Prensa Libre - Edición Electrónica

Guatemala, 21 de agosto de 2008

Tipo de cambio

US$1.00 | Q7.40

Búsqueda

  

Archivo digital

Suplementos
Anuncio
Publicidad
Cultura

Vida Breve: Descubir el gusto por la vida 

Más Noticias





Especiales

Baches
Rumbo al Polo Norte
Mapas de Guatemala
Publicidad

Por Irina Darléé

Naces sin proponértelo. No eliges a tus padres ni el país donde has nacido y tampoco la época en que te ha tocado vivir.

Algunas personas son tristes, y muchas lo son sin motivo; unos por la gravitación excesiva de los acontecimientos que les tocó vivir o frente la opaca imposición de las cosas, o también por huir del porvenir y del pasado prefieren quitarse la vida o vivir sumidos en el pesimismo, cuando se da muerte antes de ser ajusticiado.

Las personas que provienen de una familia rica o pobre —cumpliendo con un trabajo difícil de sol a sol unos, y moviéndose en una ostentación vacía otros—, sienten la angustia o la felicidad, pero nadie logra una felicidad imperecedera, y todos tienen que aceptar las circunstancias que la vida les concede. Nada dura para siempre, como tampoco dura la juventud, y se debe ser conciente de ello.

Queda atrás la infancia, pero a toda edad se debe descubrir el gusto por la vida. Quedan atrás las ilusiones ilusas, pero desde que el ser humano es ser humano se dirige a la búsqueda de algo concreto y también de la otra orilla del tiempo detenido, en busca de la inmortalidad. Amor es la vida que se “descentra”, que cambia de centro, lo altera y así también la fe, el amor de Dios. Y así seguimos al encuentro del amor divino con la fe. No creer en nada o creer en todo, en el todo, es creer en algo que de verdad importa.

Descubrir el gusto por la vida es absolutamente necesario. Curiosamente me lo decía una amiga a la que habían diagnosticado cáncer. No estaba angustiada y, así, más tarde lo venció. La curó el gusto por la vida, el amor a la naturaleza, a los paseos junto al mar y los recuerdos gratos de diferentes etapas de su vida. Y, sobre todo, la sanó ese amor a la vida o su amor vital, que tiene más fuerza que la realidad de este mundo. El fondo enigmático de esta realidad es el misterio. Su enfermedad acabó resultándole próspera al aferrarse a la vida, a no dejarla escapar.

Sentir el gusto por la vida cuando queda menos futuro cada vez, y cada vez queda más pasado a los bienpensantes, a los que nada les irrita y todo les enriquece. Incluso, en los charcos de aguas turbias se reflejan las estrellas.

El alma encendida todo lo vivifica, la tierra que se pisa, la huella que se deja. Todo en esta vida se cruza, amor y muerte, y se infiltran en la sangre las palabras que algunos seres sabios y amados nos decían de la vida intensamente vivida, un día, a la caída de la tarde, en una hora del crepúsculo, que antecede a la noche cerrada, hablándonos de la vida para siempre que nos promete la fe en un hermoso más allá.

La fe es un impulso necesario para poder ser feliz, y tan vital que no tenerla hubiera sido fatal. No creer en nada o creer en todo y en el todo nos hace libres de elegir, creer o no creer, ahí está la diferencia.

Portada | Nacionales | Departamentales | Económicas | Opinión | Deportes | Cultura | Buena Vida | Espectáculos

© Copyright 2008 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

Políticas de Privacidad | Contactos | Sus comentarios sobre el sitio