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Guatemala, 15 de enero de 2008

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Economía

Claro y conciso

Cautela 

“Espero —sinceramente— que en la parte económica prive el buen juicio, la cautela y, sobre todo, la creatividad, para que se pueda restringir liquidez (...)”

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Por césar garcía

Opinión

El escenario económico 2008, es distinto al de los años previos; existen algunas amenazas que a las que es aconsejable poner atención y en virtud de ello, definir una estrategia para que impacten lo menos negativamente posible.

Las amenazas se yerguen sobre dos variables importantes: 1) la inflación y 2) las tasas de interés… quizá una sea consecuencia de la otra.

Las amenazas vienen —estrictamente en el campo económico— esta vez de afuera, es decir son importadas, aunque una de ellas nunca debió cobrar vida, pues es el resultado de la desidia , la improvisación económica y falta de planes preclaros de Estado… es decir, la irresponsabilidad —indefectiblemente— se paga cara.

La primera amenaza importada que quiero señalar es el retorno de los héroes anónimos productores masivos de divisas grupo al que peyorativamente se le denomina “mojados”; solamente en los últimos cuatro años (2004-2007) han retornado en calidad de deportados más de 60 mil de ellos(as).

Es obvio que las leyes de Inmigración se han endurecido en EE. UU. y lo continuarán haciendo; asimismo, la ejecutoria de deportaciones masivas continuará, lo cual no debe ni molestarnos, ni extrañarnos, pues obviamente, la economía de aquel gran país, no pasa por su mejor momento y debe velar —prioritariamente— por empleo para los suyos y no para inmigrantes ilegales.

La culpa de que esos trabajadores hayan decidido dejar familias y tierra, en búsqueda del sustento para los suyos, revela sólo una cosa: falta de oportunidades en su país y de ello no podemos culpar más que a nuestra patética colección de desgobiernos y, claro está, también a nuestra apatía como ciudadanos, así como a la celebración indigna de la vergüenza, pues las remesas familiares siempre han sido ignominiosas, aunque en ellas tecnócratas y gobernantes, junto con miopes ciudadanos hayan visto “el cimiento de la economía” un cimiento quebradizo que hoy empieza a fracturarse y amenazará nuestras “abultadas” reservas y “estable” tipo de cambio.

La otra amenaza importada es el precio del petróleo, el cual no descenderá, mientras la gigantesca China no deje de crecer, lo cual esté lejos de ocurrir y ese gigante económico continuará demandando petróleo a granel y presionará los precios y hará muy felices a los pocos productores de oro negro.

Estos dos factores exógenos se unen al crecimiento del gasto público, basado en un oneroso presupuesto que —casi irracionalmente— crece de cajón cada año; no ha existido jamás un esfuerzo por la probidad, la racionalización del gasto o la priorización de éste, es decir, la constante ha sido más y más burocracia parasitaria y por ende inútil.

Los aspectos antes señalados presionan los precios que como vemos en la gráfica de Inflación han reputando hasta amenazar con llevarnos —de nuevo y como apenas en 1996— a una inflación de dos dígitos.

El único instrumento conocido por la tecnocracia para contrarrestar la inflación, ha sido la colocación masiva de títulos-valores, bajo la clasificación de las Operaciones de Mercado Abierto —OMAS—, las cuales, como vemos, han decrecido en moneda nacional en los dos últimos años, aunque ahora se colocan también las expresadas en dólares que están llegado a los US$400 millones.

Las OMAS son las responsables de las abultadas pérdidas del Banguat, y a dichas pérdidas se les llama “costo de la política monetaria”, siendo generalmente aceptado que “es mejor” pagar este costo que afrontar una escalada inflacionaria.

Así las cosas, la tentación de restringir liquidez abruptamente para “controlar” la inflación estará presente a partir de hoy; pero es menester ser muy cuidadosos, pues se podría lesionar la actividad económica y el crédito, hasta provocar una desaceleración económica.

Espero —sinceramente— que en la parte económica prive el buen juicio, la cautela y, sobre todo, la creatividad, para que se pueda restringir liquidez, donde hay que hacerlo fomentado la probidad y transparencia, así como el ahorro en el gasto público fútil y, obviamente, no en el social.

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