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Guatemala, 21 de enero de 2008

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Irma de Luján dijo de Luis Díaz, en el 2003: “... él representa un mundo sustancial, ...imprime al color un aire denso, sobre todo cuando incorpora el metal al ambiente. Como obra de gran importancia en la plástica guatemalteca, pondríamos La alacena en donde, en perfecta armonía, surge sin ninguna alteración dialéctica la organización del conjunto tendente a crear nuevos espacios, trabajando con dimensiones multiplicables, al tiempo que propone espacios interiores y apunta con vigor hacia un espacio exterior habitable”.

Cada crítico, cada arquitecto, cada artista, cada visitante que encontró a Luis Díaz en su camino cayó en la tentación de comunicar sus impresiones muy variadas, que parecen bosquejos, miniaturas, óleos, caricaturas, aguafuertes, acuarelas, carbón, lápiz, tinta china, vitral, fotografía, radiografía, cerámica, escultura, dibujo animado, película, etcétera.

Del diálogo en 1972, en el recordado El Gráfico, entre Edith Recourat (†) y Arnoldo Ramírez Amaya (bautizado el Tecolote), comparto: “Arnoldo: aun cuando la unidad podría estar sólo en la técnica empleada, indudablemente existe una idea a través de todos los dibujos, hay una cierta actitud crítica ante un estado de cosas que nos impone uniformes porque, si bien no los llevamos puestos, tenemos que conducirnos como si así fuera”. Pregunta Edith: “¿Crítica social o plástica?”.

Contesta Arnoldo: “Ambas. Por ejemplo: se avecinan acontecimientos que testimonian la actividad artística en Guatemala, los cuales pueden dirigirlos, y a los artistas no les importa ser utilizados a cambio de firmar. Y algo de crítica: este asunto existe en los dibujos”. Edith: “El uso de papel con trozos arrancados ¿constituyen alguna técnica?”. Arnoldo: “No precisamente. Es posible utilizar todos los recursos que ofrece el papel...”.

Mario Monteforte, por su lado, en 1992, afirmaba: “Luis Díaz es un artista con dos rasgos distintivos: siendo arquitecto, no pinta como arquitecto, y nació, creció, se multiplicó y está saliendo del arte abstracto de una manera inteligente y fecunda. Virtualmente, en cada arquitecto se da la frustración de no ser pintor; es muy difícil para un arquitecto imponer la libertad y la fantasía propias de las plástica al rigor de las estructuras...”.

Citaré también al doctor Julio Castellanos Cambranes, quien escribió sobre la exposición de diferentes artistas guatemaltecos, y fue Luis Díaz expositor y comisario de la exposición inaugurada en 1997, en el Museo de América, de Madrid, por el presidente Álvaro Arzú: “...una lograda expresión de coherencia artística y memoria histórica...”.

Para su exposición en Los Ángeles, de “Los múltiples días de Luis Díaz”, escribió Shifra M. Goldman: “...En Guatemala y Colombia, naciones con comunidades indígenas mayoritarias, los diseños geometrizados que desarrollaron por siglos, así como con una espléndida tradición en textiles, la tensión creada al yuxtaponer lo geométrico con lo orgánico, permite la expresión tanto de la razón como de la pasión, de lo artificial mezclado con lo natural... También presentó Guatebalas en Costa Rica, obra compleja compuesta en metal clavado al soporte. A medida que las balas se incrementan, interceptan la visión de la figura hasta que finalmente la desintegran”.

Ante la imposibilidad de resumir en dos columnas todas las reacciones que me ha provocado el reencuentro con mis pasados lejanos y recientes, dejo a cada uno de ustedes la oportunidad de saborear esta revisitación o, para otros, primer encuentro. De todos modos, creo que podemos decir, sin equivocarnos, que Luis Díaz resiste la convergencia de flujos de reflectores sobre su obra y su persona, permitiendo a cada espectador conocerlo y apreciarlo mejor.

tassoh@intelnett.com

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