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Guatemala, 15 de enero de 2008

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PUNTO DE ENCUENTRODesafíosPor Marielos Monzón

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Está claro que cuatro años no son suficientes para enderezar todo lo que se ha torcido desde la violenta interrupción de los gobiernos de la primavera democrática; pero está claro, también, que de lo que se trata es de pasar a un modelo de Estado que privilegie a las personas por encima del mercado, que fortalezca la institucionalidad y promueva la cohesión y el diálogo social como herramientas para combatir la exclusión, la pobreza extrema y la desigualdad, e inicie el desmantelamiento de las mafias y aparatos clandestinos que se han enquistado en las estructuras públicas.

Es momento entonces, de traducir en hechos las palabras y los discursos de campaña; de tomar decisiones fuera de la influencia de los grupos de poder hegemónico y de los financistas partidarios; momento de llevar el Estado a aquellos lugares en los que ha permanecido ausente. Hay que entrarle al combate de la pobreza y la desigualdad, con acciones contundentes que, por supuesto, no les van a gustar a los privilegiados de siempre; pero hay que entrarle, porque es la única forma de marcar la cancha y jugar este partido en condiciones diferentes.

El de la Unidad Nacional de la Esperanza es un gobierno que se define socialdemócrata, adscripción que dista mucho de los gobiernos de derecha que hemos tenido en las últimas cinco décadas. Sin embargo, no basta con la autoproclamación, sino con la adopción de medidas que respondan precisamente a lo que la socialdemocracia predica, y esas son cuestiones de fondo y no de forma. El presidente Álvaro Colom y su equipo deberán demostrar que no estamos viviendo otra vez “más de lo mismo” y aprovechar estos primeros meses de mandato para concretar acciones en los temas sustanciales.

La tarea, sin embargo, no es únicamente de las autoridades de gobierno. El Organismo Judicial y el Congreso deben coadyuvar en el esfuerzo de resolución de los problemas que nos aquejan, desde una oposición constructiva y propositiva, sin olvidar su función fiscalizadora y el mandato constitucional de balance del poder.

Hay escepticismo, entendible a la luz de la historia reciente del país y del vacío que dejaron los procesos de diálogo que nunca han sido vinculantes y solo han servido “para entretener la nigua”. Pero ahora, lo que se necesita es tomarle la palabra al gobierno recién instalado y exigir la concreción de los ofrecimientos en los temas esenciales. La historia habrá de decir si la “socialdemocracia con sabor a tamal” le da un giro a la conducción de este barco, que hace agua por todos lados.

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