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Guatemala, lunes 21 de febrero de 2005

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Opinión

TASSOLILOQUIOS
Mitterrand, caminante del Campo de Marte

“En Francois Mitterrand, el escepticismo era activo, y la lucidez, constructiva”. Hubert VEDRINE
Por: Tasso Hadjidodou

Por primera vez en la Historia de Francia, ocupa un presidente la primera plana en una película de ficción, El caminante del Campo de Marte, donde el protagonista es nada menos que el antecesor inmediato del presidente actual, Jacques Chirac, Francois Mitterrand, presidente de Francia durante dos períodos, o 14 años.

El primero que se arriesgó a romper el tabú fue Robert Guedeguián. Se inspiró del libro de Georges-Marc Benamo, El último Mitterrand, de la Editorial Plon. La película está coproducida con Arte-France-Cinema

Dominique Gerbaud, en el diario La Croix, bajo el título de El anciano y la muerte, considera que “el cineasta respetó el espíritu del personaje y que el ambiente de fin de reino fue bien trasladado a la pantalla. Un poco antes de dejar el poder, el presidente acepta que se le acerque un joven escritor y periodista, dándole afecto paterno e intelectual”.

J. L. Drouin, F. Fabre e I. Régnier, en Le Monde afirman que en el cine francés la política se representa sólo en documentales. Citan la afirmación de Costa Gavras, quien trabajó tres años sobre un proyecto de película (proyecto inconcluso) sobre Mitterrand, opinó: “En Estados Unidos el presidente es un administrador y, en Francia, el poder sigue siendo el rey. Contiene aún elementos sagrados”.

Por otro lado, el cineasta Chabrol dice: “(En Francia) nadie se atreve a producir un de Gaulle... Ni se lo imagina uno”.

En cuanto a la obra de Guédeguián, escriben : “...es Mitterrand privado e íntimo frente al poder y la muerte”.

Los que vieron el film admiran la actuación impresionante de Michel Bouquet, quien, aunque no se parece físicamente al personaje, supo interpretar un Mitterrand, “último de la Dinastía de los Valois, último rey originario de Francia.

La escena más impresionante de la película es cuando en la Iglesia de Saint-Denis, fascinado por los yacentes, al tocar el mármol, acaricia los rostros esculpidos marcados por el sufrimiento, y recoge el sudor que emana de las glaciales y majestuosas esculturas de cabezas coronadas. Hasta llega a acostarse, en el suelo, en una cripta...”

Socialistas que vieron la película afirman: “El actor que interpreta a Mitterrand llega a alcanzar una imitación perfecta de su modelo, colocando sus manos y sus pies a la manera de los campesinos, tal como acostumbraba hacerlo el Presidente... Tampoco hace falta su sentido de humor en relación con los hombres y la vida, sin olvidar algunas réplicas tajantes”.

Respecto del presidente Mitterrand, Hubert Védrine, su ministro de Relaciones Exteriores, posteriormente secretario de la Presidencia y biógrafo, autor de Los mundos de Francois Mitterrand (1981-1995), al hablar de cómo funcionaba la Presidencia, afirma que “el presidente fue individualista y rebelde... Quiso ser y mantenerse como único poseedor del conjunto de informaciones, único amo de la totalidad de las reflexiones y de los proyectos y, por supuesto, el árbitro final de las decisiones tanto de la Presidencia como del Gobierno”.

Recordaba que no son los expertos del poder del Estado que deben gobernar, sino deben ser los responsables políticos electos.

Para dar una idea aproximativa del papel de Mitterrand, busqué unas ideas en los dos tomos de El Decenio Mitterrand, de Pierre Favier y Michel Martin-Roland, de la casa editora Le Seuil (1991), 1666 páginas.

“De Gaulle planeaba encima de los partidos; Pompidou resultó, de repente, jefe de la concentración gaullista; Giscard d'Estaing fundó un partido minoritario en su propio campo; Mitterrand llega al Elíseo primer secretario del primer partido... y jefe de la mayoría”.

En el mismo libro, en el capítulo “La escuela rasgada”, que relata el impacto de la ley Savary en 1984, que provocó un gigantesco desplegado de la derecha contra la izquierda, el 24 de junio: un millón trescientas mil personas desfilaron sin estragos. Para darles una idea, hablando sólo del material de sonorización alquilado en Alemania, Inglaterra e Italia equivalía a diez veces el material similar utilizado en el famoso "Woodstock".

Conciliador, Mitterrand lanza: “Hay que saber reconciliarse. Lucho con todo corazón para que los franceses hagan triunfar la razón. Lo lograremos”.

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