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CATALEJO Mezcla inaceptable en China Popular
La arremetida de China Popular en el mercado internacional sienta las bases para el eventual fin del capitalismo
Por:
Mario Antonio Sandoval
ASÍ COMO QUIENES no somos abogados tendemos a ver el espíritu de las leyes como algo superior a su texto, quienes no conocemos de economía tendemos a ver con mayor claridad la relación de los componentes económicos con el conglomerado social. La economía es una acción humana y por ello no puede ser considerada un elemento desarraigado de la sociedad en donde se desarrolla. Hay fenómenos sociales con efectos negativos en la economía, pero también existen fenómenos económicos con efectos de igual clase en la sociedad. La comprensión de esto facilita la respuesta a una vieja pregunta: cómo se deben balancear los hechos económicos con los sociales, para permitir así el desarrollo humano a través de la economía.
AL PRINCIPIO del capitalismo, la explotación era parte de la realidad. Muchas horas de trabajo, pocos salarios, nada de vacaciones, y así un largo etcétera. Obviamente, los precios de los productos eran baratos. Pero los avances sociales provocaron normas en estos temas y causaron un aumento en los salarios, al mismo tiempo permitieron a los obreros tener posibilidades de adquirir los productos por ellos manufacturados. Los avances económicos fueron productos logrados gracias al avance social y a las primeras formas de democracia incipiente. Los precios aumentaron, pero al mismo tiempo la capacidad de adquirir bienes y servicios. Creció el mercado y se lograron disminuciones en estos precios, pero sin regresar a los “viejos tiempos”.
DENTRO DEL EQUILIBRIO socioeconómico tiene lugar específico esta relación de precios, los cuales tienden a bajar pero no pueden ser el resultado de la presencia en el mismo mercado de actores cuyas reglas de juego sean diferentes. La arremetida de productos de precio absurdamente bajo provoca, por un lado, un exceso en el nivel de lucro de los productores y, por el otro, la desaparición de empleos. Si esto se lleva al extremo, sucede como cuando se talan árboles sin sembrar de nuevo: por definición, el bosque terminará. Y cuando eso suceda, no habrá a quién venderle la leña de precio barato, como consecuencia de la tala inmoderada, mayor a la capacidad de la naturaleza de reponer los árboles. Ahora a eso se le llama desarrollo sostenible.
EN LOS ÚLTIMOS AÑOS, el mundo se ha visto inundado de productos originarios de China Continental. Su precio al público no es muy distinto al de otros, manufacturados en otros países. Pero su precio de producción sí es muy pequeño, lo cual provoca aumentos desmesurados de ganancias, el cierre de fábricas y otros centros de trabajo, y con ello el desempleo. Esto reduce a la vez el mercado y, de nuevo, enciende la mecha de una bomba de tiempo. No se puede hablar de competitividad en empresas como las europeas o estadounidenses, con salarios de diez o veinte dólares la hora —un ejemplo— cuando deben enfrentar salarios de pocos centavos la hora en China. Simplemente no se puede aceptar ese tipo de reglas de juego, basadas sólo en el precio.
EL CASO DE CHINA se complementa con la falta absoluta de libertades sociales y políticas. La pobreza se mantiene y la forma como sus autoridades se comunican con el empresariado del exterior es ejemplo de falta total de balance. De seguir esa tendencia, simplemente el mundo se quedará —por definición— con una reducción de consumidores llevada al punto de impedir el libre intercambio de bienes y servicios implícito en el capitalismo desarrollado dentro de la democracia, aunque sea tan imperfecta como es. Capitalismo económico y falta de democracia política llevada a tales extremos es un peligro para la supervivencia de los sistemas económicos actuales. Yo no estaré cuando el barco choque contra los arrecifes, pero los veo en el horizonte.
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