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Guatemala, domingo 19 de junio de 2005

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Nacionales

Colombianización copa el país
El narcotráfico se ha apoderado de Guatemala, al grado que tiene “territorios liberados” y opera con total impunidad
Por: Carlos Menocal

Foto de portada
Los narcos cometen crímenes con exceso de violencia, como ocurrió cuando fue acribillada la familia de Mario García Rodríguez, ex líder de la banda de El Gallito.

El área de Sibinal, San Marcos, y Caquetá, sur de Colombia, tienen algo en común: son “territorios libres” que los narcos utilizan para sembrar plantaciones de amapola y coca, respectivamente.

Los pobladores de ambos lugares abandonaron la siembra de café y ahora viven de los narcos regionales.

Álvaro Ramazzini, obispo de la Iglesia Católica en ese lugar, sostiene en sus pronunciamientos: “En mi diócesis de San Marcos se cultiva la amapola”.

El narcotráfico ha cercado el país. Quizá por ello el presidente Óscar Berger asegura que “ya estamos viviendo una colombianización”.

Ese poder ilegal acapara amplios terrenos para sembrar y recibir droga, crea empresas fantasma para lavar dinero, se incrusta en las esferas del Estado y comete acciones violentas, como ocurrió en Colombia en las décadas de 1980 y 1990.

El lavado

Hace un mes, los agentes antinarcóticos localizaron, luego de un allanamiento en una vivienda de la zona 10, documentos financieros de empresas fantasma que eran usadas por los narcotraficantes.

Se trata de dos comercios de nombre Melisa y Canel, utilizados como casas de cambio, cuyos movimientos han despertado sospecha para los agentes antinarcóticos, quienes creen que desde allí se lava dinero de la organización conocida como El Gallito, cuyo líder principal ahora es Hugo Leonel Robles.

El Registro Mercantil da cuenta que ambos negocios fueron registrados legalmente pero las direcciones son falsas.

Aunque no se pueden contabilizar, los investigadores consideran que más de 300 empresas pertenecen a los narcotraficantes.

Para Pablo Rodas Martini, analista económico, no sería extraño que los narcotraficantes incursionen en los negocios. “Mi tesis da cuenta de que se encontrarían en actividades de comercio, porque ahí es más difícil detectarlos”, sostiene.

Rodas cree que sí hay lavado de dinero en Guatemala. Para él, un ejemplo es el alza en los precios de los inmuebles, algo que no es normal.

“Podría detectarlo a través del precio de bienes inmubles para las capas medias y altas, cuyos montos continúan hacia arriba. Ahora es común encontrar viviendas de entre US$400 mil y US$500 mil. Esos ya son precios parecidos a los que uno encuentra en Estados Unidos. El continuo aumento a esos bienes no ocurre por razones domésticas”, explica.

El otro factor dudable, dice Rodas, es que hay un monto exagerado de las remesas. “De US$400 mil ó US$500 mil al año, pasamos a recibir US$2 mil millones. Tampoco se fueron más guatemaltecos a Estados Unidos”, indica.

“El Banco de Guatemala (Banguat) mejoró sus mecanismos de remesa, pero aún dentro de ese volumen hay otro que no son remesas, sino otro tipo de dinero”, explica el experto.

En el sistema financiero existen ocho casas de cambio legalmente establecidas, pero hay más de 200 ilegales usadas para lavar el dinero del narcotráfico.

Propietarios de fincas

Según investigadores del Servicio de Análisis e Información Antinarcótica (SAIA), los grupos de narcotraficantes guatemaltecos tienen extensas tierras en San Marcos, Cobán, Petén, Retalhuleu, Coatepeque, Chiquimula, Zacapa e Izabal, para la recepción anual de al menos 150 toneladas de cocaína, 15 de las cuales se quedan en el país. “Tienen presencia en los litorales del Atlántico y el Pacífico”, dice un investigador del SAIA.

Un ejemplo de ello son las propiedades del prófugo de la justicia Otto Herrera, vinculado al trasiego internacional de drogas. Las autoridades le han localizado más de 15 inmuebles, entre viviendas y fincas en Izabal, Cobán y la capital.

Además, la frontera con México, en el área de San Marcos; la Franja Transversal del Norte; la bahía de Amatique, Izabal; Sayaxché y la selva del Lacandón, Petén, son usadas como pistas clandestinas de aterrizaje de aeronaves que traen cocaína desde Colombia.

Por ello, Berger asegura que “el narcotráfico y otras ramas del crimen organizado están causando un deterioro en la seguridad y crean un fenómeno de colombianización en Guatemala”.

Mientras, el vicepresidente, Eduardo Stein, dice que lo más difícil es el clima de inseguridad ciudadana que no procede de la criminalidad común.

Municiones a granel

Las armas de los narcotraficantes han asesinado, de acuerdo con el SAIA, unas 500 personas durante este año, una sexta parte de las víctimas registradas durante 2005.

En los ataques, informan investigadores de Homicidios de la Policía, el crimen organizado ha gastado más de 100 mil municiones de fusil AK-47, provenientes del mercado negro e ilegal.

Las estadísticas policiales dan cuenta que seis de cada diez de esas víctimas fueron acribilladas entre las 10 y las 13 horas. Fueron ejecuciones a plena luz del día.

La morgue judicial reporta que la mayoría recibió más de 20 impactos de bala.

Así sucedió contra Hugo Flores, acribillado en la zona 15. En la escena del crimen, los investigadores localizaron más de 30 casquillos de fusil y pistola nueve milímetros, además de un kilo de cocaína en el vehículo en el que la víctima se conducía.

Ninguna persona fue detenida por este hecho, que conmocionó a los vecinos de ese lugar.

Fredín Fernández, fiscal antinarcótico, explica que esas acciones ocurren por protección o pugna de territorios entre los narcotraficantes.

Poca asistencia

A ese escenario habrá que agregar la falta de recursos, porque Estados Unidos no los ha asignado a favor del combate frontal al trasiego, transporte y tráfico de drogas.

Guatemala se ha declarado impotente para continuar el combate por sí sola, debido a la falta de recursos.

“La asistencia es poca. Estados Unidos está apoyando sólo en la erradicación y capacitación y para ello da entre US$2 millones o US$3 millones”, afirma Carlos Vielmann, ministro de Gobernación.

“El presidente induce el tema de la colombianización porque ve que el narcotráfico opera en Guatemala y eso ocurre por falta de apoyo operativo. La Policía no tiene helicóptero, ni equipo de la oficina antidrogas de Estados Unidas (DEA por sus siglas en inglés)”, agrega.

Según el ministro, el presidente ha propuesto en su último viaje a EEUU que se cree una fuerza binacional para combatir al crimen organizado.

“Si nos mandan cuatro o seis helicópteros habrá más operativos en las áreas donde están los narcos”, señala Vielmann.

Según el vicepresidente, el narcotráfico necesita espacios de impunidad para operar. En el país, eso está ocurriendo, ya que los narcotraficantes empiezan a “liberar territorios” a su favor.

Igual que en Colombia

Aquiles Pinto Flores, ex embajador de Guatemala en Colombia, afirma que el presidente Óscar Berger no exageró porque, agrega, el fenómeno de la colombianización no es reciente sino de hace tiempo.

“Todo es similar porque ocurren secuestros, asaltos y asesinatos en las calles y casas. En colombia, al igual que en Guatemala, las casas están con rejillas y las tiendas con barrotes. El narcotráfico acapara espacios y comete acciones violentas”, dice.

Cuando Pinto fue embajador en Bogotá, el nombre más sonado en Colombia era el de Pablo Escobar, ahora en Guatemala es el de Otto Herrera, ambos vinculados al narcotráfico. “Si el gobierno no hace nada llegaremos a la misma situación de que el narco acapara el poder.

Escobar llegó a ser parlamentario y poco a poco empezó a regalar casas para los pobres, hasta colonias enteras, por eso es que nadie lo delataba, incluso las comunidades lo protegían”, afirma Pinto Flores.

Los escenarios, según el Gobierno

El vicepresidente Eduardo Stein no habla de “colombianización”, pero sí reconoce que el crimen organizado tiene asustada a la población. Explica cinco escenarios:

1.- El más visible de todos se expresa cotidianamente en problemas de inseguridad ciudadana, que no procede de una criminalidad común y tradicional.

Hay en Guatemala una serie de situaciones de inseguridad que están vinculadas a una organización programática que comete delitos y que se expresa, por una parte, en la utilización de pandillas juveniles, y por otra, en el crimen organizado. No se trata de grupos aislados por peleas de territorios. Este caso es el más palpable, público y tremendo para el ciudadano común.

2.- Hay otra grave, que tiene que ver con la contaminación o penetración del crimen organizado en la institucionalidad pública y, en particular, en la propia Policía. Se han encontrado elementos de corrupción dentro de ella y que pudieran haber estado funcionando en esquemas de organización más amplia de ilegalidad, pero funcionales al crimen organizado.

Esos esquemas de negocio necesitan espacios de impunidad y cierto nivel de participación de algunas personas dentro de la autoridad. La preocupación de los magistrados y del fiscal general es que ellos han encontrado indicios de contaminación dentro del propio esquema judicial.

3.- La operación de estos espacios de impunidad también se debe a lo bien armados que están, gracias al ingreso de equipo bélico ofensivo en cantidades importantes. Las ejecuciones callejeras en pleitos entre narcotraficantes reflejan el uso abundante de armas y municiones de grueso calibre.

4.- Pudiera haber una reconversión en la economía, y sería muy peligroso que en el país las acciones vinculadas a la ilegalidad fueran más rentables que una sana y decente actividad productiva.

5.- Un quinto elemento, derivado de los anteriores: que las organizaciones criminales, especialmente el narcotráfico, como ocurrió en Colombia, se vinculan a movimientos armados, que en su origen hubieran sido reivindicativos, pero que están desnaturalizados por el negocio de la droga.

Controlan y ocupan tierras

Necesitan espacios amplios para la recepción de la droga.

El parque Laguna del Tigre, la Sierra del Lacandón y Sayaxché, Petén, son territorios copados por narcotraficantes que reciben más de 10 toneladas de cocaína al año.

Tienen extensas fincas en al menos nueve departamentos, distribuidos en las costas atlántica y pacífica.

Millones por lavar

Los agentes han incautado más de US$15 millones.

Las autoridades dicen que el narcotráfico lava dinero a través de empresas fantasma y casas de cambio ilegales y clandestinas.

En la actualidad existen al menos 200 casas de cambio ilegales en donde se cree se lavan millones de dólares producto de la compraventa de estupefacientes en Guatemala.

Lavado en viviendas

Las casas superan los US$300 mil ó US$500 mil.

El valor de las casas para las capas medias y altas supera muchas veces los precios de inmuebles en Estados Unidos.

En el envío de las remesas, según analistas, los narcos pueden lavar millones de dólares. Ahora el país recibe US$2 mil millones al año por ese concepto. Antes eran entre US$400 mil y US$500 mil.

Empresas fantasma

Las compañías son registradas pero no existen.

En varios allanamientos las fuerzas de seguridad han localizado documentos de empresas fantasma.

Se trata de comercios inexistentes, pero que sirven de fachada al narcotráfico para manejar y administrar cuentas bancarias, lavar dinero y acreditar montos obtenidos desde las actividades ilegales.

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