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INDEPENDENCIA Raquel, amor y vida
La familia es una escuela de humanización.
Por:
Juan Callejas Vargas
Apreciado lector, pido permiso y anticipo su comprensión para contarle con júbilo otra intimidad de la vida en mi familia. El pasado 6 de febrero, nació Raquel: hermosa, bendita, sana y graciosa niña que, junto a nuestra traviesa Issabela, hace crecer el hogar de sus amados padres, hijos nuestros, Anny de la Cerda y Juan Callejas Aquino, quienes ven un fruto más de sus vidas y cumplen así una de las más hermosas razones de su existencia como personas libres y responsables ante Dios.
Ellos, en su propio hogar, son ahora cuatro y nuestra familia directa, padres, hijos y tíos, se convierten en una docena. Gracias, Señor, por el favor con que nos has bendecido en la generación de vidas a tu servicio.
Comprender la expresión de amor y vida que representa un nuevo miembro en la familia para los padres, hermana, abuelos y tíos, debe ser gran parte del misterio que alienta la construcción de una sociedad solidaria y justa en estos turbulentos tiempos de transformaciones. La familia sobrevive, a pesar de la lucha en contra de la misma, de parte de algunas personas, instituciones, organizaciones nacionales y transnacionales con muchos recursos.
La familia, es una de las más sólidas y valientes tradiciones conservadoras de nuestra nación. A quienes comparten estas ideas, les invito, como siempre, a no callar ante las amenazas hacia la institución familiar, porque, como dice en la Biblia, por amor a mi nación no callaré.
La familia se apoya sobre todo en una profunda relación interpersonal entre el esposo y la esposa, sostenida por el afecto y comprensión mutua. Los retos de la sociedad actual hacen necesario que tomemos conciencia de que la familia no esté sola. Un pequeño núcleo familiar puede encontrar obstáculos difíciles de superar, si se encuentra aislado del resto de sus parientes y amistades.
Transmitir la fe y el amor del Señor Jesús en toda su dimensión no religiosa es una tarea de la familia, como parte de formar personas libres y responsables. Por ello, los padres han de ir devolviendo a sus hijos la libertad de la cual durante algún tiempo son tutores.
Si éstos ven que sus padres y, en general, los adultos que les rodean, viven la vida con alegría y entusiasmo, incluso a pesar de las dificultades, crecerá en ellos fácilmente el gozo profundo de vivir que les ayudará a superar con acierto los obstáculos y contrariedades que conlleva la vida humana. Hace unas semanas, con el fallecimiento de mi señora madre, confiaba a ustedes, apreciados lectores, la grandeza de su herencia en un servidor y en cada uno de mis amados hermanos y hermanas.
Hoy, cuando tengo vida para contar la alegría del nacimiento de Raquel, lo invito a usted, a los gobernantes, a líderes empresariales, eclesiásticos y legisladores a reflexionar sobre el evidente bien que los hogares en paz y en armonía aseguran al hombre, a la familia, centro neurálgico de la sociedad. La familia es una escuela de humanización del hombre, para que crezca hasta hacerse verdaderamente hombre.
La fe y la ética cristianas contenidas en la Biblia no pretenden reducir el amor a las simples experiencias sensoriales de las cuales la humanidad actual hace gala y estimula insanamente a nuestros niños, niñas y jóvenes. Busca hacerlo más sano, fuerte y realmente libre.
El amor, desde la perspectiva humana, necesita madurar, para ser plenamente humano y principio de una alegría verdadera y duradera. Nosotros, los abuelos, somos en última instancia garantes del afecto y la ternura que todo ser humano necesita dar y recibir. Convirtámonos en el tesoro que necesitan las nuevas generaciones, sobre todo, dando testimonio de fe inquebrantable del Cristo que vive en nosotros.
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