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VIDA BREVE Cartas y amistad personal
El amor es caprichoso, y el correo también
Por:
Irina Darlée
Hay cartas que no se escriben, otras que se escriben y no se mandan y también, las que se mandan pero no llegan. El correo es lento y no viene.
Algunas cartas acaban tiradas a la basura o al mar. Algunas amistades se quiebran por falta de correspondencia. La amistad no se improvisa, necesita tiempo.
Los días se convierten en años y, luego quién se acuerda que había tenido una amiga en los trópicos, una amiga que no escribe pero que aún les recuerda.
El amor es caprichoso y el correo también. Se espera la carta que no llega y luego se desespera. El amor es indeciso, voluble, piensa la mujer que espera y se desespera.
Las cosas son como son, piensan los hombres, cuando no son las cosas como ellos quieren.
Pasaban los días sin cartas y ambos enamorados se acostumbraron a ello, primero pendientes de la correspondencia, luego acostumbrados al silencio. La gente, más que a la memoria, recurre al olvido.
Paso, a paso, las cartas son fragmentos de unas memorias al final de la vida individual. Son algo así como la fidelidad a lo real, algo así como una mitología personal, son el nudo de la amistad, el mito del amor, la promesa de una unión futura, una luz en nuestra prosaica vida cotidiana o retazos de una amistad inacabada.
Las cartas son una voz querida que nos venía de lejos. Un rayo de sol en medio de oscuros pensamientos, desilusiones de falsas amistades, una voz de los amigos sinceros aunque lejanos, cercanos, amorosos, sin falsedad o traición ni por el tiempo ni la distancia.
"¿Hay correo?", preguntaba todos los días en casa y las cartas, poco a poco dejaron de llegar. El cartero pasaba de largo, los íntimos amigos callaban o el avión, despreocupadamente no las transportaba aunque cobraba.
"¿No tiene sellos del extranjero?", me preguntaba un muchachito coleccionista, y le tenía que responder "no llegó ninguna carta, pero si viene te los guardo".
Y así pasaban meses y se hicieron años y, tras tanto tiempo ya no se espera nada. Fue cuando una carta llegó y contaba todo lo que sucedió en el transcurso a una amiga mía.
Se casó, tuvo bebé, se divorció y está en tratamiento contra una enfermedad muy cruel. Ella me pide pensar en su nena cuando ella ya esté en otro mundo.
La carta me hizo llorar, recordando mis tiempos felices con mi bella amiga de infancia.
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