nacional de largo plazo que coadyuve al desarrollo; o como fondos de pensiones que se convierten en vehículos de inversión de más largo alcance.
Existen básicamente dos sistemas: de reparto y de capitalización individual. No hay país medianamente desarrollado que no haya establecido un sistema apropiado para su población. En la práctica, mientras que los tradicionales planes de reparto o prima media general se ha convertido en regresivos o en botín político del gobierno de turno, los nuevos planes de capitalización individual entregan pensiones de alto riesgo y dependen de la capacidad de ahorro del pensionado.
Recuerdo que Chile, país precursor en esta materia, bajo el gobierno socialista Lagos decidió aumentar el IVA del 18 por ciento al 19 por ciento, a fin de apuntalar su régimen de seguridad social para el retiro, el cual se basa en planes de capitalización individual. En la agenda legislativa de los Estados Unidos de América se tiene previsto adaptar el modelo chileno a la realidad norteamericana.
En nuestro caso, la política de pensiones debería ser parte fundamental de la política social del país, asunto que debería verse con urgencia y sumo cuidado porque no puede esperarse hasta que el régimen colapse. Es un tema importante que debería ser puesto en la agenda nacional.
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