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Tres puntos...: Premio a Plinio Villagrán (II Parte)
Por:
Guillermo Monsanto
Como corresponde a un artista visual de la generación actual, la investigación le es básica para el desarrollo de sus ideas.
Las imágenes que le llaman la atención provienen, principalmente, del Renacimiento. Estampas que, luego de un proceso de comprensión, reinterpreta y fusiona con lo observado en su entorno, para dotarlas de nuevas significaciones.
Le atraen con mayor interés “las imágenes que exploran el dolor”, es por eso que le “gusta el arte cristiano... el martirio como estado de éxtasis... las cumbres del placer... la tensión de las imágenes”. Visiones, todas, que traslada al soporte con nuevos menajes iconográficos.
En esos cuadros prevalece el contexto estético sobre las demás características de la composición.
En lo formal le interesa el valor de lo plano y por lo general, se las ingenia para no manejar volúmenes. En eso admira al arte gótico como estilo.
Además siente preferencia del preciosismo en favor de lo plástico. Hay “una simplicidad que, de alguna manera, facilita la lectura de las figuras creadas bajo los cánones de aquel estilo”.
Hay que aclarar que Plinio Villagrán está lejos de crear bajo los reglamentos de las corrientes gótica o renacentista y que su obra si bien las explora, posee características que en su conjunto pertenecen al presente.
En lo creativo, muchas veces, su primera idea parte de un título preconcebido.
Lo más importante en él, algo que se aprecia a simple vista, es que se expresa utilizando los recursos disponibles.
Los contenidos varían dependiendo de las motivaciones que muevan la creatividad del artista.
Se puede colegir que el estado de ánimo es básico dentro de su producción.
Esto hace que las pinturas se alejen de modos mecánicos de construcción.
Por ello hay obras que tardan mucho más tiempo en estar conclusas.
“Algunas duermen un poco”. Este proceso, de asimilación y desarrollo, le da la oportunidad de matizar el nervio creativo y provocar las nuevas imágenes.
Entre los bocetos y las pinturas ya terminadas persisten, como constante, los elementos de reordenamiento.
Los esquemas emotivos, que fundamentan la exaltación espiritual del artista, no se ven ofuscados por la aplicación de los indispensables conocimientos técnicos que confluyen en la obra de arte.
En otras palabras, los contenidos se plasman desde el tamiz de su incipiente madurez, sin sufrir enfriamientos temáticos. (Nota: lo entrecomillado proviene de una entrevista con el artista).
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